21.4.15

Un parpadeo en "Puro Vicio"

Análisis


Para los que gustan de los análisis textuales con cierta enjundia, aquí va un textillo sobre la fantástica película de Paul Thomas Anderson Puro Vicio y su no menos fantástica escena sexual. Disponible, como viene siendo habitual, tal que aquí.

8.4.15

Apuntes en el envés de unos planos de Don Hertzfeldt

01.
    Es curioso cómo los pequeños problemas de nuestra comunidad cinéfila desbordan, con mucho, los límites que merecen nuestro tiempo y nuestra energía. Todo el ruido de las redes sociales, los aullidos desafinados y las acusaciones cruzadas demuestran -y yo soy el primero en la lista-, que quizá sabemos mirar películas, pero desde luego, no tenemos mucha idea de mirar hacia el mundo o hacia el Otro.




02.
    Hace dos noches tuve ocasión de ver por primera vez It´s such a beautiful day, de Don Hertzfeldt

    Ayer por la noche, a las dos cuarenta de la mañana, una vieja amiga me llamó llorando porque va a volver a necesitar medicación y me dijo cosas como "ya sabes lo que es esto" y "algunas mañanas, simplemente, no puedo levantarme de la cama" y "me duele todo el cuerpo" y "hace cinco años tu vivías en esta ciudad y no hubieras permitido que" y después, pasado un rato, colgó y yo me quedé en silencio mirando la pared blanca de mi habitación con los ojos bien abiertos.

    Creo que tuve miedo de la fragilidad con la que se puede romper un ser humano. Romperse por dentro.

    Una ruptura que, en el fondo, no es más que la suma de malas decisiones que se apilan mes tras mes, año tras año, hasta que simplemente tu cabeza no puede soportar más el peso de la realidad y cede.




03.
    Las noches en las que no consigo dormir, que gracias a Dios no son muchas, veo películas de Ingmar Bergman y escucho La pasión según San Mateo. Cada uno combate a la angustia como puede. En ocasiones miro a la gente que toma el sol en las terrazas, fumando alegremente un cigarrillo y hablando de la infidelidad que comete la prima lejana, del último libro de María Dueñas que es "muy bonito" y de lo listos que son sus hijos y me pregunto, simple y llanamente, cómo lo hacen.

    Por eso me golpeó con tanta fuerza la historia de Bill, ese pequeño personaje apenas esbozado gráficamente, apenas materia fílmica, en el que se inscribe con tanta fuerza una idea que llevo años manejando: hay gente que, simple y llanamente, no puede vivir en este mundo. No puede tener una experiencia del estar aquí. Es increíble, por ejemplo, la manera en la que Hertzfeldt utiliza la superficie del plano:


    Las acciones ocurren en pequeñas zonas de acción levemente iluminadas: globos de luz que seccionan el mundo de manera extrañamente fenomenológica: lo que miramos, lo que nos mira, el atravesamiento en la mirada. Pero fíjense también en las profundas zonas de negro que lo rodean todo. Podrían ser lo real lacaniano, pero también podrían ser esa materia tan difícil de dominar en nuestra experiencia de la realidad -y si ha llegado hasta aquí, creo que ya sabe de lo que hablo-: cadenas de televisión, el aspecto que tiene la comida en los restaurantes de comida rápida, el peso del propio deseo, la gente que no limpia las mierdas de sus perros o los que conducen a 140 en carreteras de un único carril sin importarles tu vida, la ausencia de piedad, Cadena Dial, la anti-intelectualidad y los Otros. Todo eso está en el espacio en negro de un encuadre de Hertzfeldt.

    Hay algo esencial en su cine. Algo que valoro más que cualquier otra pirueta formal a-lo-rodar-grandes-planos-secuencia. It´s such a beautiful day es la película más piadosa -esto es, implacable- con los que sufren trastornos del estado anímico que he visto en muchos años. 

04.
   De ahí que no debamos confundir piedad con compasión. La compasión, como bien señaló Nietzsche, es esa repugnante acción popular que, de cara a la galería, señala la bondad de su emisor y se diluye en una máscara aceitosa de aplausos tras la galería. La compasión rebaja al enfermo al convertirlo en objeto de una mirada concreta, parcial. En oposición, por supuesto, está la piedad, que es abrasiva y entraña un encuentro en el dolor que no admite exhibiciones ni especulaciones. Para saber hasta qué punto la piedad es abrasiva y desesperada y nos acerca en su dimensión concreta al dolor del Otro, les remito, por ejemplo, a estos planos que no se alejan tanto de Hertzfeldt como parecería.

Piedad

Piedad

Piedad

Piedad

    Y si ustedes no quieren aceptar mi escritura cristiana, quédense al menos con lo radicalmente material del cierre de la crucifixión que rodó Pasolini: es imposible hablar de compasión en estos cuatro planos. Es necesario, por el contrario, hablar de piedad.

    Y no hay otra cosa en el cine de Hertzfeldt.

05.
    La fragilidad del cuerpo de Bill -dos líneas, un círculo, un sombrero esbozado- es la fragilidad del cuerpo que cede ante la presencia de la angustia. Eso es algo que, hasta donde yo conozco, nunca se había planteado en el cine con semejante brutalidad. Bill es la quiebra anónima de todos los sujetos del primer mundo: su enfermedad no tiene nombre, su trabajo no tiene nombre, su curación no tiene nombre. Bill, en el fondo, no es. O mejor dicho, lo único que Bill es, al igual que nosotros, es el propio tiempo que se le escapa.







Y entonces, como por arte de magia, Hertzfeldt congela el plano y lo mantiene, terrible y casi estático, varios segundos.


Y ahí está todo. La oscuridad. El silencio. El extraño gesto de incredulidad. Estamos condenados a vivir en un mundo en el que existe Cadena Dial y, sin embargo, hay un pánico y una oscuridad brutal más allá de sus márgenes. 

¿Cómo podemos pedir a un simple ser humano que soporte esto? 

¿Cómo podemos aprender a mirar otra vez no ya un plano, sino el rostro del Otro?

[Sigo pensando en escribir, tarde o temprano, mi libro sobre Dios y el cine. Y si lo hiciera, si realmente pudiera llegar ahí donde quiero llegar, no podría esquivar la presencia de Hertzfeldt como ese gran místico de la enfermedad de nuestro tiempo. Sigo pensando que ciertos textos, pese a todo, deben y pueden escribirse, incluso entre el ruido, o contra el ruido, o a propósito del ruido]

15.3.15

Aforismos a propósito de "La hipótesis del cuadro robado" (Raoul Ruiz, 1979)

Para Brenda Alén

01. Del plano podríamos pensar que, al recordar su movimiento interno, intenta zafarse del cuadro que (en algún momento) latió en su interior.

Ruiz

El cuadro, que soñaba con ser cine pero se quedó enlazado en la lectura visual de lo inmediato (véase Fra Angelico) ha quedado, desde entonces, agazapado en las resonancias de cada encuadre. 

02. Daney dijo que cada imagen postmoderna estaba ya configurada por una imagen anterior, a la que remitía de manera consciente. Rosenbaum afirmó que la nueva reflexión cinematográfica deberían hacerla los Historiadores del Arte y no los fanáticos del relato literario. Ambas ideas son ciertas, pero todavía nos queda el trabajo ímprobo de hacer una arqueología de las imágenes cinematográficas. 

Esto es, hacer una arqueología de nuestro propio deseo.

Ruiz

Ruiz

03. El cuadro robado de Raúl Ruiz tiene dos dimensiones. La primera es la de la puesta en escena -una tradición por la que los cuadros se encarnan, es decir, el óleo se hace piel, de tal manera que el deseo es la mancha  y el pigmento [No tocar, afirman en los museos]. La segunda es la del único elemento que conecta todos los universos por la vía de la falta: una máscara.

Ruiz

Una máscara que, por cierto, esconde en su inscripción misma una puerta.

Ruiz

El cuadro robado es un salón vacío por el que todos circulan, como la carta robada era una palabra vacía que entre todos circulaba. Imposible no acariciar con la punta de los dedos el rostro/máscara de Lacan y pensar que ese cuadro robado, cuya hipótesis conjura a su público, no es en realidad sino el inconsciente mismo. 

04. Todos los significantes de la película quedan anudados en torno a una serie de cuadros que, a su vez, están subterráneamente conectados por los espejos que retratan. Espejos, luces y máscaras forman los materiales que el amoroso coleccionista ordena para nosotros en su intento de dotar de sentido a una obsesión. Son los tres ejes sobre los que se enhebra el misterio mismo de la película (lo interior, la divinidad, la identidad), pero sin perder nunca de vista que al final, cada espejo, cada luz y cada máscara nos lleva directamente al corazón del sacrilegio, a la consumación de la pasión y a la sacrosanta voluntad del cuerpo. 

Ruiz

Espejos como cuadros, cuadros como puertas, espejos como lunas situados en plano e iluminados como si fueran máscaras. Dioses sin rostro (¿sin máscara?) que exigen una pasión y un uso de los cuerpos que ya ha quedado lejos de nuestra propia escritura. Ruiz nos hace mirar cuerpos cuyo deseo no podemos aprehender de ninguna de las maneras, y de ahí el extrañamiento que provocan. 

Ruiz

La pregunta tras los cuadros (¿cómo gozan y por qué yo no puedo acceder a ese mismo goce?) es la pregunta melancólica que atraviesa cada uno de los tableau vivants que se fingen escenas, o planos, o simplemente encuadres. Creo que La hipótesis del cuadro robado es una de las películas más extrañamente melancólicas que he visto en meses, aunque sólo fuera por la manera en la que, una y otra vez, conjura el objeto de deseo, pero acto seguido, lo hurta e impide su contemplación. Es el gesto contrario a la mostración pornográfica, y sin embargo, no ofrece esa satisfacción puritana que (dicen algunos) acompaña a la humilde aceptación del pudor.

05. El pudor, a su vez, qué cosa más horrible. Si el pudor triunfara, quién querría máscaras, espejos, luces, cuadros y películas. Si el pudor triunfara, dejaríamos de ser hombres y dejaríamos de reivindicar -como lo hace aquí Raúl Ruiz- la posibilidad misma de la belleza. La hipótesis de la belleza robada. 
Es decir, la hipótesis del tiempo mismo sobre la piel. La piel muere. 
El cuadro (la imagen/el deseo) permanece.

Ruiz