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11.9.14
Carta de amor para Claudia Bomb
Querida Claudia:
De la escritura de la mujer en la pantalla siempre queda un margen abierto, que es el de la ternura y la inocencia. Mis amigos, los que escriben cosas con gran seriedad, me miran con ojos de tormenta cuando les digo que la inocencia y la pornografía no son polos opuestos. Ellos, por otra parte, han cambiado el corazón por una cátedra, un relicario o una barricada. Lo importante siempre es la manera en la que las chicas duras pelean cuando aprieta el hambre, la tristeza, la soledad y la nostalgia. En este país amargo muy poca gente le da las gracias a las chicas duras del porno, las niñas que se dieron el piro y dejaron detrás confesionarios, corazones rotos, aulas semivacías y profesores que nunca hablaron de lo que realmente importaba: pelear la belleza.
Yo -que no soy especialmente mejor que ellos-, me enamoro siempre de las niñas kamikazes que salieron de las casas oscuras de la periferia, que abandonaron sus pueblos y sus novios de toda la vida para colarse en el espacio que ocupa una ventana en mi pantalla del ordenador. Un tipo alemán llamado Heidegger escribió por algún lugar que la belleza era la manera en la que una obra de arte mostraba la verdad. La belleza es, entre otras cosas, la manera en la que el porno escribe la letra pequeña de los contratos del deseo, la manera en la que respiras antes de entrar en un plató o encender la webcam, la manera en la que de alguna manera has acompañado y dado cobijo a toda esa gente que pasea por los arcenes de lo cotidiano, los que nunca hablan de ti a la hora del trabajo o en la cola de los centros comerciales y los que, sin embargo, te recuerdan con una sonrisa cómplice.
La vida viene pegando duro, corazón. Tú ya lo sabes, pero ahí fuera nos han engañado para que se nos olvide ese margen del que hablaba el principio, el de la ternura y la belleza. La ternura es un tuit que te dejaste a medio escribir una noche de insomnio y que demostraba -y esa es, finalmente, tu magia- que seguías siendo la chica loca y díscola que corrió pasada la adolescencia a toda hostia pensando que el mundo le pertenecía. La chica a la que no iba a parar nadie, la que derribaba los miedos, la que soñaban silenciosamente todos los chicos tímidos que se acurrucaban en la sombra de tus pasos. Ternura y pornografía no son incompatibles, y por eso das cariño en tus fotos improvisadas y te conviertes en el ángel custodio de todo lo que merece la pena en nuestra vida cotidiana.
La vida viene pegando duro, corazón, y en tu sonrisa todavía queda el gesto de la boxeadora que puede permanecer de pie cuando el estadio se derrumba y las apuestas caen en picado, la hechicera que hacía aplaudir con sus curvas a la chavalada del barrio cuando caía la primavera, la escritora que tiembla y hace temblar en el engranaje pornográfico de la madrugada online. Mientras todavía sonríes y escribes un corazón en las redes sociales, ahí fuera, se aproxima el invierno y desafinan todas las otras mujeres, las cansadas, las rotas, las que han recibido tantos golpes de la vida que no encuentran la manera de resucitar ni la ternura ni la inocencia. Nos queda tu gesto, tu belleza -en el sentido de Heidegger-, tu valor. Y eso, por supuesto, es mucho más de lo que nos ofrecen otros seres humanos.
Te quiere:
Aa. R.
29.8.14
Una brevísima carta a los lectores del blog a propósito de "El Congreso"
Queridos amigos:
Como ya sabéis, hoy se estrena en cines El Congreso de Ari Folman. En los próximos días publicaré, si todo va bien, un análisis en Miradas de Cine que será un texto amplísimo y bastante complejo escrito con un cariño total hacia la cinta. Le he puesto mucha ilusión y mucho amor a ese texto, así que tendremos ocasión más adelante de hablar detenidamente de la película.
En realidad, esta brevísima carta era simplemente para celebrar con vosotros el hecho de que hoy podamos dirigirnos hacia un cine de confianza, pagar ocho euros y poder contemplar eso en una pantalla grande. Ya sé que casi todos la habéis visto ya en vuestros hogares, ya sé que los eternos problemas de la distribución conseguirán que muchos de vosotros no tengáis un cine a mano para verla, ya sé incluso que quizá sólo podáis verla doblada. Da igual. Buscadla. Id hacia ella. No cobro comisión sobre vuestras entradas, ni Golem me hace ningún descuento. No soy amigo personal de Folman ni tengo acciones en sus compañías de animación. Simplemente me gustaría tomar la posición de cómplice para deciros que lo que va a ocurrir dentro de esas pocas salas será una experiencia grandiosa.
En general, tenemos muy pocas ocasiones de defender la belleza, de que nos atraviesen las palabras radicalmente importantes, de que nos digan la verdad sin tapujos. El Congreso ofrece una de las experiencias fílmicas más profundas que se podrán experimentar esta década, convierte las minisalas en templos pop, llena nuestros cuerpos de ideas poderosas. Habla de nosotros. Recupera el sentido de la palabra cine y reflexiona sobre su destrucción a manos de los idiotas.
En su fabuloso libro sobre Ingmar Bergman, el teórico Juan Miguel Company criticaba a aquellos que en los setenta acudían a las salas a ver Gritos y susurros como si se tratara de un ritual religioso. Yo hoy propongo, a la contra, que hoy nosotros podemos resucitar ese gesto, reivindicar el espacio de proyección como un espacio de comunión con nosotros mismos, con nuestros miedos y con nuestro destino inmediato. El Congreso es una película como una ceremonia laica que celebra el arte, la compasión, la vida y la imagen. Es una película sagrada.
Y no digo más.
Aa. R.
10.7.14
Carta de amor para Emanuelle Devos
Yo sigo escribiendo cartas de amor. Esta, en concreto, en Miradas de Cine y para Emmanuelle Devos, porque sigue siendo una mujer de rompe y rasga, de las de verdad, de las que son cuerpo y ojos y universo, porque a sus cincuenta palos no se puede estar más guapa y haber conquistado el encuadre con esa fuerza.
Como hubiera dicho Truffaut: "¡Viva la Devos!"
(Y para leer, como siempre, tal que aquí)
17.4.14
La reescritura fílmica #01: Cartas con Javier Hernández
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| La venus de las pieles, Roman Polanski, 2013 |
Aprovecho para desear a propios y extraños unas felicísimas vacaciones de Semana Santa, que no todo va a ser desbarrar cinematográficamente.
23.3.14
Carta de amor para Gianna Michaels
Así que yo te hablé de mis triunfos
de mi últimos versos, de mí mismo.
Y casi sin mirarte. Miraba tu café
que removías
ausente, como en trance,
como si fuera lo más interesante del planeta
(Rodolfo Serrano, De Entonces, un año)
Querida Gianna:
Tenía pendiente tu carta como se tienen siempre pendientes las cosas importantes. Los domingos por la tarde son los paréntesis de la escarcha y la metralla, los momentos de no afeitarme jamás y escribir las críticas tristes de la semana, añorar a los amigos, cotillear facebooks de antiguas amantes. Y escribir cartas. Los domingos por la tarde suelo pensar en ti, y de cómo nos conocimos hace ya casi una década, antes del porno en HD, de que ficharas por Brazzers, antes yo creo -¡y ya es decir!- del primer vídeo de Sasha Grey.
Hace unas semanas me preguntó un colega por qué no escribía un libro entero sobre porno, y le expliqué que no me parecía sano estar siete meses anclado en la melancolía. Se pensó que bromeaba, Gianna, pero tú y yo sabemos que es verdad y que los vínculos emocionales virtuales -¿has visto ya Her de Spike Jonze?- son la antesala de nuestro auténtico deseo. Luego está la realidad, claro, pero a quién le importa.
Cuando te conocí, Gianna, lo recuerdo, me quedé sorprendido ante tu desarmante ternura. Andábamos saturados de rubias siloconadas -el icono Jenna Jameson hizo mucho daño- y los cánones del porno post-vhs no ofrecían muchas respuestas. Amazonas de rubio industrial, ya ves tú. Pero trajiste una suerte de ternura divertida a las pantallas, una apropiación de la felicidad y de la cercanía casi impúdica, como si todo aquello fuera un juego ingenuo, como si pudieras mostrarte mucho más allá de los hercúleos erectos que pasaban por allí, torpes excusas para que le entregaras tu sonrisa a la cámara. ¡Y cómo sonreías, Gianna, con ese gesto ingenuo que uno no encontraba nunca en los bares de Alonso Martínez! Manda cojones que fuera más humana una estrella porno capaz de soportar estoicamente un bukkake que las sosipavas y gélidas after-chonis que empezaban a estudiar Ade o Económicas por lo privado. Las otras tenían problemas -exnovios cabrones, padres cabrones, profesores cabrones- pero no tenían ternura, y de haberla tenido, se la hubieran entregado a cualquier otro que les prometiera un pisito de ochenta metros cuadrados y dos hijos en las zonas del ensanche. Hice un cursillo acelerado de melancolía a partir de las tres de la mañana buscando una mujer que estuviera a tu altura -y no a la de tu escote, que entre tú y yo, siempre fue lo de menos-, la fe inquebrantable de saber que una mujer podía sonreír de aquella manera al despertar, cada mañana. Qué cabrón el que haya visto tus despertares, Gianna, y qué bonito hubiera sido rodarte en un plano fijo, a lo Sleep de Warhol, seis u ocho horas, sólo para tener esos segundos en los que abrías los ojos y comprobabas que, pese a todo, la vida seguía anclada a tu alrededor. Hasta los circuitos de la cámara hubieran podido estremecerse.
Ya sé que últimamente ando a otros menesteres, Gianna, no tienes por qué reñirme. Reconozco que Skin Diamond no me dice gran cosa, que Stoya tiene bastante gracia, que Maria Ozawa sigue manteniendo una belleza inenarrable -también a ellas les debo otras cartas, que quizá escriba otros domingos por la tarde-, pero como en tantas otras cosas, en esto del porno también adolezco de una cierta esclerosis emocional. Sin embargo, cuando te he reencontrado esta mañana en la página de Brazzers he notado como me caía una losa encima. No tanto por la fotografía -la edad te respeta, y puede que con los años te ganes ese gesto adusto y elegante que corona a las buenas mujeres-, sino por las cuatro letras que te habían endosado como categoría: MILF. ¿Cómo que MILF? ¿En qué momento, Gianna, envejecimos y nos convertimos en amantes grisáceos, machacados, carne de escombrera, estatuas de polvo en un rincón de Marienbad? ¿Acaso no nacimos el mismo año, no parecía ayer cuando estábamos escribiendo con todo el riesgo y el filo de la posibilidad, cuando no existían los domingos por la tarde? ¿Podremos sobrevivir al temporal y encontrar la sabiduría, la calma y la templanza que no encontramos en las dos últimas décadas? ¿O perderemos la partida, tú en producciones de Serie B rodadas en la cara mala de Los Ángeles, yo en clases deshabitadas ante alumnos indiferentes? Ambos vivimos de la mostración y de la sabiduría, Gianna, y ya sólo por eso tenemos una ración extra de mierda esperándonos a la vuelta de la esquina. Que Dios nos perdone, Gianna. Quizá Él pueda dilucidar quién de los dos es más sincero y quién tiene una máscara más dolorosa.
Por lo demás, querida amiga, te deseo la paz que nos regalaste, la esperanza que imprimiste en tus fotogramas, la felicidad que garantizaba tu sonrisa. Has sido la más honesta de todas las niñas que pasaron por mi vida jurando que iban a comerse el mundo. Al menos tu asumiste el proyecto con ternura, y no con egoísmo.
Te quiere.
Aa. R.
12.7.12
Carta a un amigo socialista
Quan surts per fer el viatge cap a Itaca, has de pregar que el camí sigui llarg...
(Datos sobre el contexto: Esta entrada es una versión adaptada de un correo electrónico enviado a Enrique Pérez Romero, un hombre bueno, amigo honesto y militante del PSOE , rival/cómplice infatigable. Le agradezco no sólo el cariño, sino el permiso para reproducir la adaptación y citarle)Querido Enrique:
La verdad es que se pueden decir tantas cosas que no se sabe muy bien por dónde empezar. Pero vamos a intentarlo. En primer lugar, deberíamos asimilar claramente que el PSOE no deja de ser una formación socialdemócrata, que no es sino otra manera de decir neoliberal. A partir de ahí, ya vamos mal. Sabes que siempre saco a Zizek a colación, pero esta vez no es por su deriva lacaniana, sino por su reflexión política. Nos han vendido la moto y nos han asegurado que el sistema democrático liberal funcionaba, que era tolerable y que además todos estábamos "invitados a participar". Pero seguir pensando hoy semejante patraña es no querer ver lo evidente: el problema no está en la burbuja económica (ese "vivir por encima de las posibilidades"), sino en la propia estructura del sistema económico, que estaba roto hasta los cimientos, y por ende es egoísta, inhumano, y sobre todo, violento.
También nos han vendido que hacer una oposición pacífica y democrática era razonable, hasta que hemos llegado a un punto en el que hay que pensar detenidamente ciertas cosas. No se pudo hablar de "resistencia pacífica" frente al régimen hitleriano porque era un régimen homicida. Y bien, ha resultado que el capitalismo también es homicida, pero de manera mucho más sutil. Los suicidios de Grecia y la gente que vive bajo el umbral de la pobreza son sólo dos ejemplos, por no hablar del problema global a gran escala, o del hecho de que yo te escriba este correo utilizando un monitor compuesto por una sustancia subcontratada que un menor de edad ha extraído de una mina en un país del tercer mundo. "Demagogia", dirían algunos, y quizá llevarían razón. Sin embargo, nuestro el problema es global y tiene ya infinitas capas. La diferencia es que ahora nos hace daño en primera persona y estamos asustados.
Tercera gran mentira, la keynesiana: nos han dicho que si no consumimos el barco se va a pique. Pero consumir es un acto violento, profundamente ideológico. Comprar unas zapatillas de deporte de más de treinta euros es un acto obsceno. Yo tengo dos pares, y cada uno vale más de sesenta. Y ahí está el problema. Que ni siquiera sabiendo la dimensión completa del Acto yo mismo me freno cuando entro en un centro comercial y paso la tarjeta de crédito. Si no se consume, según dicen, se paraliza el sistema. Si se consume mal -que es lo que ocurre a todos los niveles- se pone en marcha un mecanismo fascista de apropiación del otro. Hace unos años teníamos una broma muy divertida en mi grupo de amigos: cada vez que uno encendía el aire acondicionado (del coche, de casa) el resto fingían el ruido de un terremoto en Sudamérica. Cómo nos reíamos. Ahora la risa se nos ha atragantado. Hace poco leí en nosedónde que Europa está ya en un proceso de crisis mundial irreversible y que el próximo paradigma histórico pasa por servir de museo y terracita para los países árabes y asiáticos. Ríete, pero hace tres días China realizó una inversión con varios ceros en países tan fiables y democráticos como Irán o Pakistán. De momento no nos damos cuenta porque manejamos (aparentemente) los mecanismos de consumo. Pero esto -y la subida del IVA lo demuestra- tiene fecha de caducidad.
Cuarta gran mentira: España. España sigue siendo un país reaccionario que se sigue paralizando ante acontecimientos tan profundamente vestidos de patriotismo como un mundial de fútbol. España quiere consumir a toda hostia, y a ser posible, más y mejor que los de la comunidad autónoma de al lado. El PSOE no supo gestionar esta situación, y el PP la está complicando profundamente.
Problema: ¿Y qué hacemos? Porque es cierto que necesitamos una acción política, y que la acción política debe ser verdadera.
La respuesta habitual quizá es la quinta gran mentira: Escribir. Posicionarse. Formarse. Participar activamente. "Ser ciudadanía".
Una buena amiga, como creo que alguna vez te he comentado, es profundamente neoliberal. De derechas puras y duras. Ama el capitalismo por encima de todos los sistemas. Pero la tía se levanta todas las mañanas a las seis y media, se viste y se marcha a currar al centro social como una campeona. Busca trabajo a gente en paro, tramita ayuda a los inmigrantes, ofrece cobertura a enfermos. Yo cada día me sorprendo más de su -aparente- dicotomía, y además de las habituales y mitológicas broncas ideológicas de rigor, lo cierto es que su acción es social y es verdadera. Para ella no hay una justificación ideológica: curra con colectivos de riesgo porque quiere hacerlo, y punto. Antes era su vocación y ahora es su trabajo. A lo largo de los últimos años he visto cómo hacía más por esa "ciudadanía deprimida" de lo que yo y muchos de mis compañeros hicimos durante los años de militancia en el PCE.
Aquí mi argumentación se divide en dos vías. La primera es que la única acción que cuenta es la acción social, y punto. Ni pajas mentales ideológicas, ni escribir, ni blog, ni militancias, ni hostias. O sales a la calle y gestionas recursos o eres un hipócrita. La segunda es que no hay una alternativa ideológica que quiera/pueda hacer eso de manera correcta. Más claro, el agua. Ni PP, ni PSOE, ni 15M, ni IU, ni PCE, ni UPyD, por no hablar de los nacionalismos. Hemos llegado a un punto en el que el sujeto se autoimpone su propia disciplina y es militante del otro, porque el dolor del otro es verdadero, al márgen de su ideología. Y la ideología -volvemos a Zizek- nunca es verdadera. Un ejemplo: la ley de la Dependencia. Quizá lo mejor de la Administración Zapatero, una auténtica medida social y socialista. Y lo era porque ponía al otro en el centro, la pequeña problemática, la problemática real. Quiero decir, la problemática real para nosotros ya no es Bankia, ni siquiera Bruselas. La problemática real es el tipo que tiene tres hijos y 400 pavos para pasar el mes, a mí que no me jodan. Ese tipo no sabe de ideología, pero sabe de la violencia. La violencia que le están insertando analmente, la violencia del hambre y la violencia del miedo. Y esa yo sólo la puedo combatir desde el consumo (no darle a las fauces del capital lo que quiere) o desde la acción social pequeña pero verdadera.
¿Qué activos que tenemos? Claro, sabemos escribir y escribimos razonablemente bien. Pero es un activo poco importante, porque en general nos retroalimentamos en pequeños círculos onanistas. En el caso que compartimos de la reflexión cinematográfica, ya ni hablamos. Por ponerte un simple ejemplo, lo que cada día descubro en ciertas trincheras del pensamiento cinematográfico contemporáneo es que cada vez importa menos la política porque estamos muy ocupados hablando de, pongamos por caso, Apichatpong Weerasethakul. Y, mire usted, me limpio el culo con Apichapong cuando aquí abajo la gente está destrozada. Eso explica que cada vez escriba menos por aquí de cine, porque no dejo de pensar que se trata de una cosa secundaria que ni siquiera se está comportando -salvo nobles excepciones- a la altura de las circunstancias (¿Spiderman ahora? ¿Otra vez? ¿Estamos de coña?). Al final, a veces todo parece una revisión macabra de la famosa frase de Johan en Secretos de un matrimonio: "Me da igual que el mundo se vaya a la mierda. Yo tengo derecho a regar mi jardín". Apichatpong y ciertos compañeros comunes están regando un jardín precioso. Pero aquí abajo la gente se muere.
Luego, ¿qué hacemos? Ahí está el problema, que no me sale el salto del singular al plural. ¿Que hago? Escribo, dono una parte de mis ingresos a cierta entidad benéfica en la que confío, ayudo a mi amiga neoliberal cuando está de bajón y tiene ganas de mandarlo todo a la mierda. ¿Es suficiente? No, no es suficiente. Pero, ¿en serio puedo militar en algún lado? ¿Con gente que habla de oposición pacífica, de no llamar las cosas por su nombre, de no dejar que las bases se manifiesten? ¿Gente que pacta con los mismos asesinos que quieren asfixiar a España para que sus economías nacionales no se hundan? ¿Con europeístas? ¿Se puede seguir hablando de Europa -y en esto, me da pena, no estoy con Zizek- cuando en Europa se juega al Sálvese quien pueda? De entrada, vuelvo a Karl Marx porque creo que es verdadero. Pero Marx tenía un "nosotros" que ahora no existe.
Excepto.
Excepto el pequeño, importante y trágico debate de quién construye mejor que nadie el "nosotros". Y es la masa. Esto es, el fascismo. (Fascismo, ya sabes, viene de la palabra "haz"). Con lo que vuelvo al punto que ya sabes que me aterra y me atormenta: cuando la gente está desesperada, puede optar por la ultraderecha. Lo dice la Historia, una vez más. El problema es que antes al fascismo se le combatía con una palabra preciosa llamada "Democracia" que ahora mismo se nos ha roto entre las manos. El resto de la argumentación ya sabes cuál es.
Recibe un fuerte abrazo:
Aa. R.
14.12.11
Urdangarín: Carta de ley y muerte
No hay aquí ningún proceso. Luis no es un acusado. Vosotros no sois jueces. No podéis ser más que hombres de Estado y representantes de la nación. No tenéis que ofrecer una sentencia a favor o en contra de un hombre, sino que debéis tomar una medida de salud pública, un acto de providencia nacional (...) Si Luis puede todavía someterse a un proceso, puede resultar inocente, Es más, lo sería hasta ser juzgado.
Pero si resultara absuelto, si puede ser presuntamente inocente, ¿qué sería de la revolución?
Pero si resultara absuelto, si puede ser presuntamente inocente, ¿qué sería de la revolución?
(Robespierre, sobre la ejecución de Luis XVI)
Say, don´t you remember, I´m your pal... Brother, can you spare a dime?
En los años dorados, el Sr. Urdangarín excitaba a las abuelas chochas del armario rancio español, que iban a verle casarse y a gritarle guapo, ay guapo, guapo guapísimo quién te pillara como nuero, ay Urdangarín. Formaba parte de esa corte decadente, estúpida, canina y reaccionaria que se frotaba eróticamente con los folclorismos de la España autodestructiva y zafia: el Rocío, el Bribón, Cayetano, niño sácale un fino a la concurrencia. De categoría, señor patrón, de categoría.
En los años dorados, el Sr. Urdangarín fecundaba monarquías caducas, descompuestas y tóxicas. Las abuelas contenían una lágrima patriótica y apretaban con noble amor las agujas de tejer la Historia, ay, qué mona es la niña que ha salido a su padre, tan guapa y tan simpática, acuérdate del príncipe cuando era pequeño, ay, que España sigue viva. Sr. Urdangarín, en los años dorados su falo triunfal y fecundador era César Victorioso, garantía patria, taconazo, que en España está amaneciendo a todas las putas horas.
Sr. Urdangarín, ¿dónde estaba su suegro el 11M?
Sr. Urdangarín, ¿dónde estaba su mujer cuando usted metía mano en la caja? ¿Se hacía la manicura tomándose un válium de bajada suave tarareando un hit de Amaia Montero? ¿Soñaba con haber nacido perroflauta, feminista, así rollito Bebe, antiprincesita de sábanas gélidas y portadita de Lecturas? Pero usted, maestro, ole maestro, mojó sus gallumbitos Calvin Klein y se le erizaron los pezones bajo el polo Lacoste ante la posibilidad total de llevárselo crudo. En la fiesta de la democracia, brother, can you spare a dime?
No pensaba escribir nada al respecto, Sr. Urdangarín, si no fuera por que usted se ha superado. Lo ha conseguido. Ha llegado al límite del hijoputismo pasando por la espiral descendente de la maldad en estado puro. Todos hemos sabido siempre que los borbones son una dinastía de caraduras, mujeriegos, simpáticos ladroncetes que viven del cuento, amigos de lo ajeno pero que salen guapos en la foto y, en fin, a lo peor son una parte de España.
Pero utilizar a niños enfermos de cáncer para desviar fondos ya no es una alegre cabronada -de cabrón, de fornicio- histórica. No tiene nada que ver con irse de putas en la moto, o con tomarse dos copas de más, o con no mover un dedo contra el terrorismo. Sr. Urdangarín, usted nos ha demostrado de nuevo aquello de la banalidad del mal. Usted nos ha demostrado que, simple y llanamente, el nacimiento de ciertas personas es un error, en fín, un desliz divino, un problema derivado de la teoría del caos, un mono imbécil que evolucionó hasta convertirse en un monstruo, en una pesadilla.
Pero verá, Sr. Urdangarín. La cosa es que usted nació en un país de imbéciles que no van a exigir su cabeza. Literalmente, quiero decir. Usted es el cáncer, y mientras usted espera un juicio (in)justo del que saldrá casi indemne -se me ocurren 192 nombres que, de seguir vivos, firmarían mi argumento-, esta sociedad que le jaleaba y suspiraba por sus huesos de nuerísimo se muere. Sr. Urdangarín, mi país se muere.
Usted no lo sabe, pero mi país se muere. Niño, sácale al señor un orujito, que tiene mala cara.
Váyase usted a la mierda, Sr. Urdangarín. No puedo confiar en mis contemporáneos para que (le) hagan justicia porque todavía no ha salido un app para el Iphone con forma de guillotina. No puedo confiar en la Historia, porque la Historia está muerta y agoniza en los prostíbulos de un marxismo que se empolva en su tocador Indignado. No puedo confiar en los intelectuales, porque los intelectuales están muriéndose de hambre o haciendo méritos para un plaza amañada de Contratado Doctor en la Universidad Arruinada de Turno. Sólo le digo -al menos, por el momento- una única cosa. Usted es culpable. Y no hay pena ni ley alguna sobre la tierra capaz de ceñir toda la miseria que se ha inyectado en las esquinas del alma. Usted es culpable, y con usted, todos los que le jalearon, jalearon a su descendencia y corrieron a celebrar su Triunfo de papel satinado.
Y si han de callar, que callen aquellos/los que firmaron pactos de silencio.
18.11.11
Carta abierta a Mariano Rajoy, dos días antes del 20N
"En la actualidad, en nuestro país (...) los liberales le tienen miedo a la libertad y los intelectuales no vacilan en mancillar la inteligencia"
(George Orwell)
Estimado Sr. Rajoy:
Son curiosos los motivos que llevan a una parte del electorado a no acudir a las urnas. Una vez que el político gana, una vez que comienzan los parabienes, las felicitaciones, los posados desde el balcón y la algarabía de la muchachada juvenil, los equipos de gobierno suelen olvidar quiénes y por qué se sintieron ninguneados, descartados, expulsados de los juegos de la política mayoritaria. Yo, por el contrario, recuerdo. Recuerdo perfectamente los motivos que me llevarán el próximo domingo a guardar un silencio reverencial y sincero ante el show impúdico de la Gran Democracia Española. El primero y más urgente, fue su descabellada y cobarde ausencia en las manifestaciones a favor de las Víctimas del Terrorismo, abriendo así la puerta a que su lugar fuera ocupado por pancartas e insignias de las más terroríficas y peligrosas formaciones ultraderechistas de nuestro país. El segundo, aunque a usted le parezca una estupidez, ha sido la nula capacidad retórica, la insuficiencia para presentarse a su electorado no como un ejecutor, sino como un pensador liberal -esto es, coherente. El colofón y la gracia final han sido sus declaraciones acusando de "tecnócratas" a los gobiernos europeos compuestos por economistas, profesores de universidad, pensadores y expertos concretos, anteponiendo en su lugar una cosa tan difusa y pueril como los "buenos gobernantes".
Las palabras, Sr. Rajoy, encierran siempre realidades. Incluso para una persona que se ha empeñado en no discutir con nadie, en no pelear su futura presidencia a nadie, en no molestar ni enfrentar ni realizar ningún tipo de reflexión incómoda. Las palabras -los profesores universitarios lo sabemos- son el legado más maravilloso de nuestro pequeño sistema cultural, y cuando no se cuidan ni se pelean, acaban prostituídas y convertidas en Neolengua. Usted quizá no lo sabe -quizá no ha leído 1984, y si lo ha leído, me pregunto cómo demonios dijo públicamente que su libro favorito era La catedral del mar-, pero las palabras son el vínculo con el pasado y la herramienta de construcción del futuro. Y le digo esto porque me gustaría saber qué entiende usted por "buenos gobernantes", quiénes son, qué van a hacer, dónde están.
Quizá por "buenos gobernantes" usted entienda a un tipo de director de partido que se presenta por tercera vez consecutiva a unas elecciones generales después de haber perdido bochornosamente la confianza de un electorado que ahora le votará por pura desesperación. Quizá también entienda por "buen gobernante" a no pelear la presencia de los miembros más valientes y coherentes de sus filas -pienso en Ortega Lara, pienso en María San Gil-, por decisiones de corrala interna, cenita al lado de Génova, collar de perlas y perfume barato. Quizá usted entienda por "buen gobernante" no pronunciar ni una sóla palabra sobre ideología, pensamiento, reflexión o inflexión en torno a eso que ustedes llaman liberalismo pero que yo sólo encuentro corrala de colegas, pelo Nino Bravo, polito de marca, cortijo, rubia maquillada y foto con Los del Río. Y eso, en fín, tiene poco que ver con esos malvados "tecnócratas" que quieren salvar a sus países.
Usted ganará las elecciones, y al decir de las encuestas, con una mayoría apabullante. Pero no se engañe. Sus votos no son los votos de la buena política, ni de la inteligencia estratégica, ni del discurso afilado. Sus votos no son los votos de la emoción, la esperanza en el futuro, la pasión de la buena política. Sus votos huelen a pánico, a desesperación, a sálvese-quién-pueda, e incluso a lo peor, a revanchismo. Ojalá tenga la suerte, la fuerza y los recursos para hacer algo en esta inmesa fosa séptica de país en la que nos hemos convertido. Se lo digo con la mano en el corazón: ya que no hace ni ideología, ni pensamiento, ni lucha con furia, ni seduce a nadie, ni hace esas cosas que por lo visto no hacen los "buenos políticos", ojalá por lo menos genere algo, algún tipo de riqueza. Ojalá pase algo que me borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve.
Felicidades, Presidente.
23.6.11
Carta de amor a Sasha Grey
Querida Sasha:Desde que te fuiste, las cosas no han vuelto a ser lo mismo. Te escribo, sí, con la rabia del amante despechado que acaba de arrojar tus vestidos y tus vinilos por la ventana, ya sabes, como aquella rubia histérica que se encaraba con Tom Waits en Down by Law. Nos quisimos tanto, Sasha, nos amamos con tanta sinceridad y tanta fiereza, con tanta complicidad...
Desde que te fuiste, Sasha, he invitado a casa -a nuestra casa- a otras mujeres. A Stoya, por ejemplo, o a Riley Mason, o a la vieja y buena Jenna Haze, que sigue dejándose caer por aquí de vez en cuando. La Haze es siempre la mejor: me prepara café, me canta Moon River y me deja apoyar la cabeza contra su hombro. También hay una amateur emo que se pone a aporrear la puerta a altas horas de la madrugada, y luego me insulta y me grita que soy una farsa y que la he utilizado. Lleva razón, claro, pero eso ya debería saberlo.
Algunas tardes, cuando vuelvo del trabajo, me siento triste y vuelvo a ver The Girlfriend Experience, y te maldigo entre dientes por ser tan hermosa y tan inteligente, tan mal bicho, tan incompatible, tan exquisita, tan distante, tan gélida, tan apasionada, tan reservada y entregada al mismo tiempo. Si, Sasha, eres un mal bicho, y ya me lo dijo otra Jenna (Jameson, en este caso) hace ya casi diez años: "Aarón, nunca te enamores de un mujer que mire como el I put a spell on you de Nina Simone. Esas son las peores".
Pero claro, ya era tarde. Era tarde en todos los relojes del cielo.
Desde que te fuiste, Sasha, ando dando tumbos por los hospicios y las güísquerías preguntando si te han visto en algún lugar, si dejaste algún recado, llame al encargado y pregúntale otra vez, por favor, quizá no se acuerda de mi cara pero estuvimos aquí muchas muchas veces. Unos dicen que te piraste a meditar y a expurgar tus culpas masticando tallos ázimos cerca de Pokhara, avergonzada por nuestra vida de pecado y exceso. Otros dicen que has montado un grupo y vas haciendo bolos por bares y gasolineras de provincia. Los últimos, los que te conocieron en mi misma intimidad, guardan silencio y se piden otro trago.
Por lo demás, espero que la fortuna te sonría y que encuentres -sea lo que sea- lo que estés buscando. Nos has dado tanto a cambio de tan poco que sería egoísta negarte el placer de lo compartido. Hasta que nos veamos de nuevo, recibe un fuerte abrazo:
Aa. R.
24.5.11
Carta de amor a Russian Red

Querida Lourdes:
Y es que, al final, uno desciende siempre del cinismo al mito, o así, y yo siempre me he confesado un enamorado de la cultura pop y del amor descarado por los mitos, la pequeña mitomanía de andar por casa que nos salva de los atascos, de los malos momentos, de hacernos viejos, de la intolerable fealdad de la existencia. Sin embargo, en fin, el pop es el pop e imagino que has tenido la mala suerte de nacer en un país que no te va a perdonar. No te perdonará la belleza, claro, pero tampoco el flirt con las masas que te adoran (aquí, ya sabes, vendes cuatro discos y eres una mierda, véase "Efecto Vetusta Morla y tu-antes-molabas"), ni tampoco el haberte convertido en la reina del Diez Minutos Indie con tus amores, tus idas, tus venidas, lo que se rumoreaba en el backstage de tal grupo pálido de envidia, en fin, qué pereza.
Pero estás aquí de nuevo, con un disco que es un discazo y que no gustará a los Auténticos Sacerdotes del Indie, pero que yo escucho con interés y con placer, deslizándome entre las referencias y entre lo que, ya lo sabemos, es tu "nuevo sonido" sin ser un nuevo sonido, ni falta que le hace. Creo que comprendo -y es un decir, estas cosas nunca se comprenden del todo- tu decisión de cerrar con un portazo la pose de ñoñi-sensibilidad-underground que casi se fagocita tu leyenda antes de nacer. En las colas de las salas pop de la capital se multiplicaban clones de Russian Red sin-Russian Red, es decir, niñas razonablemente monas con flequillo y los morros pintaditos de rojo con pantagruélicas gafas negras. El problema, claro, es que ellas eran reales, se ponían hasta el culo, se marchaban con el vigoréxico de turno y nos decepcionaban sistemáticamente, por muy indies que se autoconfesaran. Cosas de la noche, Lourdes, cosas que siempre acaban en la confesión, o en el momento de regresar al hogar por avenidas gélidas e inhabitables escuchando "Gone, play on" en el Ipod y pensándose si aquella no era una de las mejores canciones -ay Dios, que lo diré- de toda la primera década del siglo XXI.
"Gone, play on" que ya tiene su hueco en mi biografía, como dentro de poco lo tendrán "My love is gone", "The memory is cruel" o "The sun The trees". Dios bendiga tu personaje mientras pueda existir y soportar el latigazo de los focos y los borrachos de la primera fila que sueñan contigo en un motel de carretera. Qué jodido es exponerse en la intimidad de los pequeños gestos a ese gran Otro que te mira en silencio con intenciones indescifrables, y por otro lado, qué otra cosa es Russian Red sino un trazo del deseo o de la fantasía, o todo eso que soñamos en un parpadeo a los quince una tarde de verano. El último verano, claro.
Con lo que, bueno, uno ya tiene unos años para saber que la exquisitez es siempre un crímen inconfesable y que, de puertas para dentro, los mejores recuerdos son siempre falsos y onanistas. Cosas del ser, del tiempo, de todo aquello que todavía era cuando eras Lourdes y todo ese mundo que seguirá guardando precisos secretos cuando tú y yo ya estamos en otra historia, pasados de moda, el cultureta baboso escribiendo a la diva pop con el gesto de un gusano sorprendido de su propia prosa. Hasta entonces, ya que estás aquí, habrá que volver a escuchar tu último trabajo.
Recibe un fuerte abrazo.
Aa. R.
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