Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filosofía. Mostrar todas las entradas
9.3.16
En busca del tiempo perdido.gif
La nostalgia por lo que hemos vivido siempre se acomoda con más facilidad en el acto de mirar. Los que hemos crecido entre filmotecas sabemos aquello de ir rastreando los fotogramas ajenos buscando pistas sobre el tiempo vivido, haciendo de cada película una magdalena-Proust, un espejo retrovisor. Quizá nadie nos definió tan bien como espectadores como Arcade Fire cuando cantaron aquello de “I thought I found a way to enter/ It´s just a reflektor”. Las películas como puertas de entrada hacia un reflejo de nuestro propio rostro.
19.11.15
Apocalipsis pop! s01x08 : Introducción a la imagen-movimiento de Deleuze 02
Estimados amigos:
Esta semana las noticias en el Universo Apocalipsis pop! vienen por partida doble. En primer lugar, ya tenemos página oficial de Facebook, por si queréis darle al click y estar informados de las últimas novedades: https://www.facebook.com/apocalipsispop
Por otra parte, ya está disponible la segunda edición del especial dedicado a La imagen-movimiento de Gilles Deleuze. Partimos del rostro en Bergman en De la vida de las marionetas y nos arrojamos contra los límites de la "Imagen-afección" y la "Imagen-acción" (parada obligatoria, of course, en la "Imagen-pulsión").
Y entre col y col, estas crujientes lechugas musicales:
01. Kronos Quartet - The Beatitudes
02. Joy Division - Atrocity Exhibition
03. Cherryholmes - Golden slippers (en homenaje a cierta película de John Ford que los más cinéfilos ya habréis localizado).
04. Dominique A - Close West
Se puede escuchar, como suele ser habitual, tal que aquí.
¡Abrazos para todos!
11.11.15
Apocalipsis pop! s01x07 : Introducción a la imagen-movimiento de Deleuze 01
Después de varias conversaciones con varios amigos que me han dicho que querían hincarle el diente a "La imagen-movimiento" de Deleuze, pero que no sabían por dónde empezar, he decidido grabar un par de "Apocalipsis pop!" a modo de introducción, completamente informal, sobre el sistema cinematográfico del filósofo francés. Vaya por adelantado: se trata de pequeñas introducciones, cuadernos de notas divulgativos, acercamientos y aplanamientos para invitar a la lectura, para intentar hacer sexy el disfrute de lo oscuro. Espero que lo disfrutéis y que os sirva como invitación o como material docente para los que os interesan estos menesteres. La set-list del programa, por cierto, es:
01. Lana del Rey - Born to die
02. Glasser - Landscape
03. Bat for Lashes - Laura
(Y sí, sé que os pica la curiosidad por cómo he interpretado de mal a Deleuze para conectarlo con Lana del Rey o con Bat for Lashes. Lo podéis escuchar tal que aquí).
14.6.15
De las víctimas y el prójimo
01.
Ando estos días enfrascado en la lectura pausada y muy agradecida de Edith Stein. Hacia el final de su autobiografía inacabada -titulada, muy precisamente, Historia de una familia judía- ocurren algunas erosiones textuales demoledoras. Así, por ejemplo, en la página 524 se encuentra un breve epígrafe (9.4 La buena impresión de M. Heidegger), y apenas diez páginas después, en la 534, finaliza el texto la mañana siguiente a la lectura de su tesis doctoral, dirigida por Husserl.
Siempre me ha obsesionado el viaje de las compañeras de Stein, carmelitas que se desplazaron a Friburgo para suplicar a Heidegger que intercediera por su antigua compañera cuando todavía quedaba alguna posibilidad de que no fuera fagocitada por las cámaras de gas de Auschwitz. Diez páginas antes de que la muerte le arrebatara la pluma y los recuerdos, Edith Stein recordaba, con extrema amabilidad, a aquel otro filósofo -y no lo olvidemos, político en la etapa del rectorado-, que después de escribir el que quizá sea el gran libro del pensamiento en el siglo XX, Ser y tiempo, no hizo absolutamente nada para salvar una vida humana.
Me suelen preguntar: "¿Cómo puedes estudiar el Holocausto y, al mismo tiempo, intentar especializarte en la obra de un filósofo nazi?". Todavía no puedo responder a esa pregunta. He leído los libros de Farías con los ojos llenos de vergüenza. He leído los seminarios de Heidegger con los ojos llenos a la vez de admiración y de profundo horror.
De ahí que, de un tiempo a esta parte, tenga que seguir aferrándome a Edith Stein y a Emmanuel Lévinas para no negar mi propia vocación como aprendiz de filósofo.
02.
Todos sabemos que el tema del prójimo no interesaba a Heidegger en absoluto. Su rechazo hacia cualquier tipo de pensamiento que implicara una ética filosófica es público y notorio. También sabemos que el gran problema del prójimo es que cada uno elige sus propias causas y, sin el menor problema, traza una línea divisoria entre quiénes deben ser teorizados como Otros (salvables), como Víctimas, y por extensión, como Verdugos. De tal manera, hay algunos Otros que son mucho más Otros que otros, es decir, que merecen mucho más que pensemos sobre ellos, que les tengamos en cuenta en tanto Víctimas.
La primera idea que surge a partir de esto es que todos los seres humanos -y yo el primero, vaya por delante, en tanto tengo mis propios Otros-, hemos perdido la capacidad misma de tomar la Humanidad como un todo. Esa idea (inmejorablemente formulada en Jn 13: 34-35), nos permite trazar líneas que entrañan diferencias entre muertes, modos de recuerdo y efectos de discurso. La víctima de pronto se convierte en mí victima, y así, queda irremediablemente politizada y definida por mí.
No hay que irse muy lejos. La famosa disputa por la creación de un Carmelo dentro de Auschwitz -amén de incontables discusiones entre judíos, polacos y cristianos por diversos martirologios y lecturas en torno a lo ocurrido dentro de los campos- es buena prueba de ello. Ponerle un símbolo de copyright a una Cierta Víctima siempre entraña, automáticamente, generar una cierta lectura contemporánea del Prójimo. Hasta el propio Lévinas lo sufrió en sus carnes cuando le preguntaron claramente por su postura en el conflicto entre Israel y Palestina.
El problema es que siempre hay un Otro. Detrás de cada palabra que escribimos. Detrás de cada decisión política que tomamos estamos generando un cadáver que llega o un sufrimiento que se manifiesta.
03.
Se habla mucho en estos días de la "nueva política" y de los "nuevos políticos". Se habla mucho de la dignidad, de la ciudadanía, de la necesidad de cambiar las cosas. Yo firmo cada uno de los postulados que nos lleven a expulsar de sus poltronas a tantos descerebrados y malos seres humanos que, muchas veces incluso parapetados tras una coartada religiosa, nos han conducido a un sistema injusto, desigual y humanamente enfermo. Hace unos días, uno de esos jovencillos neo-brokers de centro de estudios económicos decía que "El concepto de igualdad era malo para la economía". Me pregunto cómo se puede llegar a una pobreza de espíritu tan gigantesca como para creer en eso.
Ahora bien, hay otra pobreza todavía peor. La de aquellos que, parapetados tras las mejores intenciones, seleccionan primorosamente las víctimas para convertirlas en carne electoral o, por el contrario, en abiertos enemigos. Son, por ejemplo, aquellos que utilizan la marca ETA hasta desgastarla, de tal manera que igual resulta que este post es ETA. Son también aquellos que han olvidado que ser político debería ser, ante todo, respetar el inmenso problema del sufrimiento ajeno con la seriedad que exige. Arrojarse al abismo del sufrimiento ajeno para hacer que emerja de él una responsabilidad (social, asumida) definitiva.
Todo aquel que sufre es el Otro. Aunque sea mi enemigo. Precisamente porque es mi enemigo. Y evitar las connotaciones de esta idea es el primer paso para hacer una política de mierda, una política de la desigualdad, del sobre, una política injusta. Lo difícil, por supuesto, es tener la humildad de pensar que para ser político (y pensador) no se debería nunca despreciar a ningún Otro. Pensar que las heridas del pasado no tienen fecha de caducidad, y que las del presente son merecedoras de una inmensa, sagrada y profunda responsabilidad.
Por lo demás, en la era de la política-espectáculo los palmeros claman mucho a favor de la libertad (nada que objetar), pero muy poco a favor de la responsabilidad hacia el dolor del Otro. Exigir humildad, coherencia y humanidad a un político -incluso de aquellos que se autodenominan de la "nueva política"- ya suena raro apenas pocas horas después de que tomen el poder. Eso sí, sobre nuestras Víctimas, sobre aquellos que nosotros hemos decidido que son el Otro -los que murieron en nuestra trinchera, los que hemos sacralizado, los colectivos de riesgo a los que afirmamos proteger- exigiremos el respeto, el taconazo, el honor que sin duda merecen en tanto caídos por nosotros. Por nuestras ideas. Por mí, por mí mismo, por mi narcisismo, en definitiva.
Yo no soy Charlie, ni soy ninguna otra víctima. No puedo serlo. Estoy condenado a seguir vivo, y por lo tanto, a intentar dotar de sensibilidad, razón y responsabilidad a mis actos. Es decir, estoy condenado a fracasar. Pero en lugar de parapetarme en la soberbia, lo único que puedo hacer es pedir el perdón silencioso de los -citemos, precisamente, a Silvio- muertos de mi felicidad.
13.2.15
Construir, habitar, pensar, exterminar. Heidegger y la arquitectura de Auschwitz
Como ya sabéis, llevo una temporada tras los pasos del pensamiento de Heidegger, intentando conseguir nuevas herramientas para pensar la imagen. Sin embargo, trabajar con Heidegger es también trabajar con su sombra, y a veces es necesario distanciarse críticamente. Por ejemplo, aquí os lanzo algunos apuntes sobre las esquirlas de su pensamiento detrás de la arquitectura de Auschwitz.
¡Un saludo para todos!
25.8.14
Los libros sobre cine (IV): Filosofía y cine
#10 - Apología de los filósofos que escriben sobre cine, y de los cinéfilos que escriben sobre filosofía
A la contra, yo siempre he creído que la única manera en la que se podía levantar una verdadera reflexión cinematográfica de cierta profundidad era en diálogo activo con la filosofía. Todavía recuerdo el impacto que me supuso, allá por los diecinueve, la lectura casi ininterrumpida del brevísimo Ontología de la imagen fotográfica de André Bazin y el monstruoso El significante imaginario de Metz. Monstruoso en un sentido nietzscheano: inabarcable, dramático, extraordinariamente poético hasta lo incomprensible, casi como un arcano del cine. Se me podrá objetar que ambos libros no fueron escritos por filósofos de manual, pero a la contra, creo que la potencia de la expresión, el rigor de los autores y la manera en la que encaran las preguntas primordiales de dos temblores determinados (la muerte/la imagen) les habilitan como textos urgentemente filosóficos. Además, habría que añadir un nuevo vector al debate: una vez que la psicología de la conducta (así como sus equivalentes, las filosofías analíticas de las ciencias sociales) han renunciado a explorar las herramientas hermenéuticas del psicoanálisis (el inconsciente en la crítica, no en la clínica), es precisamente la filosofía la que puede ayudarnos a seguir caminando por el camino de Freud.
Me permitirán que realice aquí una breve puntualización. A mi entender, las relaciones entre filosofía y cine se han planteado, en rasgos generales, de manera terriblemente equivocada. Así, por ejemplo, lo normal es toparse con ensayos que se valen de la narrativa de las películas para defender una supuesta rima con lo expuesto en tal o cuál filósofo. Hace unos años se publicó un ensayo delirante sobre la obra de Bergman en el que únicamente se citaba al autor sueco para jugar a una versión neoconservadora de las siete diferencias con la obra de Kierkegaard. Las relaciones entre cine y filosofía son mucho más complejas cuando se desciende al nivel de la puesta en escena y se analiza la manera en la que hay un impacto real en la construcción del mundo desde el aparataje cinematográfico. Esto nos explica, en la otra cara del espectro, por qué el mejor análisis de Rompiendo las olas está en el monográfico de Berta M. Pérez o por qué Jacques Rancière ha propuesto una exploración de la obra de Bela Tarr que nos va a mantener ocupados a los ensayistas durante un par de décadas.
#11 - Volver a no entender el cine
El debate entre cine y filosofía debe darse, a mi entender, en el nivel de la forma significante. Y, además, con la mayor cercanía y humildad entre ambas disciplinas. En el primer post de esta serie señalaba que la lectura de libros de cine se apoya en nuestra necesidad de conocer aquello que nos inquieta y nos duele en la experiencia de atravesamiento del texto. La idea original la encontré formulada en los primeros trabajos de Jesús González Requena -especialmente en las primeras páginas de su Sergei Einsenstein- y nunca me ha abandonado. Luego tuve que golpearme contra la idea de que ese dolor no es únicamente una formulación fílmica recurrente del Edipo, sino que las dimensiones del dolor atraviesan también lo ontológico, lo político, el lenguaje.
(Aquí yo debería recomendarles que leyeran La profecía de la imagen-mundo de Palao Errando, pero como dudo de que me hagan caso, les sugiero que empiecen por su artículo Y, sin embargo, se mueve y ya me cuentan)
No creo que a la filosofía se le deba exigir ningún tipo de claridad para con el hipotético desciframiento del texto. El juego fílmico ya no pivota en torno al encuentro de la correspondencia de significantes ni en la creación de mapas ni autoayudas para, pongamos por caso, no sucumbir en el interior de Inland Empire. Antes bien, creo que su gran ayuda puede ser la contraria: ayudarnos a entender la teoría fílmica desde más allá de la Verdad, desde el no-entender, desde la pasión poética de la escritura. Hace unos meses, cuando empezaba la lectura de Ser y tiempo, el filósofo Juan Arnau me espetó claramente: No intentes entenderlo todo, a Heidegger se le debe leer como si estuvieras atravesando un poemario. Y desde ahí entendí también los ensayos fílmicos de Deleuze e incluso me atrevería a decir que mi propia escritura. No se trata de generar un sistema cerrado sobre el universo del cine -de esto hablaré el próximo post-, ni siquiera de garantizar una certeza para que ningún espectador se sienta reconfortado creyendo que ha entendido a Lynch, a Tarkovsky, incluso a Ford.
Se trata de volver a no entender, a toda costa. De que no se pueda privilegiar una interpretación significante, ni una verdad. De demostrarnos una y otra vez -muy especialmente a los críticos, a los analistas- que no sabemos nada y, por eso mismo, que nuestra exigencia es retornar una y otra vez al texto.
(Por otra parte, y ya que hablamos de inconsciente, no podremos evitar nunca retornar al texto. No podemos volver a casa, es cierto. Pero volveremos al texto).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








