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3.2.14

A favor de "Edificio España"

Rita Hayworth
 
   Hace unos días, el periodista Jesús Cacho publicó una excelente columna en el periódico conservador Vozpópuli a propósito de la caída de Pedro J. Entre otras dentelladas, Cacho señalaba que el principal problema de un cierto periodismo no había sido tanto sus inevitables tiralevitismos ideológicos, sino antes bien, el haberse convertido en los perritos falderos del Capital. Lo de la juerga porno del Capital tiene tela y está generando una sociedad que sólo puede tildarse de esquizofrénica: la compañía de mierda gaseosa azucarada que en los tiempos del hambre nos aseguraba que "hay razones para creer en un mundo mejor" es la misma que ahora mismo cierra varias plantas sin problemas de rentabilidad alguna, sólo para ahorrarse unos necesarios leuros explotando a los proletarios más desesperados de otra parte del globo. Lo de la juerga porno del Capital es tan bestia que casi nadie ha puesto el grito en el cielo por una película tan desquiciadamente onanista como El lobo de Wall Street, que es algo así como el Raza de Milton Friedman, o por la moralina de los simpáticos políticos corruptos que desfilan por la nostálgica fabulilla neocon La gran estafa americana. 

    Lo voy a decir con toda claridad: hemos perdido la partida antes incluso de empezarla, pero eso no nos impide enseñar los dientes. Sin esperanza, claro, pero enseñarlos.

    Antes de la Empresa estaba dios. dios ya nos ha robado el derecho al aborto, y durante las tristes horas del franquismo nos robó los fotogramas que otros rodaban, no fuéramos a ser seducidos por esa preFemen hermosísima que se quitaba el guante mientras susurraba Put the blame on mame. Ahora ya no tenemos dios, pero tenemos a la Empresa, que ha decidido que Edificio España, la película de Víctor Moreno, no llegará a nuestras pantallas. España es un país donde los ejecutivos escandalizados son las nuevas monjas de clausura, y en lugar del cilicio llevan la tabla de ejercicios del gimnasio y el tinte de pelo. Después de todo, si el Banco Santander salió razonablemente indemne del torbellino de mierda de hace unos años, ¿por qué no va a acertar al prohibirnos contemplar ciertas imágenes, las que ellos quieran, las que sus analistas destierren al Finis Africae de la memoria?

    Hace cosa de unos años una innoble campaña de acoso y derribo nos asedió -este, su humilde blog, incluido- a los que defendimos el derecho a la distribución de Recuerdos de una mañana de Jose Luis Guerín. La historia se repite: por encima del derecho del creador siempre hay alguien que se siente profundamente ofendido, increpado, problematizado por las imágenes. Al Capital eso de que vayamos rodando o escribiendo lo que nos apetezca no le mola un pelo, y por eso rifa cucamonas tristes en la feria del periodismo contemporáneo: niño, ponle al periodista un anisete y que se esté calladito. Niño, ponle al director un chupito de pólvora y miedo, que invita la casa. 

   Ahora a Gilda podemos verla participando en un festival de lluvias doradas gracias al porno alemán, pero la Empresa no tolerará que nadie muestre el guante podrido de dinero robado y amargura, el guante fino que igual sirve para levantar el puño en las manis que para pasarte la nota de deshaucio en este delirante escaparate final de El precio justo que estamos viviendo. 

    Hacía tiempo que no utilizaba el blog como herramienta de agit prop -luego me dirá el buen Zenódoto de Éfeso, con su crítica habitual, que soy un adicto al agit prop y un paseador barato de pancartas-, pero pienso que quizá les puede interesar consultar esta página, e incluso, firmar en ella. Después de todo, sobreentiendo que si leen este espacio es porque creen en las relaciones que debe haber entre libertad y creación audiovisual. Sobre todo, por encima de dioses y empresas, que no son lo mismo, aunque a veces lo parezca. 

21.6.11

A Serbian´s Bob Esponja Film




Quizá ustedes no sepan quién vive en una piña debajo del mar, o que hace poco la BBFC volvió por sus fueros censurando la segunda parte de esa gamberrada para gourmets escrementicios titulada The Human Centipede. Quizá no sepan que la versión de Los cuatrocientos golpes distribuída en España mantiene la censura franquista hasta en los subtítulos. Quizá no lo sepan, pero lo que seguro que no se les escapa es que vivimos en un país rodeado por gilipollas, psicóticos aburridos y sacerdotes laicos de la subnormalidad. Y el lenguaje es su terreno favorito.

(Ahora mismo, quizá usted ha sentido un breve escalofrío al leer la palabra "subnormalidad" y ha pensado, aunque fuera de pasada, que hubiera podido escoger un término menos ofensivo con los discapacitados mentales. Bienvenido al desierto del totalitarismo, hermano/a).


La liebre ha saltado esta mañana cuando un colectivo compuesto por catorce padres (¡pobres hijos!) ha elevado una llorosa e indignada queja contra la serie Bob Esponja por considerarla "demasiado violenta". Los cuervos siempre otean mejor el horizonte si se posan en un buen crucifijo, ya se sabe. Los iluminados descienden de las atalayas, y como no pueden ir a quejarse con los Indignados, pues nada mejor que cuidar de los hijos de los otros, todos los hijos de España dándole ostias a sus compañeros, poseídos por el espíritu de una esponja mutante, pérfida, proterva, esquizofrénica, lujuriosa, esponja copuladora que busca ropa interior y se masturba -seguro- pensando en las provocativas curvas de Dora Exploradora. Los padres, iluminados por la fuerza de su verdad, en vez de dedicarse a educar a sus hijos -¡qué pereza!- están llamados a la labor mesiánica de educar a todos los hijos de todos los demás.

Estos cabrones son los que juraron que toda mi generación se convertiría en una inmensa bestia asesina por ver Bola de Dragón y las Tortugas Ninja, los que intentaron a toda costa que no compráramos videojuegos, los que asustaban a nuestras madres en las reuniones del APA/AMPA. Estos cabrones son los cirujanos del Nuevo Lenguaje Políticamente Correcto en Paridad e Igualdad De Oportunidades donde todo se escribe en mayúscula, femenino y masculino, aunque nada signifique gran cosa. Estos cabrones son los que, a principios de la transición -¡cómo odian las democracias!- se pusieron con Blas Piñar a repartir puñetazos en la puerta de los Alphaville -actuales Gólem- cuando estrenaron Yo te saludo, María. Estos cabrones escuchan a Julio Iglesias o a Victor Jara, son de Izquierdas y de Derechas, quieren meterse en tu cama y obligarte a fornifollar con Igualdad de Género o haciendo el misionero para tener muchos hijos, quieren meterse en tu carro de la compra, quieren que no leas a Foucault sino a Rhonda Byrne, quieren que te conviertas en célibe o en una máquina plurisexual capaz de gozar por todas las pieles y todos los agujeros... pero políticamente. Lo que no quieren, bajo ningún concepto, es que hagas lo que realmente crees que debes hacer. Ellos ya leerán los libros por tí, verán las películas y las series por tí (y por tus hijos), y al final del día tendrás una dieta baja en grasas, sangres, lluvias doradas... y una estupenda pastillita de Prozak para calmar el alma.

Bob Esponja, dicen, vive en una piña debajo del mar. Los médicos que no quieren cuidarle le diagnosticarán hiperactividad y le enchufarán lo que mande el DSM. Cuando crezca, será un adolescente problemático (¿cuál no lo es?), escuchará cds de Marilyn Manson, se enamorará un poquito de Riley Mason o de Gianna Michaels, los triunfadores de la clase submarina le harán bullying pero saldrá adelante. Será feliz y será inmortal. Un día, si todo va bien, quizá lea el Zaratustra y será capaz de emitir una carcajada terrorífica y demente, una carcajada de sorpresa y de celebración de la vida. Mientras tanto, en las cloacas, esa materia adiposa que Sabe-Lo-Que-Es-Bueno-Para-Tí se cabreará porque no apoyas a la peña del 15M, o porque ves películas sucias, o porque piensas que Truffaut no era un facha de mierda. Te odiarán porque estás permanentemente enamorado de la libertad.

Y, ya lo sabes, los esclavos odian a la gente absolutamente libre.