31.5.11

Crítica: "Tourneé" (Mathieu Amalric)


La cámara se compromete siempre con el cuerpo. Es algo que se aprende con los años. Quizá es una lección amarga, especialmente para los cinéfilos. Déjenme ponerles un ejemplo: una mujer en una cinta pornográfica siempre es un fantasma casi perfecto, a gusto del alegre consumidor que bucea por los umbrales de Xvideos en busca de su imago perdida favorita. Pero el cuerpo es otra cosa: es un conjunto de pulsiones y piel que incomoda y al que no se sabe muy bien cómo responder en ciertas ocasiones. La cámara aprehende el cuerpo, y al mismo tiempo, lo reinventa. Pornografía, claro, pero también las portadas de su revista de moda favorita.

Si algo me ha gustado de "Tourneé" es, quizá, su apuesta por reivindicar para la cámara un cuerpo imperfecto expuesto con absoluta alegría y brutalidad. Las chicas que componen el elenco de protagonistas son mujeres que, digámoslo claro, nunca buscarías en Xvideos. Se pelean con sus propias curvas y las arrojan a la cámara con un sincero gesto de desprecio. Se saben artistas de su fealdad, magas de su imperfección, exquisitas sacerdotisas del autodesprecio, y por ello serán siempre inmortales. Amalric -que es, sin duda, uno de los cinco o diez nombres fundamentales para entender el cine de los últimos veinte años- ha construído una cinta deshilvanada para dar voz y frame a esas mujeres que igual se desnudan que rompen a llorar en la habitación de un hotel, mujeres perseguidas por su propia soledad pero que se convierten en diosas flamígeras al subir a un escenario. Tourneé es al mismo tiempo un carnaval y un cuadro de Edward Hopper, una revisión kitsch de Moulin Rouge! soñada por John Waters, un musical de autor en el que todo es posible. Después de ese exquisito óleo de hermosa psicótica que danza en El cisne negro llegaba el momento de que emergiera a la luz el cachondeo, la orgía, la carne dionisíaca que desafía a la cámara caníbal con su desmesurada promiscuidad.

Np hay que confundir los términos. Tourneé no es una gran cinta. Tiene serios problemas en la construcción de personajes y algunos lugares comunes (el gran artista odiado por sus hijos, por ejemplo) que se asemejan demasiado a los morosos vicios narrativos habituales en el cine europeo más exquisito. No es comparable con las obras de los hermanos mayores de Amalric (Klotz, Desplechin o Assayas, mi Trinidad Francesa favorita), pero lanza con fuerza un exquisito universo femenino contra los lugares más emponzoñados de la industria. Es, en fin, la resaca sangrante y descabellada de toda esa colección de títulos purulentos (de Dirty Dancing a Street Dance) que intentaron convencernos de que la mujer, la música, el baile y la belleza eran otra cosa.

29.5.11

Sobre "Incendies"


"La infancia es un cuchillo clavado en la garganta"
(Wadji Mouawad)


El relato, el buen relato, tiene siempre un sabor a sangre recién derramada. Decía Vernant que quizá en Grecia sacrificaban a ciertos esclavos antes de proceder a la escenificación de la tragedia de turno, tragedia perfecta ante la mirada sorprendida del cadáver más escénico y exquisito de nuestra historia remota. Luego llegó Dios, y no tardamos mucho en aprender también a matar en Su (Nuestro) Nombre, y aunque en el principio era el Verbo el cadáver que sustenta el relato sigue siendo el mismo.

"Incendies", la película. La obra de teatro me impactó remotamente. La película me ha parecido íntima, concentrada, una obra maestra de crueldad y piedad sostenida en mitad de las páginas arrancadas de un libro de Historia. La película no es una película como las otras, ni un ejercicio de cine social made-in-conciencia-culpable. La película es un pianista desquiciado que interpreta a Radiohead con una pistola apuntándole en la sien.

Mi cilicio se llama etnocentrismo. Me gusta jugar con las cartas levantadas: soy la sombra de un cínico que entró en pánico la noche que otro cadáver -el del proyecto de la Modernidad- se veló en mi pobre salón europeo. Que sea un cínico no quiere decir que piense que esta guerra por el Otro está perdida. El Otro me duele porque llega con su rostro de Otro-Islámico, pero también es un rostro humano -ay, Jaspers- y es un rostro judío, y es un rostro que tiene tanta rabia y tanto miedo como mi mismo rostro. Cuando cerraron el banquete tanático de Auschwitz se abrieron las puertas de la barra libre islámica, y en esto estamos, entre las tres "p" que mueven mi ideología (el pánico, la pena y la piedad). Líbano era una fiesta, bailamos el vals con Bashir y luego, en un parpadeo, alguien (¿quién?) voló los trenes en Atocha.

Dicen que el 15m o que DemocraciaRealYa o que si mañana retiro 155 euros de mi cuenta. Dicen, mis amigos, mis enemigos, mis hermanos y mis asesinos. Dicen pero la palabra está atorada, la palabra está enquistada, la palabra está pudriéndose porque en el principio era el Verbo y la Revolución es como el Trabajo. No nos hará libres. Ni más sabios. Ni salvará al Otro de ser el Otro. Qué sabe del pánico, la pena o la piedad el imbécil que hace fotos en una Revolución con su Ipod, no me jodas. Qué sabré yo del pánico, la pena y la piedad salvo quizá ese segundo en el que acaricié dulce y desesperadamente la pared de la cámara de gas.

Por lo demás, como decía el enterrador de El tambor de hojalata, hoy es un día maravilloso. Pero ya te lo he dicho antes: que sea un cínico no quiere decir que esta guerra por el Otro está perdida. Quiere decir que no sé por dónde empezarla.

27.5.11

Ingmar Bergman, niño sin padres





Esta mañana lo supimos gracias a The Local, periódico internacional de noticias suecas en inglés. Ingmar Bergman, niño sin padres, infancia psicótica y preñada de dolor cinematográfico, el avistador del fuego, no era el hijo biológico de Ernst y Karin, los protagonistas de Las mejores intenciones. Ingmar Bergman, niño de nadie y coleccionista profesional de miedos, el eterno poeta de lo gélido y de la compasión imposible, el que terminó su filmografía con una madre que pronunciaba apenas dos palabras ("...mi hija"), el que una vez muerto ha sido re-colocado biográficamente por su propia nieta, prueba de ADN mediante.

Qué podría decir yo, salvo imaginar quizá por qué Bergman fantaseó durante toda su infancia ser hijo de otros padres mejores (los famosos artistas de circo de Fanny y Alexander o de Linterna mágica), o por qué retornaba una y otra vez al problema del niño abandonado, el niño incrédulo, el niño sin raíces, el niño odiado secretamente por un fantasma materno que lo despreciaba hasta las heces. Ahora se muestra, como en un espejo, todo el dolor de un hombre que escribió, en el guión de Persona:

Sufriste durante varios días. Finalmente el bebé nació con fórceps. Miraste con disgusto y terror a tu bebé chillón y susurraste: “¿No puedes morirte pronto? ¿No puedes morirte?”. Pero sobrevivió. El niño gritaba día y noche, y tú lo odiabas. Estabas asustada y tenías remordimientos de conciencia.


Todo estaba allí, en cierta medida. El hijo, la madre, la sangre. Tres vértices que se deslizan una y otra vez por su filmografía como una planta carnívora. En el umbral de la vida, Sonata de Otoño, El rostro de Karin... de pronto todas las cintas han recobrado una vitalidad terrorífica, se han convertido en cosas que chillan y se desgarran en la oscuridad, el asesinato del niño en La hora del lobo, todas las mujeres que abortan aquí y allá en su filmografía, el niño abandonado y roto de Un verano con Mónica, niño al que su padre sostiene heróicamente frente a su espejo.





El cine de Bergman, de pronto convertido por obra y magia de una revolución/revelación total en el cine del huérfano, el cine de la ausencia, el cine del abandono. Todo estaba ya, qué duda cabe, saturando cada uno de los textos y de los fotogramas que conforman sus íntimas y dolorosas confesiones. La niña de Infiel convertida en carne fresca para antropófagos, los huérfanos europeos que golpean desesperados los cristales del tren en La sed, suma y sigue. De pronto, como ocurre a veces, me gustaría volver a escribir desde el principio toda mi tesis doctoral, regresar desde la primera cinta y revivir la extraña y profunda fascinación que, año tras año, he sentido ante la obra del cineasta sueco. Ahora tenemos otra pieza del puzzle, quizá no la definitiva -sigo pensando que la definitiva, sin duda, se llama "Historia de Europa en mitad del Gran Naufragio postHolocausto", pero de eso ya hablaré en otro momento- pero al menos una lo suficientemente sólida como para explicarnos por qué un hombre se obligó, en más de 50 películas, a reescribir su propio nombre.


Y es que, después de todo, si al menos una minúscula parte de lo que Lacan dijo en su "Seminario III" ha resultado ser cierto, la labor vital de ciertos hombres no es sino reescribir su nombre en mitad del dolor, reescribirlo hasta que por fín queda grabado para siempre en la mueca de un cadáver, o a lo peor, en la lápida de un cementerio.

26.5.11

Lo que nunca dices cuando terminan las clases


Los alumnos siempre se marchan a otras lejanías. Tienen que conquistar un mundo extraño que todavía no les pertenece, tienen que equivocarse, arrepentirse, sentir miedo, creer que son dioses que distinguen el bien del mal. Unos cuantos te odiarán profundamente. La gran mayoría te olvidarán y te dejarán en un pequeño rincón polvoriento de sus inventarios. Alguno recordará algo. Los alumnos siempre se marchan y, cada año, al terminar el curso, me tomo varias tardes para repasar mis propios apuntes, mis errores, mis aciertos, las cosas que me gustaría mejorar el año que viene.
Luego pienso en todas las cosas que nunca dices en las clases. Cosas que atesoras con cuidado entre las páginas de los libros de Didi-Huberman, de Freud, este año ha sido el "Esculpir en el tiempo" de Tarkovsky o el "Solaris" de Lem. Detrás de los powerpoints siempre guardo esas pequeñas cosas, esas ideas temblorosas que susurran secretos inmemoriales y análisis impronunciables de los mejores textos. Muchas de esas cosas son fuegos artificiales que dibujan tarántulas sagradas en el cielo, otras son inmensísimas carcajadas nietzscheanas, otras son un parpadeo de un Dios crucificado. Algunas veces dejo que asomen levemente su sombra y luego las sumerjo de nuevo en la chistera. Otras, pienso en ellas y luego pienso en que ciertos saberes sólo se pueden adquirir -ay- mediante los excesos de la experiencia. Teoría, praxis, volvemos de nuevo a Horkeimer.
¿Sobre qué hablo en mis clases? Sin duda, sobre cine. Pero la respuesta es, generalmente, parcialmente incorrecta. En mis clases intento hablar de ellos. De sus demonios, de mis demonios, de Occidente. Algunos, los más afortunados, tienen a sus demonios perfectamente domesticados y no necesitan que un gafapasta con aire funesto venga arrastrando sus pasos con un plomizo libro bajo el brazo. Otros, los menos, quizá ya están heridos en sus pequeñas intimidades inconfesables y comprenden, experimentan, reciben herramientas. Les respeto a todos por igual, porque el sufrimiento es aleatorio y muchos de los que hoy juran no haber sentido gran cosa ante El espejo se descubrirán en unos años recorriendo de nuevo sus fotogramas.
Uno de los grandes errores que cometen ciertos profesores universitarios es confundir el saber académico con el saber ideológico. Yo no tengo un púlpito, ni pretendo profetizar nada sobre nadie. Trabajo mis películas con mi sonrisa cansada y mi satisfacción de relojero puntilloso. Algunos días soy Houdini y otros, un vulgar titiritero. Todos los años me dejo algunos temas en el tintero e, indefectiblemente, me pongo triste al acabar las clases. Ya saben lo que decía Confuncio: "Escoge un trabajo que te gusta, y así no tendrás que trabajar ningún día de tu vida".
(Aunque no sea el lugar ni el momento, me permito un pequeño excursus: cada nuevo año de docencia me voy dando cuenta de aquello que sugería Gadamer, aquello de que hay un saber verdadero que está mucho más allá del positivismo, del conocimiento objetivo, de lo empíricamente demostrable. Cada año que pasa me voy dando cuenta de que en una clase, si se trabaja bien, algunas veces se consigue un auténtico saber inconsciente, inexplicable, no delimitable, irrepetible, y sin embargo, verdadero).

24.5.11

Carta de amor a Russian Red


Querida Lourdes:
Y es que, al final, uno desciende siempre del cinismo al mito, o así, y yo siempre me he confesado un enamorado de la cultura pop y del amor descarado por los mitos, la pequeña mitomanía de andar por casa que nos salva de los atascos, de los malos momentos, de hacernos viejos, de la intolerable fealdad de la existencia. Sin embargo, en fin, el pop es el pop e imagino que has tenido la mala suerte de nacer en un país que no te va a perdonar. No te perdonará la belleza, claro, pero tampoco el flirt con las masas que te adoran (aquí, ya sabes, vendes cuatro discos y eres una mierda, véase "Efecto Vetusta Morla y tu-antes-molabas"), ni tampoco el haberte convertido en la reina del Diez Minutos Indie con tus amores, tus idas, tus venidas, lo que se rumoreaba en el backstage de tal grupo pálido de envidia, en fin, qué pereza.
Pero estás aquí de nuevo, con un disco que es un discazo y que no gustará a los Auténticos Sacerdotes del Indie, pero que yo escucho con interés y con placer, deslizándome entre las referencias y entre lo que, ya lo sabemos, es tu "nuevo sonido" sin ser un nuevo sonido, ni falta que le hace. Creo que comprendo -y es un decir, estas cosas nunca se comprenden del todo- tu decisión de cerrar con un portazo la pose de ñoñi-sensibilidad-underground que casi se fagocita tu leyenda antes de nacer. En las colas de las salas pop de la capital se multiplicaban clones de Russian Red sin-Russian Red, es decir, niñas razonablemente monas con flequillo y los morros pintaditos de rojo con pantagruélicas gafas negras. El problema, claro, es que ellas eran reales, se ponían hasta el culo, se marchaban con el vigoréxico de turno y nos decepcionaban sistemáticamente, por muy indies que se autoconfesaran. Cosas de la noche, Lourdes, cosas que siempre acaban en la confesión, o en el momento de regresar al hogar por avenidas gélidas e inhabitables escuchando "Gone, play on" en el Ipod y pensándose si aquella no era una de las mejores canciones -ay Dios, que lo diré- de toda la primera década del siglo XXI.
"Gone, play on" que ya tiene su hueco en mi biografía, como dentro de poco lo tendrán "My love is gone", "The memory is cruel" o "The sun The trees". Dios bendiga tu personaje mientras pueda existir y soportar el latigazo de los focos y los borrachos de la primera fila que sueñan contigo en un motel de carretera. Qué jodido es exponerse en la intimidad de los pequeños gestos a ese gran Otro que te mira en silencio con intenciones indescifrables, y por otro lado, qué otra cosa es Russian Red sino un trazo del deseo o de la fantasía, o todo eso que soñamos en un parpadeo a los quince una tarde de verano. El último verano, claro.
Con lo que, bueno, uno ya tiene unos años para saber que la exquisitez es siempre un crímen inconfesable y que, de puertas para dentro, los mejores recuerdos son siempre falsos y onanistas. Cosas del ser, del tiempo, de todo aquello que todavía era cuando eras Lourdes y todo ese mundo que seguirá guardando precisos secretos cuando tú y yo ya estamos en otra historia, pasados de moda, el cultureta baboso escribiendo a la diva pop con el gesto de un gusano sorprendido de su propia prosa. Hasta entonces, ya que estás aquí, habrá que volver a escuchar tu último trabajo.
Recibe un fuerte abrazo.

Aa. R.

23.5.11

Problem?




"¡Viva Cristo Rey! ¡La revolución ha fracasado!"

(León Felipe)



Los alegres cadáveres de la fiesta 15m sonríen a un cielo azulísimo desde sus mortajas tejidas con portadas ajadas de Diagonal, katxis de plástico, y tú-guarda-la-botella-que-están-los-de-la-prensa. Los tristes cadáveres del terrorismo patrio claman a un cielo negrísimo desde sus mortajas tejidas con los votos de Bildu, el-principio-del-final-del-terrorismo, y Viva Cristo Rey. Los incrédulos cadáveres socialistas van afinando sus gargantas para el Mea Culpa, y los chicos del Ninobravismo contemporáneo ayer follarían mucho y muy bien con sus futuras esposas de toda la vida en los lavabos de los garitos aledaños a la Calle Génova. Te juro que no es la primera vez que me pasa, Alberto Ruiz, qué pena lo tuyo, chico.

Apretad los puños, chavales, que llega la procesión de los lagartos y la bailarina de strip-tease ideológica, y no lloréis de rabia: mañana, muy pronto, seguiremos hablando de cine en este blog. Pero hasta entonces, me gustaría recordaros algunas cosas importantes: en primer lugar, que el pan ázimo de la crisis socialista se reparte de oferta en los pequeños hogares, y que los pequeños hogares no entienden que los bancos tengan tanta pasta y están afilando sus cuchillos. La crisis socialista, por supuesto, viene de Lehman Brothers y de esa mala gente del capital, y ellos no-son-culpables-no-son-culpables, pero el pan ázimo sigue en las mesas sucias de los barrios pequeños. En segundo lugar, que la ultraderecha y la ultraizquierda siguen bailando encantados la danza de los siete velos/votos, dame Salomé tu carne libidinosa y homicida, tribal y nacionalista. Sonata para Cabreo Mayoritario y Skinheads en Si menor, en clave de Memoria Histórica, gracias.

Por lo demás, hasta las pelotas de esta nostalgia descafeinada de los-jovenes-que-se-han-manifestado y de la absoluta y delirante desinformación sobre los no-sucesos que han ocurrido. Los chavales de Sol probablemente no se habían leído a León Felipe ni a Salman Rushdie y por eso no sabían de la inmensa belleza de los cadáveres descompuestas y de las revoluciones efímeras con sabor a pólvora y a mingitorio político. Yo también quiero listas abiertas, imputados fuera de los partidos, claridad, libertad, diferencia y fraternidad. Sin embargo, joder, ya lo decían Def con Dos: "Piensa... y que no te cojan".

Eh, qué mal rollo, vamos a ver quién es el primero que se pone a gritar que, al ganar la derecha, ya está aquí otra vez el 36 y los franquistas. Mr. Sandman, bring me a dream, make him the cutest thing I´ve ever seen. Dicen que el muñequito de los Marshmallows ha sido visto vomitando pan ázimo en las lindes de la historia.

Problem?

19.5.11

Eh, imbécil (ejercicio punk para corear en botellones solidarios)


(Según Cayo Lara, los del 15m son sus hijos y los hijos de sus amigos. Punto. Nada que comentar)

"Confundes marginal con nunca me dan lo que yo quiero
y pienso, maldición, eres un corazón salvaje,
¿de qué vas?"
(Rosendo)

Eh, imbécil, menea el bullarengue mientras arden las ciudades. Destila el aceite de Hash de tus promesas y mira el escote de las niñas perrofláuticas con ácida sonrisa.
Eh, imbécil de izquierdas, cómele los morros a la estoica calavera agujereada de Katyn y vota socialista. Ph Neutro, conciencia impoluta, ahora vienen a por mí pero ya es tarde.
Eh, imbécil de derechas, la blackberry de papá en el reservado del MoMa y excelsas felaciones de melenas rubias oxigenadas, sin ira libertad.
Eh, imbécil de Intermon Oxfam, ¿dónde esta la pasta que se llevó vuestro director hace unos años? ¿Habéis calculado el número de cadáveres que empujan los bulldozers en África?
Eh, eh, eh, imbécil.
Eh, imbécil de Greenpeace, no tengo cinco minutos para el medio ambiente y siento de corazón que un coche atropellara a tu perrito cuando eras pequeño. Créeme: tu no tenías la culpa.
Eh, imbécil de Auschwitz, ¿qué tienes que decir sobre las masacres en Rwanda, Camboya y Argel después de tus títulos de crédito?
Eh, imbécil del Indie, ¿acaso no te aterra un poquito que todo el mundo escuche los grupos que supuestamente te gustan en sus discotecas?
Eh, imbécil antisistema, ¿vas a subir las fotos y los videos con tu Ipod?
Eh, eh, eh, imbécil.
Eh, imbécil de Hegel, ¿dónde demonios está tu bendito Espíritu ahora, después de las violaciones masivas en Grbavica?
Eh, imbécil bakala de la periferia que se compró una casa y un Audi cobrando ochocientos euros. Eres imbécil.

"Mi padre trabaja en el gremio de hostelería
y mi pintura no es ninguna porquería.
Oye nena, yo soy un artista"
(Siniestro total, Oye nena, yo soy un artista)

Eh, imbécil de Stalin, no veas que risas, tronco.
Eh, imbécil de Hitler, ya sabes lo que dice Penélope Cruz: "Si las cosas van mal, lo bueno es relajarse un par de horas".
Eh, imbécil de Obama: Ya me jodería.
Eh, imbécil de la Fabrik, ¿no te puedes hacer a tu pibita?
Eh, imbécil yonki de Callejeros: eres la última esperanza de Occidente. Te admiro, en serio.

"Ya cayó el telón de acero y derribamos el muro de berlín
y ahora todos juntos como hermanos vamos de la mano a comer a un Kutre King
Y si Lenin levantara la cabeza "¿Que habeis hecho?"; darle
un Burguer con queso"
(Boikot, Korsakov)

Arriba los pobres del mundo, en pie famélica legión.

18.5.11

Democracia Real Ya: Give it your best shot



En esa exquisita película que resultó ser "Inside job", Glenn Hubard (decano de la Columbia Business School e Hijo-de-puta-mayor-del-reino) le espetaba a los documentalistas: "I was polite enough to give you my time. You have three minutes. Give it your best shot.” El gesto de Hubard -diáfano, díscolo, indignado, rabioso y obsceno al mismo tiempo- será, dentro de muy poco, lo que una parte importante del electorado pondremos sobre la mesa frente a los muchachos de "Democracia Real Ya". Tenéis nuestra atención. Tenéis nuestro apoyo. Tenéis nuestra furia, nuestra buena voluntad y nuestras ganas de disparar a la cabeza. Bien, ¿y ahora? Give it your best shot. Tened cojones. Decid claramente qué es lo que pretendéis hacer con nuestra (finita) energía. De acuerdo, no somos los seis millones que vieron las votaciones de Eurovisión, pero al menos tenemos ganas de cambiar las cosas.
¿Izquierdas o derechas? ¿Willy Toledo o Russian Red? ¿Perroflautas quemando papeleras o tipos con tres carreras en paro? ¿En nombre de quién vamos a cambiar el sistema, y sobre todo, cómo vamos a hacerlo? ¿Con la gente de "Libertad digital" o sólo con los colegas de "Público"? ¿Prendiendo fuego a la Audiencia Nacional o quitando a Fulano para meter a Fulano, primo de Fulano? ¿Los chicos de "Falange Española" están invitados, o al decir que hay que votar "a partidos minoritarios" os referís a IU, o en su defecto a UPyD? Venga, que no se diga, give it your best shot.
Horkheimer (¿se habrán leído Willy Toledo y Russian Red a Horkheimer?), tiene un libro precioso en su última etapa intitulado Sociedad en transición. Después de toda la vida peleando un marxismo inteligente -y, vaya por delante, Horkheimer hizo uno de los mejores marxismos del siglo XX-, el gran teórico se percató de la brutalidad de la revolución, de la imposibilidad del cambio en nombre de la "Igualdad", y del valor absoluto de la diferencia. Diferencia de sujetos libres, en progreso, sujetos "en anhelo de lo Otro". Sujetos invencibles en busca de un bien absoluto. Entonces, ¿qué vamos a hacer, Democracia Real Ya? ¿Ministerio de Igualdad, Crucifijos en las Iglesias, Memoria Histórica, subvenciones a la Fundación Francisco Franco, Valle de los Caídos, Toros en Cataluña, Bildu, Rajoy viendo Teledeporte, Cinco Millones de Parados?
¿Qué, qué hacemos?
¿Por qué nadie responde?
O como diría Roger Waters: Is there anybody out there?

17.5.11

Doménec Font, in memoriam




En mi oficio -el de escribir y enseñar sobre las películas que otros ruedan-, nadie se hace rico ni famoso. Los hombres acaban en silencio y sin laureles, habiendo vivido bajo las sombras de sus propias dudas, entre el silencio, pensando quizá que sus libros y sus clases son botellas arrojadas contra un océano arisco que nunca (o casi nunca) ofrece un acuse de recibo.La pequeña familia de los trabajadores del pensamiento cinematográfico español aspiran, como mucho, a una sonrisa, a una subvención, a un obituario en El país. Pero siguen (seguimos), noche tras noche y columna tras columna defendiendo una posición, una idea, una cierta dignidad espartana frente a rémoras, parásitos y otros engendros académicos que pretenden salir guapos en la foto y chupar del bote trabajando lo menos posible.

Doménec Font fue, sin duda, un trabajador incansable. Pero eso no cierra su epitafio. Fue un trabajador incansable y con talento, generoso con los aprendices de su oficio y comprometido con los magmas ideológicos que le rodeaban. Y esto tampoco cierra su epitafio. Fue un trabajador incansable y apasionado, que no se arredró ante retos intelectuales casi imposibles de aprehender como la modernidad fílmica o los retos del cine europeo contemporáneo. No haré la lista plomiza de referencias bibliográficas porque un hombre no es -aunque sea preciso recordarlo- el resultado de la supuesta "calidad investigadora" en términos cuantificables por según qué agencias. Un hombre es su legado, el pulso de sus textos, la pasión de sus búsquedas y el tacto de su investigación. Font estaba situado más allá de la "cinefilia babosa" (la expresión es de Zunzunegui), haciendo equilibrismos con una Europa política e ideológica de sombras a medio camino entre el expresionismo y la caverna platónica. Europa, Font, lo siniestro, un parpadeo de Laughton y un dardo irónico, incontestable, el placer de verle sumergirse en David Lynch, retorno de nuevo a Europa, su sonrisa nicotínica, los testamentos, el azul, el verde.
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Primera Polaroid.


Quizá nunca te lo haya contado, pero aquel Agosto hizo un calor de mil demonios y yo estaba literalmente obsesionado con "Paisajes de la modernidad". Literalmente obsesionado quiere decir que me sentaba en los cercanías y en las cafeterías de Tribunal en esa ciudad fantasma llena de cuarto mundo veraniego y subrayaba, apuntaba, notas al márgen como hormigas improvisadas, sonrisas, la claridad deslumbrante de los "directores barrocos", la trama, el fondo. A veces me parecía vivir un diálogo imposible con Font, que escribía con meticulosidad y seguridad, como si hubiera visto todo y lo hubiera sentido todo, Belmondo en la portada en un gesto suicida final de autoafirmación, como Font se autoafirmaba en su Nueva Historia de la Pasión/Europa y yo me autoafirmaba en el suicidio de no haber leído antes, mucho antes, aquel libro que era una obra maestra.


Segunda Polaroid.


Su último artículo en Trama&Fondo, en el número 22, se llamaba "Carta breve para un largo adiós". Ya es broma siniestra. Recuerdo recorrer Valladolid con la revista bajo el brazo, comprada en la misma librería en la que compré los "Testamentos fílmicos", más notas en el márgen y el ansia de ser capaz de escribir un día con tanta precisión, bailar con Lacan, Platón y Ophuls al mismo tiempo sin perder el equilibro. Exhaustividad sin pedantería. Análisis como un carnívoro cuchillo.

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Este oficio (mi oficio, pero sobre todo el de Doménec) está lleno de sombras, burocracia kafkiana, conocimiento inservible y detritus intelectual. Pero hay algo extremadamente hermoso: el descubrimiento del buen trabajo de un colega, de su profundidad analítica, el respeto por las luchas y las opiniones de los demás, el no dejar jamás de recordar páginas, párrafos brillantes de cómplices a los que admiramos.


Y ahora, contengamos la tristeza. Tenemos mucho trabajo que hacer, y Doménec nos enseñó cómo hacerlo.

16.5.11

15M sin Brecht: un post crítico





lo confieso: no

tengo esperanza.

los ciegos hablan de una salida. yo

veo

(bertolt brecht)




Los popes de la cultura 2.0 andan hoy felicitándose por el triunfo de esa marcha popular, populista y populera surgida al calor de las redes sociales y que -según dicen- se cristalizó ayer en una hermosísima concentración nacional para propios y extraños, con sus correspondientes cánticos, zarabandas y banderas de la república. Los popes de la cultura 2.0 hablan de una salida, y de #nolesvotes, de igual manera que en la Cahiers hablan de las revoluciones en el mundo árabe.


(Por cierto: ¿alguien sabe qué pasa en Libia desde hace 15 días? O mejor dicho, ¿a alguien le sigue importando en Occidente?)


Zizek lo dijo muy claro: la víctima no tiene más remedio que ser víctima y lanzarse con toda su furia contra el enemigo. La indignación, la desesperación, la rabia no tienen nada que ver con una cuenta en Twitter, aunque eso nos tranquilice. La revolución debe ser flamígera y apocalíptica, o no puede ser. "Democracia real", afirman, pero no entienden que para que la democracia real funcione, lo primero que habría que hacer sería descabezar con un grito nietzscheano de júbilo la cabeza de los banqueros, los programadores de televisión, los periodistas de los medios mayoritarios que se negaron a cubrir la noticia, los líderes de los partidos políticos, los miembros de la Audiencia Nacional, y así hasta el infinito. Lo dijo el Ché Guevara: "La verdadera revolución tiene sustento de sangre", y joder, parece mentira que sigamos sin tomarnos muy en serio sus palabras. El sustento de sangre -esto es, el mono desquiciado que abría "2001"- termina en Brecht y termina en la víctima, y termina en los líderes de la movida 2.0 decapitados también. Gimme Stalin, and gimme Hiroshima.


Queremos cambios pero sin complicarnos demasiado la cabeza. Queremos cambios porque bajo la máscara de Anynomous tenemos una cara de gilipollas de manual.



Pero no confundamos los conceptos: la cara de gilipollas nos la hemos ganado a pulso. Nos la ganamos cuando escuchamos las cintas de las Spice, cuando fuimos a las discotecas a escuchar música de mierda porque "había tías" -que baila, que bailame-, cuando celebramos pasar de curso casi sin estudiar, cuando leímos libros poco exigentes porque "estábamos tan cansados", cuando pagamos ocho euros por ver la última de "Torrente". La víctima está necesariamente tan desquiciada en su dolor que no entiende "La catedral del mar" si no es como un arma arrojadiza contra algo, contra alguien, contra el responsable.


Pero en fin, protestemos un ratito los domingos en lugar de ir con la parienta a los Kinépolis, y sobre todo, inventémonos un mito revolucionario post68. Los líderes 2.0 hablan de una salida. Y, como dirán muchas de las críticas a este post: "Al menos la gente hace algo, y eso ya es mejor que nada, ¿no?".

14.5.11

El séptimo sello: Segunda Época


"¿La cultura? Mira cómo se hunde: vamos a filmarlo y lo colgaremos en Youtube, en el canal titulado Avistamiento de grandes pensadores en la catástrofe"
(
Eloy Fernández Porta)

Desde entonces, claro, han ocurrido grandes cosas.
El ruido, la furia, la santidad, Juana de Arco según Dreyer, Occidente en llamas, conciertos de Depeche Mode, borracheras, ansia de libertad, el cadáver de Ben Laden, el Ipad 2, Gianna Michaels, dejar de fumar, volver a fumar, dejar de fumar, Walter Benjamin, Occidente en llamas, la tesis, Ibiza, el relativismo, pasear en silencio por Auschwitz, dejar el teatro, dejar de fumar, dar clases en la Universidad de Miskatonic una buena temporada.
"El espejo" de Tarkovsky comenzaba con un tartamudo que gritaba la cámara en un gesto de desesperación: "¡Puedo hablar!". Tarkovsky se subió a la gran cruz de Occidente y se rompió la garganta de horror e incredulidad ante el eterno retorno de lo mismo. El eterno retorno de lo mismo, por cierto, es que las niñas que ayer se aprendían la coreografía del Papichulo hoy van de escuchar a Robyn y a Kasabian, no me jodas. Tarkovsky buscaba a Dios pero no entendió que Occidente ya es siempre, ahora y para siempre, el recinto del FiB el lunes después de los conciertos. Un basurero pop plagado de condones, trozos de costo, promesas para el año que viene y adolescentes suavemente decepcionados por no haber pillado (sida) con la mujer de sus sueños. El amor, dicen, pero yo sé que mienten.
Han pasado grandes cosas, ya digo.
Me hubiera gustado verte en la fiesta de las ideologías, rollito anticapitalismo-del-G8 pero en plan patrocinado por Apple. Esa es la primera razón por la que he vuelto a mudarme a este barrio, mi amor, porque aquí abajo los yonkis del portal se hacen la cachimba con heroína y Zizek, porque hay manchas de vómito en las escaleras y porque echaba de menos la sensación de poder dormir mientras, a lo lejos, los hijos privilegiados de la burguesía con el pelo a lo Nino Bravo se arrojan contra la promesa del totalitarismo. Mientras zurzo mi camisa parda de horror europeo, quizá quieras escuchar un par de cosas interesantes.
Por mi parte, sombrío-camino-por-el-crepúsculo-color-de-cadáver y con eso tengo suficiente para esta curva del camino. Tenía que ser libre para poder escribirte, corazón, cómo se pudre el tambor milenario del deseo y cómo crepitan los cuerpos de las penúltimas prostitutas del saber en esta hoguera de 2011.
Te prometo hacerlo lo mejor que pueda.
O, tal y cómo está el patio, simplemente te prometo hacerlo.