Mostrando entradas con la etiqueta Shoah. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Shoah. Mostrar todas las entradas
4.9.14
Análisis fílmico de "La zona gris"
Seguimos con la racha de publicaciones y de análisis. En esta ocasión, vuelvo por mis fueros holocáusticos con un análisis publicado en papel hace algunos meses -pero ya disponible online- sobre la fantástica película de Tim Blake Nelson a propósito de la revolución de los Sonderkommandos de Auschwitz, La zona gris.
Lo podéis leer tal que aquí.
26.5.14
#04. PROYECTO IDA pawlikowski. [Traición de Corintios]
I.
Hoy decido mirar el texto desde fuera del texto.
Si yo hablase todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como metal que resuena o címbalo que retiñe
(He robado dos discos en mi vida, hoy ya puedo confesarlo. Fue pasado los diecimuchos, dos cd´s que todavía guardo, el Requiem for my friend y la banda sonora de Azul, ambos de Preisner. A Corintios tardé algunos años más en llegar, en mitad de la redacción de la tesis, pero de eso hablaré en otro momento)
II
Hoy, 26 de Mayo de 2014, es un buen día para hablar de la inutilidad del arte. Por ejemplo de esta secuencia, que no pertenece a Ida pero que, de alguna manera, dialoga con Ida:
Hoy, 26 de Mayo de 2014, es un buen día para hablar de la inutilidad del arte. Por ejemplo de esta secuencia, que no pertenece a Ida pero que, de alguna manera, dialoga con Ida:
La Canción para la Unificación de Europa de Preisner, lo dije hace poco por aquí, es la canción por antonomasia que se impone sobre el duelo. Los colectivos judíos no estarían de acuerdo (¿por qué aceptar que podría suturar su particular duelo un texto que remite directamente a San Pablo?), pero en este lado de Europa en el que crecen las alambradas las cosas funcionan de otra manera.
Todorov, en su exquisito Los abusos de la memoria, señaló que escribir actualmente sobre el Holocausto ya no implicaba ningún riesgo, ninguna apuesta, que políticamente era un acontecimiento desactivado en comparación con otros problemas más urgentes que experimentaba Europa.
Todorov estaba equivocado.
III.
Quiero hacer el análisis pero el texto queda extrañamente difuminado ante la grisácea exigencia de la realidad. El análisis fílmico -la crítica cinematográfica- no es una guerra preventiva contra el pánico sino un espejismo para sujetar la subjetividad allí donde se necesita imperiosamente la presencia de colectividades.
Dos apuntes sobre dos conversaciones paralelas en Twitter:
1) No es lo mismo indignarse que desesperarse. Si no has comenzado a sentir pánico ante lo que está ocurriendo ahí fuera es que -cito al sesgo a Rainer Höss, el nieto de Rudolf- crees que la democracia, la igualdad y los derechos humanos están garantizados. Me sorprende profundamente la estulticia de pensar que, en base a no se qué fuerzas optimistas y positivas que dominan el universo -habría que culpar, quizá, a Bucay, a Coehlo, a Punset y otros que se empeñaron en "defender la alegría" cuando Europa comenzaba a desintegrarse- nuestra propia vida, incluso ante un régimen totalitarista, estaría garantizada.
2) No es lo mismo indignarse que desesperarse. Europa ha aprendido a hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no ha sido suficiente. Conviene no llevarse a engaño. Los que nos dedicamos a estudiar estos menesteres sabemos que lo que realmente llevó al triunfo al Partido Nazi a las elecciones fue que los ciudadanos alemanes votaban no tanto a favor de Hitler sino contra la República de Weimar.
IV.
El análisis va despacio. 18 minutos de metraje, 11 secuencias, más de una semana. Escucho la sinfonía Nº 41 de Mozart en la versión de Abbado y Das Rheingold en la versión de Baremboin en Bayeruth en el 91. No es la mejor, pero me gusta escuchar a Baremboin dirigiendo a Wagner.
El problema no es el texto. El problema es todo lo que la realidad teje alrededor del texto y comienza a manifestarse como una costra de significantes mayores que, simplemente, lo borran. Por eso a veces necesito mirarlo desde fuera.
19.5.14
#01. PROYECTO IDA pawlikowski . Laboratorio de Análisis Fílmico
Motivación:
a. 8 entradas de twitter levantando acta del agotamiento sentido ante la falta de un proyecto de análisis fílmico.
b. Situación de la investigación en España con respecto al microanálisis fílmico: Las revistas que aparecen en el JCR o en las tablas de índice de impacto (es un decir, ahora que el In Recs ha cerrado), muestran cada vez mayor dificultad a la hora de aceptar trabajos con una metodología microanalítica. La explicación es sencilla: para hacer un buen análisis no necesitas una tonelada de referencias bibliográficas ni citar a la mitad de los catedráticos vivos. He podido comprobar una cierta tristeza entre mis amigos analistas y académicos, ante el bloqueo de lo que consideran "sus mejores trabajos" en pro de una investigación gélida basada en la cita, la acumulación de datos que intentan impostar un positivismo muy del gusto reinante y una negación de la emoción fílmica y de la inserción de la subjetividad del analista.
c. Situación de la investigación en España: en el momento de redactar estas líneas tengo seis artículos pendientes de revisión por pares en distintas publicaciones. No verán la luz, probablemente, hasta bien entrado el 2015 o incluso en el 2016. Lo mismo ocurrirá con el análisis de Ida que pretendo acometer. Su importancia, su frescura, simplemente se desvanecerán.
d. Situación de los lectores de la investigación en España: ¿Cuántos lectores reales tiene un artículo en una revista de índice de impacto? ¿Cuántos lectores tiene cada una de mis entradas en el blog? ¿Se trata, por lo tanto, de difundir los resultados de la investigación o de apuntarse un tanto de cara a los procesos de selección a las distintas plazas de las universidades públicas que, bien sea por los distintos recortes económicos, bien por otros factores, ni salen ni van a salir?
e. Situación de la Universidad en España. ¿Podrá cambiar mi artículo (no)publicado sobre Ida de Pawel Pawlikowski la voluntad de un tribunal universitario que decidirá sobre la ocupación de alguna de esas plazas? Respuesta: No.
Sin embargo, yo tengo una deuda con Ida.
Metodología:
Entendiendo como he entendido siempre El séptimo sello como un espacio abierto en el que he venido experimentando todo tipo de técnicas a propósito de la reflexión cinematográfica, cultural, política -casi toda mi producción, a excepción de los artículos científicos, es necesariamente experimental para lo bueno y para lo malo-, me propongo congelar durante algunas entradas su ritmo habitual para utilizarlo en lo que he llamado el "PROYECTO IDA pawlikowski", esto es, una serie de entradas en las que -desde esta misma semana-, iré compartiendo las fases previas del análisis fílmico.
Mi voluntad es abrir las puertas del laboratorio analítico para mostrar cómo trabajo y qué ideas atraviesan mi lectura del texto. El lector puede interactuar conmigo si lo desea, o simplemente, desentenderse del experimento. Mi necesidad es asegurarme de que la acción analítica deja de ser una cuestión hermética y ofrecer fotografías de los croquis, capturas de pantalla, rastros de la identidad vivida en el análisis como las siguientes.
No sé cuántas entradas utilizaré, o siquiera si me cansaré del experimento.
Resultados:
Mi intención es visibilizar todas las entradas del proceso analítico: desde hoy, que abro hoy por primera vez el archivo con la película, hasta que llegue a publicarse en una revista académica. Por supuesto, las cartas de rechazo y los informes negativos de los distintos tribunales de revisión también serán publicados. Esto hará que cada cierto tiempo utilice el blog como repositorio experiencial del proceso productivo. Lo que quiero es visibilizar el esfuerzo del análisis, pero sobre todo, el contenido subjetivo del mismo y la cantidad de ideas que se dejan detrás cuando uno encara realizar una lectura textual. Quizá a través de los escombros de lo que no se dice en los artículos de investigación surja por algún lado la verdad de lo que realmente resulta importante en el texto.
a. 8 entradas de twitter levantando acta del agotamiento sentido ante la falta de un proyecto de análisis fílmico.
b. Situación de la investigación en España con respecto al microanálisis fílmico: Las revistas que aparecen en el JCR o en las tablas de índice de impacto (es un decir, ahora que el In Recs ha cerrado), muestran cada vez mayor dificultad a la hora de aceptar trabajos con una metodología microanalítica. La explicación es sencilla: para hacer un buen análisis no necesitas una tonelada de referencias bibliográficas ni citar a la mitad de los catedráticos vivos. He podido comprobar una cierta tristeza entre mis amigos analistas y académicos, ante el bloqueo de lo que consideran "sus mejores trabajos" en pro de una investigación gélida basada en la cita, la acumulación de datos que intentan impostar un positivismo muy del gusto reinante y una negación de la emoción fílmica y de la inserción de la subjetividad del analista.
c. Situación de la investigación en España: en el momento de redactar estas líneas tengo seis artículos pendientes de revisión por pares en distintas publicaciones. No verán la luz, probablemente, hasta bien entrado el 2015 o incluso en el 2016. Lo mismo ocurrirá con el análisis de Ida que pretendo acometer. Su importancia, su frescura, simplemente se desvanecerán.
d. Situación de los lectores de la investigación en España: ¿Cuántos lectores reales tiene un artículo en una revista de índice de impacto? ¿Cuántos lectores tiene cada una de mis entradas en el blog? ¿Se trata, por lo tanto, de difundir los resultados de la investigación o de apuntarse un tanto de cara a los procesos de selección a las distintas plazas de las universidades públicas que, bien sea por los distintos recortes económicos, bien por otros factores, ni salen ni van a salir?
e. Situación de la Universidad en España. ¿Podrá cambiar mi artículo (no)publicado sobre Ida de Pawel Pawlikowski la voluntad de un tribunal universitario que decidirá sobre la ocupación de alguna de esas plazas? Respuesta: No.
Sin embargo, yo tengo una deuda con Ida.
Metodología:
Entendiendo como he entendido siempre El séptimo sello como un espacio abierto en el que he venido experimentando todo tipo de técnicas a propósito de la reflexión cinematográfica, cultural, política -casi toda mi producción, a excepción de los artículos científicos, es necesariamente experimental para lo bueno y para lo malo-, me propongo congelar durante algunas entradas su ritmo habitual para utilizarlo en lo que he llamado el "PROYECTO IDA pawlikowski", esto es, una serie de entradas en las que -desde esta misma semana-, iré compartiendo las fases previas del análisis fílmico.
Mi voluntad es abrir las puertas del laboratorio analítico para mostrar cómo trabajo y qué ideas atraviesan mi lectura del texto. El lector puede interactuar conmigo si lo desea, o simplemente, desentenderse del experimento. Mi necesidad es asegurarme de que la acción analítica deja de ser una cuestión hermética y ofrecer fotografías de los croquis, capturas de pantalla, rastros de la identidad vivida en el análisis como las siguientes.
No sé cuántas entradas utilizaré, o siquiera si me cansaré del experimento.
Resultados:
Mi intención es visibilizar todas las entradas del proceso analítico: desde hoy, que abro hoy por primera vez el archivo con la película, hasta que llegue a publicarse en una revista académica. Por supuesto, las cartas de rechazo y los informes negativos de los distintos tribunales de revisión también serán publicados. Esto hará que cada cierto tiempo utilice el blog como repositorio experiencial del proceso productivo. Lo que quiero es visibilizar el esfuerzo del análisis, pero sobre todo, el contenido subjetivo del mismo y la cantidad de ideas que se dejan detrás cuando uno encara realizar una lectura textual. Quizá a través de los escombros de lo que no se dice en los artículos de investigación surja por algún lado la verdad de lo que realmente resulta importante en el texto.
11.5.14
Cine y Shoah (segunda temporada): 06.La Iglesia en el cine del Holocausto
![]() |
| Amén. (Costa Gavras, 2002) |
Sexta edición del programa Cine y Shoah que realizo en colaboración con los cómplices de Radio Sefarad. En esta ocasión, sin evitar los charcos, una aproximación introductoria a la manera en la que el cine ha dado cuenta de las relaciones entre Iglesia y Holocausto. Se quedaron muchas ideas en el tintero, pero como un boceto aproximado de la cuestión, puede servir. Como siempre, se puede escuchar tal que aquí.
1.5.14
Cine y Shoah (segunda temporada): 05. El caso Jedwabne
![]() |
| Poklosie, Wladislaw Pasikowski, 2009 |
El caso Jedwabne ha sido uno de los episodios que más me ha interesado en los últimos años en el tratamiento de las representaciones holocáusticas. Desde películas tan notables (y desconocidas) como Poklosie hasta obras de teatro como Nuestra clase, lo ocurrido en el pequeño pueblecito polaco sigue resonando sobre nuestra idea de la cultura. Charlo con Raquel Cornago durante un ratillo a propósito de lo ocurrido tal que aquí.
3.4.14
Cine y Shoah (Segunda temporada): 04. La Shoah por balas
Dentro del más que complejo tapiz de diferentes matices que tiene la representación holocáustica, hay algunos trabajos que deciden escapar voluntariamente de lo ocurrido en el interior de los campos y, en su lugar, ahondan en lo ocurrido al hilo de las matanzas de los Einsatzgruppen. En esa dirección se dirige, también, el cuarto programa de Cine y Shoah que se puede escuchar, gracias a los amigos de Radio Sefarad, tal que aquí.
2.3.14
Cine y Shoah (Segunda temporada): 03. El cine dentro de Auschwitz
Tercera entrega de la segunda temporada de Cine y Shoah. Entre otras cosas, en este podcast hablo a propósito de los trabajos de Fabrice D´Almeida y de Janina Struk, algunas novedades en los estudios holocáusticos históricos y posibles ejercicios de historiografía paralela a través/a propósito del cine. Se puede escuchar, como viene siendo habitual, tal que aquí.
13.2.14
Cine y Shoah (Segunda temporada): 02. La música en los campos
Ya está entre nosotros el C02S02 de "Cine y Shoah", en nuestra cita quincenal con la reflexión holocáustica. En esta ocasión, hablo -entre otros- de John Williams, Munk, Wajda, y otros nombres especialmente crujientes para entender las relaciones entre música y cine del Holocausto. Como siempre, vía Radio Sefarad.
15.1.14
Nuevo Podcast: "El último de los injustos" de Claude Lanzmann
La superposición de estrenos de cine que giran en torno al Holocausto de esta semana nos va a dar para una batería de enlaces a colaboraciones en distintos medios a lo largo de las próximas semanas. De entrada, seguimos con los podcasts, así que aquí va la charraeta con Raquel Cornago en Radio Sefarad que nos pegamos a propósito de El último de los injustos, la última cinta de Claude Lanzmann. Aunque sea, como bien saben, mi admirado enemigo íntimo, su última película es una obra maestra que nos va a dar mucho material para pensar y para compartir.
Disponible tal que aquí.
12.1.14
Cine y Shoah (Segunda temporada): 01. La liberación de los campos
Ya han colgado los compañeros de Radio Sefarad el primer podcast de la segunda temporada de Cine y Shoah, en el que trato sobre la liberación de los campos al trasluz de El baile de los malditos y de Uno Rojo, División de choque.
Se puede escuchar tal que aquí.
25.7.13
Apuntes sobre el "Auschwitz" de Uwe Boll
01.
Uwe Boll rueda una cinta que no se pretende documental ni ficción, sino síntoma.
Síntoma dicho así, como un disparo, sin la menor piedad. Síntoma de su propio estilo cinematográfico -Boll no deja de ser un auteur en la mejor tradición cahierista, pese a quien pese-, pero síntoma también de su identidad alemana y de la incapacidad para generar un relato que conecte la culpa, el prestigio y el perdón. Ya se sabe -todos hemos tenido amigos que lo hacían- que llorar de cara a la galería no sólo garantiza una empatía pueril e inmediata, sino que además ofrece una pátina de impostada responsabilidad. El mea culpa, al caer la tarde, es muy compatible con la lógica pequeñoburguesa de Occidente.
Ahora bien, su Auschwitz es una pieza que puede ser entendida también como brújula y como afortunada acumulación de errores. No tanto en lo referente a los límites de la representación -Boll demuestra por exceso que la cámara de cine se puede introducir en la cámara de gas, si bien sus decisiones formales son poco inspiradas-, como en lo que tiene que ver con la responsabilidad histórica de la escritura sobre el Holocausto. Únicamente por esos dos vectores -la reflexión sobre la culpa y la torsión de la historia- su Auschwitz debería ser tomado en consideración.
02.
En la última habitación de Yad Vashem encontré proyectada una cita de Jean Amery que decía algo así como que el lenguaje debía detenerse allí donde se manifestaba el extremo más radical de la realidad. Nuestro director intenta demostrar que Amery se equivocaba -idea, por cierto, que comparto con Herr Doctor Boll, como le llaman sus seguidores-, y tiene los suficientes arrestos como para no dejarlo en una simple declaración de intenciones, sino para intentar llevarlo a la praxis. Boll se cuela de refilón en el debate entre Lanzmann y Didi-Huberman, pero perfumado de una cierta pose punk en la que queda claro que le importa un bledo lo que piense el resto del mundo.
Y eso, debo confesarlo, me llena de respeto. Sobre todo a la hora de hablar del Holocausto. A la contra de muchos de mis contemporáneos, pienso que si hay un territorio en el que el artista o el ensayista debe equivocarse formalmente para intentar llegar más lejos, ese es precisamente el Holocausto. Y repito: formalmente, pero no en el compromiso con el tema, esto es, con la Historia.
03.
La parte central de la cinta de Boll -la referente al proceso de exterminio-, tiene una gran virtud y dos tremendos errores.
La virtud tiene que ver con la propia negación inicial de cualquier narrativa. Durante más de veinte minutos, la cámara y el montaje saltan de un personaje a otro bloqueando cualquier tipo de identificación. Las imágenes están construidas con una suerte de pathos borroso, grisáceo, a medio camino entre el vídeo casero y la pieza amateur de videoarte. En cierto sentido, esa fealdad en la enunciación le otorga a la cinta una especie de feísmo torpe que, de puro abstracto, acaba por resultar interesante. Boll se introduce, probablemente sin buscarlo, en una especie de zona gris enunciativa en la que los movimientos, las líneas de composición del encuadre y la torpe corrección de color tienen una suerte de interés confuso, una especie de indefinición desapasionada que le otorga una réplica nueva tanto a la demoledora potencia emocional de, pongamos por caso, La lista de Schindler.
El primer error es, lamentablemente, la falta de cualquier tipo de rigor histórico. Boll comienza mal introduciendo en la película imágenes de archivo en color que no corresponden a Auschwitz, sino probablemente, a Buchenwald o a Dachau.
Las imágenes de Auschwitz rodadas por los operadores rusos no sólo fueron tomadas en blanco y negro con otro modelo de cámara, sino que además fueron inmisericordemente manipuladas por las autoridades soviéticas y resultan, a la contra, mucho menos impactantes que las de los campos aliados. A partir de este punto, intenté hacer una reconstrucción mental para ver en qué momento concreto de la historia del campo insertó Boll la narración. Objetivo imposible: los pocos datos ofrecidos no coinciden en el tiempo. Por un lado, no hay rampa en Birkenau, sino que las víctimas descienden en un paraje que recuerda remotamente a la Judenramp, lo que nos lleva -por la climatología de las imágenes- a pensar que están localizadas, como muy tarde, en Otoño de 1943. Sin embargo, los soldados alemanes hablan de la cercanía de los soldados rusos, y se quejan del mal funcionamiento de ciertos hornos. Boll podría haber intentado ubicar su narración en algún momento de las deportaciones finales húngaras, antes del levantamiento de los Sonderkommandos -cuyas funciones, por cierto, tampoco están correctamente retratadas en la cinta-, pero entonces ya estaríamos hablando de principios del otoño de 1944, con lo que podemos entender por qué se niega a realizar ningún tipo de conexión directa con Birkenau. Básicamente, este tipo de errores hacen que lo que el propio Boll propone en el prólogo como una película comprometida con la obligación de decir la verdad se caiga a pedazos.
El segundo error es, por supuesto, la torpe humanización de los verdugos. Boll no pone palabra alguna en las víctimas, pero los alemanes que trabajan en las cámaras de gas se pretenden personajes tridimensionales, complejos, atormentados. Al final, las escenas de Auschwitz no hablan tanto de los difuntos, sino de sus verdugos. Y lo hacen, por supuesto, con las herramientas habituales: familia, codicia, culpa, arrepentimiento. Ni siquiera son los hombres grises de Browning.
04.
Siempre me han interesado las cintas que, contra sus limitaciones, intentan decir algo. Probablemente, Auschwitz sólo significa para Boll una excusa narrativa con la que intentar llamar la atención en su intensa carrera de enfant terrible. Sin embargo, eso no evita que en ocasiones acierte de refilón en el blanco, o que muestre precisamente las carencias de los tics de nuestro modo de representación a la hora de enfrentarse al Holocausto.
Y aquí me permito el lujo de cerrar con una pregunta en la que podrían encontrarse algunas pistas interesantes: ¿Por qué un tipo especialista en adaptar videojuegos decide, de pronto, hablar sobre el Holocausto? Prometo darle unas vueltas.
13.7.13
Apuntes desde Israel #03 . Yad Vashem
Pienso quién soy en Yad Vashem. Pienso en los pasos recorridos y las páginas leídas y la peregrinación constante hacia el mismo territorio -grado cero de la escritura- como por ejemplo aquella mañana hace siete años -siete años es menos tiempo del que atraviesa el 39 y el 45-, en el que viajaba en un vagón barato con destino a Auschwitz leyendo "Aquellos hombres grises" de Browning y pensaba que iba a conquistar la Shoah, pensaba "Puedo lograrlo", pensaba "Estoy cerca, tan sólo me quedan mil, dos mil páginas", pensaba "Tengo una metodología" y pensaba en que por el camino aprendería a escribir como Imré Kertesz y pensaba que aprendería a compartir la Shoah dentro del aula y pensaba en que quería dedicar mi vida a estudiar lo ocurrido en los campos, dedicar todas las semanas, generar una Torah y sentarme en el banco de una sinagoga deshabitada, semana tras semana tras semana, y luego quizá ya con el tiempo aprendí que la Shoah era un peregrinaje, un viaje, una roadmovie en la que me había desplomado y recé en la capilla de Mauthaussen -hoy puedo confesarlo- y abracé a Santa Juana de los Mataderos en el pabellón seis de Auschwitz I y seguí leyendo "El libro Negro" hasta que las páginas me taladraron los dedos y la cabeza y el tiempo pasaba pero no había ni explicación, ni forma humana, ni lenguaje para decir lo que hay que decir, pero qué hay que decir para explicar quién soy en Yad Vashem, un hombre que mira un monitor en el que los disparos de las Einsatzgruppen con los mismos ojos con los que ha mirado a un Schindler imaginado pronunciar: "Ustedes pueden irse a casa como hombres, o regresar como asesinos", con los mismos ojos con los que ha mirado el gesto de desesperación de Jan Karski o con los mismos ojos con los que he recorrido libros y libros y libros y así mientras mis contemporáneos se hacen más sabios y leen a Ranciere o a Didi-Huberman yo sigo atado en los campos, y quizá durante una temporada cambio de idea y leo algo de filosofía por intentar ser más sabio -el último intento fue Heidegger, pero a mi qué me importa en el fondo la diferencia entre el ser y el ente, a quién coño le importó la diferencia entre el ser y el ente en esa capilla de Mauthaussen en la que recé, pero no arrodillado, recé de pie como volvería a rezar -o algo parecido- frente al muro de los lamentos en el que un ultraortodoxo me miró a los ojos -los ojos con los que había mirado "La llave de Sarah"- y me dijo, simple y llanamente: "Sabes la verdad pero no quieres aceptarla". Piénsalo: un ultraortodoxo te habla frente al muro de los lamentos mirándote a los ojos y quizá sabe que esos ojos han mirado detenidamente todos los fotogramas tomados por los operadores rusos durante la liberación de Auschwitz, realizando precisas tablas de minutaje y precisos análsis textuales, y quizá ahora pienso que tendría que haber respondido a aquel tipo: "Claro que conozco la verdad, pero no sé cómo escribirla, no sé cómo escribirla", y no sé cómo escribirla, pero miro los objetos apilados en las vitrinas de Yad Vashem y escucho hablar a los profesores de Yad Vashem y titubeo ante la puerta del Museo Yad Vashem porque el peregrinaje sigue adelante, no sé si te conté que subí en silencio los peldaños de la cantera de Mauthaussen o que crucé en silencio el campo de Birkenau o que atravesé en silencio el mar de rostros de metal del museo judío de Berlín o que permanecí en silencio en el interior de la cámara de gas, o que acompañé en silencio a los fantasmas de las marchas de la muerte a las afueras de Oranienburg, y pienso en la peregrinación, el acto mismo de peregrinar que antes era ir al encuentro de Dios pero ahora es, en mi caso, ir al encuentro del ángel de la historia de Benjamin, pienso quién soy en Yad Vashem, pienso si esto es un hombre, pienso quien salva una vida salva al mundo entero, pienso más allá de los márgenes de esta lista se abre el abismo, pienso en los primeros compases del "Like Horses" de Syd Matters, pienso en que estudiar la Shoah es un acto de silencio y de soledad, pero también es en cierta manera el sentido de una vida y pienso en la extraña sonrisa de ese rostro infantil de "El judío eterno" que me ha venido atormentando -¿cómo se llama? No tiene nombre y en Yad Vashem quizá no lo han encontrado todavía- y así atravieso cada sala, aunque los objetos y las fechas y los expositores no tienen sentido sino que son páginas arrancadas de todos los libros que leo, libros con dientes afilados a los que he acudido con desesperación porque son mis libros de oraciones, mi Ley, mi Torá, y se hace tarde, hay que salir del museo y en la última balconada cae el sol sobre Israel y estoy atravesado de esa verdad que el ultraortodoxo ya sabe que conozco, y en el contraste del sol hay una familia judía compuesta por cinco miembros, uno de los cuales es un adolescente en silla de ruedas que respira con dificultad aferrado a una máquina que emite un ruido extraño, como de fuelle oxidado, y también hay una niña de apenas seis meses, y me piden en inglés que les lance una foto, una foto en la salida de Yad Vashem mientras el último sol de Julio se desliza dulcemente sobre Jerusalem, y miro por la mirilla de la cámara, coloco mi ojo frente al hueco de la mirilla de la cámara y no puedo enfocar, tengo una lágrima enquistada, no puedo generar una imágen. Ni siquiera allí. No puedo generar una imágen.
8.4.13
"Human lampshade: A Holocaust Mystery" o notas sobre la investigación del Holocausto
Durante los últimos años, el canal National Geographic ha propuesto algunos de los mejores trabajos sobre la divulgación del Holocausto. Concretamente, el terrorífico Hitler´s Hidden Holocaust puede ser considerado, en justicia, el mejor documental rodado sobre la "shoah por balas" hasta la fecha. Pero no es una excepción: Human lampshade cierra el círculo infernal de resonancias proponiendo una suerte de investigación sobre las famosas lámparas con piel humana encontradas tras la liberación del campo de Ravensbrück.
No hay que confundir algunas ideas básicas. En primer lugar, y a nivel puramente formal, la pieza de la National Geographic corresponde únicamente a una lógica de discurso radicalmente espectacularizado en la que se sigue el proceso de análisis de esa hipotética lámpara encontrada entre los escombros de la catástrofe del Katrina. No hay espacio para la reflexión ni para la duda sobre la imágen: se trata de un thriller puro y duro que permite incluso pinceladas de humor y utiliza a mansalva técnicas de reconstrucción y de Storytelling. En esta dirección, puede ser un producto que muchos tacharían de banal, sin pensar que Human Lampshade no es ni más ni menos que un reflejo de su tiempo, y no del tiempo de los campos. Sin embargo, lo que realmente me interesa de su desarrollo es su hermético y angustioso final. Tras una hora de laboratorios, entrevistas, anécdotas detectivescas, la anécdota se retrata a la contra: la lampara no pertenece a Ravensbrück, y su pantalla no está construída de piel humana.
Aquí reside, aunque parezca una contradicción, el auténtico valor de la propuesta. La investigación sobre el Holocausto es una investigación fundamentada sobre la decepción, la corrección, la eterna matización. Y no se trata -y esto quiero remarcarlo especialmente-, de una lógica negacionista que conduzca a contradecir la verdad que hay tras el hecho. Antes bien, el encuentro con la verdad exige que una y otra vez nos obliguemos a desmontar teorías, volver sobre nuestros pasos, corregir defectos de las memorias. Hace ya cosa de un año se me desplomó encima un huracán de mierda por citar erróneamente que El judío Süss había ganado el León de Oro de Venecia. Ni siquiera me sirvió que la información proveniera de un libro de Saul Friedlander. Lo cierto es que Friedlander se equivocó, yo con él, y descubrí que los errores en el pensamiento holocáustico se pagan. Dicho sea de paso, me parece bien.
Cuando fracasamos, los negacionistas ríen con sus aullidos perrunos de satisfacción y nos señalan. Cada paso en falso es, bajo su punto de vista, una catástrofe que hace que todo el edificio histórico tiemble. La realidad es precisamente la opuesta. El estudio del Holocausto no se basa en el cómputo concreto de muertos -el "baile de los números", como lo designó la magnífica Deborah Lipstdat-, ni en la carrera por demostrar la mayor de las atrocidades. En 2013, ya sabemos con bastante precisión que, a la contra de los primeros y delirantes estudios soviéticos de la época, no murieron seis millones de personas en Auschwitz, sino probablemente un millón y medio. También sabemos que no se fabricó jabón con los cuerpos de los judíos. Pero sí sabemos positivamente que ese millón de muertos es una cifra terriblemente real, que las cámaras de gas existieron y que los cabellos fueron utilizados para confeccionar ropa. En nuestros textos no está en juego ningún record histórico.
Por eso, por su valentía, me interesa que Human Lampshade acabe precisamente con el error y el fracaso absoluto. Seguimos sin encontrar las lámparas de piel humana. Seguimos sin saber quién manipuló las pruebas del juicio de Ilse Koch, con qué intereses, con qué contactos. ¿Lo ven? La historia del Holocausto está siempre llena de fracasos, y hacer historia del Holocausto es coleccionar, pacientemente, todo el tapiz de equivocaciones, correcciones, reinterpretaciones. La única manera de ganar a los negacionistas es, contra todo pronóstico, correr más deprisa que ellos para encontrar las hendiduras de nuestras creencias. Cuando Yad Vashem, en un momento crítico de su historia, decidió voluntariamente anular una parte de los testimonios recogidos en los campos por su inexactitud no estaba perdiendo la batalla. Al contrario, estaba demostrando una capacidad de asumir los errores y las manipulaciones interesadas que todavía hoy me parece digno de asombro. Lo mismo se puede decir de las revisiones anotadas y estudiadas del diario de Anna Frank -alguna de las cuales sobrepasa las mil páginas de extensión-, de la edición crítica que Franciszek Piper realizó sobre las memorias de Miklos Nyizsli, de la cantidad de estudios que se publican año tras año señalando incongruencias entre testigos. Todo son pasos hacia la verdad, y Human Lampshade pone narración y textura al drama del historiador.
Lo extraño de nuestra disciplina no es que nos equivoquemos. Antes bien, lo extraño es que seamos capaces de levantar, con inmenso esfuerzo, pequeñas colecciones de hechos, fotografías, testimonios que no sean meras intuiciones y que no se desmoronen como un castillo de naipes. Lo extraño es que hayamos podido sobrevivir a la destrucción de pruebas en manos de los nazis, a las manipulaciones y "reconstrucciones" del aparato soviético, al saqueo desmedido de un sector de los aliados, a los ataques furibundos de la extrema derecha negacionista, a los ataques furibundos de la extrema izquierda propalestina, a los intereses partidistas y políticos de los gobiernos implicados. Pero se lo he dicho -y se lo seguiré diciendo- muchas veces. El pensamiento sobre el Holocausto tiene una única fórmula. Pensamos pese a todo.
3.1.13
La lista de Schindler: Debate abierto
Por aquí os dejo la última publicación en Cineuá, reconstruyendo de nuevo a Spielberg:
http://www.cineua.com/2013/01/la-lista-de-schindler-debate-abierto/
¡Que lo disfrutéis!
13.12.12
La Docencia, La Investigación, el Holocausto
when i passed through the gate/this feeling i hate/no, wherever you're meant to go (...) like dancing, like drowning with a stone in your pocket
(Syd Matters, Me and my horses)
Me pregunto qué enseño. Me pregunto -a veces soy maoísta- contra qué enseño. Me pregunto si enseño algo, o si escucho mi voz enseñando algo, o me obligo a recordar enseñando algo, años atrás, cosas importantes, siempre migajas de cosas importantes. Me pregunto quién enseñó en el gueto de Varsovia con un fusil apuntándole a la cabeza -la educación fue prohibida por los nazis bajo pena de muerte. Busco en Internet los nombres de aquellos profesores, cuerpos muertos enseñando a niños muertos, busco sus nombres en el libro de Friedlander pero no los encuentro. Han sido borrados de la Historia. Encuentro algunos - Izrael Lichtenzstejn, en la escuela Ber Borochov. Me pregunto qué enseñaban en el gueto de Varsovia, qué conocimiento transmitían ante la muerte inminente, pero no tengo sus nombres. Los imagino. Tengo que imaginar esos nombres y esas lecciones.
Me pregunto por qué enseño. Hace poco el Ministro Wert dijo que sobraban 20.000 profesores. Me pregunto por qué enseño. Me pregunto por qué preparo mi titularidad. Mis alumnos, que son sinceros, a veces dicen: "Ya está Aarón otra vez con el Holocausto" y me escuchan educadamente, con un gesto displicente, el gesto de quien quiere trabajo y producir, comprarse una casa, fundar una familia, morir en paz. Mis alumnos son sabios. Saben mejor que yo que el nombre Izrael Lichtenzstejn y los nombres que yo me obligo a imaginar, las manos manchadas de una tiza que ya no es tiza porque se cambió por un poco de verdura podrida están en otra parte. Pero yo me pregunto por qué enseño.
Me pregunto por qué investigo. Para ser profesor titular, el Ministerio que dirige el Señor Wert exige proyectos de I+D+i en colaboración con empresas. A las empresas no les interesa el Holocausto, sino una cosa muy distinta que es la Responsabilidad Social Corporativa. A las empresas no les interesa el Holocausto, aunque hace unos setenta años IG-Farben, Bayer, BMW, Saurer o Volkswagen estaban interesadas en el I+D+i de los campos de exterminio. Para ser profesor titular tengo que convencer a una empresa de que me pague varios miles de euros, pero yo sólo puedo ofrecerles a cambio las cenizas del crematorio. Consecuentemente, me pregunto por qué investigo.
Europa dice que ya no puede producir más bienes -no es competitiva- y que tenemos que cambiar la manera de enfocar nuestro trabajo porque ahora seremos la Europa del conocimiento. Yo produzco conocimiento sobre Europa cuando arranco el nombre de Izrael Lichtenzstejn de la desmemoria general, pero nadie comprará mi patente de dolor. El Ministro Wert estaba orgulloso de españolizar, pero yo me pregunto si no habría que estar orgulloso de educar correctamente. Yo no estoy orgulloso de españolizar a nadie, porque semejante programa educativo nunca ha entrado en mis clases, y antes a la contra, estar orgulloso de educar me parece un acto un poco ingenuo, un poco prepotente, un poco pretencioso. Educar es una elección personal e íntima que no te hace mejor y que, probablemente, te impedirá dormir tranquilo por las noches. Educar significa fracasar constantemente, porque desearías que tus alumnos sabios y displicentes comprendieran la radical importancia de Izrael Lichtenzstejn, que comprendió la radical importancia de enseñar y no se sintió orgulloso de nada. Educar significa fracasar constantemente porque al educar uno ofrece -atención, esto es cierto- lo más valioso que tiene. Educar es casi como amar. Decía Lacan que amar es dar lo que uno no tiene a alguien que no lo es. Educar es dar lo que uno es a alguien que no lo necesita. Es un ofrecimiento radical más allá del don y del regalo. Es casi una súplica: toma este nombre, Edith Stein, por ejemplo, o este otro, Nicolas Klotz, por ejemplo, o este tercero, Didi-Huberman, y guárdalo dentro de ti, guárdalo cerca, mima este nombre porque quizá mañana, cuando ya no seas alumno, quizá mañana caiga una nueva tormenta sobre Europa y quizá necesites este nombre, Claude Lanzmann, o quizá este otro, Primo Levi, o quizá este tercero, que es más pequeño pero más importante: Hurbinek.
Cuida el nombre de Hurbinek antes de que caiga la noche. Cuida el nombre de Hurbinek. Eso es educar, y no estoy orgulloso de hacerlo porque no tengo otra opción. No puedo dedicarme a producir valor, o I+D+i, no puedo levantar puentes o diseñar apps para el Iphone. Perdonadme, pero no puedo hacer otra cosa. Si lo hago -y a veces, como todos, lo hago y utilizo palabras como Emprendizaje, o palabras como Estrategia, o palabras como Venta-, entonces luego me siento triste, fumo demasiado, pierdo los papeles. No puedo vender el nombre de Hurbinek, que Dios me perdone, porque quizá es lo más valioso que tengo. Y por eso, sólo puedo dejarlo aquí escrito.
Y sin embargo...
(La zona gris: : Después de la rebelión, quedan en pie la mitad de los Hornos y nos llevan a todos hasta allí. Yo me quemo, muy rápido. La primera parte de mí se eleva en un denso humo que se mezcla con el humo de los demás. Luego quedan los huesos, que se convierten en ceniza. Barren las cenizas para llevarlas hasta el río, y al final, quedan motas de nuestro polvo flotando en el aire mientras el nuevo grupo trabaja. Esos fragmentos de polvo son grises. Nos depositamos en sus zapatos y en sus caras, y en sus pulmones. Y se acostumbran tanto a nosotros que pronto ni tosen, ni se esfuerzan en quitársenos de encima cepillándose la ropa. Llegados a este punto, sólo se mueven. Respiran y se mueven como cualquier otro aún vivo en este lugar. Y así es como el trabajo continúa)
Y sin embargo, así es como el trabajo continúa.
19.6.12
Notas en el márgen de "El libro negro" (Grossman/Ehrenburg)
Esta mañana, en un tren anodino lleno de oficinistas, jubilatas, señoritas con bótox y kilómetros, kilómetros, kilómetros, he termindo de leer El libro negro. La literatura y el tren, que para mi es casi siempre el tren literario camino hacia los campos, como el tren camino a Oswiecim en el que terminé Kaddish por el hijo no nacido de Imre Kertész, kilómetros y cadáveres, gestos de ancianos maquinistas que fingen cortarse el gaznate con el lomo de un libro. A veces la lectura te hace intolerablemente infeliz o te golpea, o te asfixia.
Cuántos libros he leído sobre el exterminio en los últimos diez años. Para ser un tema inefable -eso dicen los popes- se han escrito muchas cosas. Pero el exterminio no es inefable. Si acaso, es un tren de voces desafinadas que suele descarrilar puntualmente en la vía muerta del lenguaje. Cuántos libros, no sé, quizá cien, doscientos, he perdido la cuenta. Y, en un rincón, El libro negro como invitado de lujo en la gran fiesta de la postmo, con ese aire trasnochado de panfleto estalinista, con esa voluntad descabellada e impertinente de hacer hablar a los testigos, testigos como borrachos de sangre y perdición que cuentan historias terribles sobre niños que mueren en las cámaras soñando con la llegada del Ejército Rojo, partisanos, historias entre la fábula y la crónica, entre la soga y la confesión, entre la violación de la adolescente, el tiro en la cabeza, La internacional y el cráneo quebrado, calavera de lejanos pueblos temblando de frío en las selecciones.
Cuántos libros he leído, y sin embargo, que aterrador esfuerzo me costó pasar página tras página, leerlo todo, no saltar ni una coma ni un punto. Esfuerzo de lector que tiene miedo a sentirse anestesiado, indiferente, de pensar que lo que lee es otra cosa. A partir de la página 300 las palabras amenazan con volverse banales: violación, tortura, mutilación, humillación, gas, gueto, fusilamiento. Pero todavía quedan 900 páginas más: violación, tortura, mutilación, humillación, gas, gueto, fusilamiento, violación, tortura, mutilación, y así página tras página tras página, a la sombra de la horrible pregunta negacionista (¿pero es posible? ¿acaso realmente fue posible?), el patrón alemán aplicándose sistemáticamente sobre un pueblo, un segundo pueblo, un tercer pueblo, violación, tortura, mutilación, humillación, Stalin nos vengará, gas, gueto, la llegada del Ejército Rojo, violación, tortura, mutilación.
La experiencia del lector que se arroja a El libro negro es una experiencia límite. Una amiga me confesó que no podía leerlo por las noches antes de dormir porque le provocaba tremendas pesadillas. Yo mismo me sorprendí necesitando casi un mes dedicado en exclusiva a su lectura, preguntándome dónde estaba -¿ya soy insensible? ¿ya no significan nada estas palabras?-, preguntándome qué podía hacer con ello -¿un post? ¿un artículo de investigación? ¿una conferencia?-, preguntándome qué cojones me estaba haciendo dentro de la cabeza ese tocho negro que dejaba descansar en la mesilla de noche y que me acompañaba en el cercanías, en el autobús, en el alaris, próxima estación Treblinka, próxima estación Treblinka, violación, tortura, mutilación, humillación. Gas. El libro se convierte en una tarántula, y la tarántula trepa por tu pecho a la hora de dormir y te susurra todas esas palabras como una letanía, Stalin nunca llega a salvarte, Stalin también cargó brutalmente contra el pueblo judío, el Ejército Rojo pasándoselo en grande con las arias muchachitas berlinesas a cuatro patas, mon amour, y sin embargo... Sin embargo, tanta angustia, todavía quedan 500, 400 páginas, el libro no se termina nunca y es cada vez más oscuro, parece que succiona todo lo que ocurre a su alrededor y lo apaga, lo desactiva.
Una mañana de sábado a las nueve desayunando en la pequeña terraza, por ejemplo, y ahí está El libro negro sobre la mesa impidiendo pensar en otra cosa. Cena con los amigos, nos pedimos otra y nos vamos, qué risas te acuerdas aquella vez que, pero ahí está El libro negro sobre la barra, susurrando. Y así constantemente, hasta que toda la vida, semana tras semana, es fagocitada por esa tarántula de 1200 páginas que has metido en tu casa, que has aposentado en tu estantería, que no sabes si recomendar o si leer silenciosamente. Mamá, no llores, Stalin nos vengará.
Recuerdo muy pocas experiencias similares en mi andadura como lector. El American Psycho de Bret Easton Ellis. Hasta cierto punto, Las benévolas de Litell. La primera lectura de Los hermanos Karamázov, con aquella ansiedad terrible del descubrimiento sagrado. Si no existe Dios, en fin, entonces todas las tarántulas. Si no existe Dios. Si no existe Dios, ¿para qué demonios leemos El libro negro, para sentir un breve remordimiento de salón, una inquietud de señorita perfumada que llora en su palco intelectual de cara a la comunidad, ay este corazón partío por el ángel de la Historia?
Pero si existe Dios, entonces quizá sea una buena idea leer El libro negro. Alguien, en algún momento, tendrá que empezar a redactar con toda precisión una teodicea definitiva que incluya las palabras mágicas. Violación. Tortura. Mutilación. Humillación.
Gas.
14.5.12
Suite para prima de riesgo y campo de exterminio
1. PRELUDIO
...con lo que ya podría confesarte, a estas alturas, aquella tarde viendo La vergüenza de Bergman, nunca lo he dicho en estos términos pero quizá comprendí que yo era un farsante, que mi tema era una farsa, ¿Bergman? ¿En nombre de quién o para qué, con qué voluntad política? Y la tesis dejó de significar gran cosa, en cierto sentido, algo así como un juego de intelectual occidental aburrido, pequeñoburgués, siempre he sido un pequeñoburgués y eso explica casi todos mis defectos, pero entonces noté el miedo...
2. ALLEMANDE
...me hubiera gustado contarte bien aquel viaje, el viaje a los campos, tomarme mi tiempo y explicarte muchas otras cosas, otros matices, y pretender quizá que entendieras realmente el relato, el relato del niño pequeñoburgués que pone la mano sobre la pared de la cámara de gas y entonces comprende súbitamente que el mundo se ha partido para siempre y retorna el miedo, el miedo en forma de todas las manos que se clavaron precisamente ahí, en ese centímetro de cemento y si cierras los ojos puedes casi escuchar los gritos o notar el olor a mierda y a vómito y a sangre o quizá el tacto de la mano que se aferra a otra mano...
("Una madre asesinada junto a sus tres hijos: dos hijos -uno de ellos todavía escolar- y una niña que debió nacer en 1939, enferma de raquitismo, pero no importa, ahora ya está curada... No te aferres así a tu mamá, no se irá a ninguna parte"
Vasili Grossman, Vida y destino)
...pero no te conté nada de aquello porque me hubiera ocupado toda la tarde, y además, en un momento dado el lenguaje desaparecería y entonces quedaría claro que detrás del lenguaje sólo soy un saco de tripas, y sin embargo, quizá si hubiera terminado la obra sobre los campos, si hubiera terminado el libro sobre los campos, quizá si hubiera cumplido una minúscula parte de mi compromiso autoimpuesto con la Historia todo hubiera podido ser diferente, ligeramente diferente, casi como si pudiera olvidar muy precisamente que esa es la trampa del psicótico.
Pensar que un único acto individual puede salvarnos del fin del mundo.
3. COURANTE
Los hijos. Los hijos de quién. Los hijos de los otros. Los hijos jugando a la Playstation3, mamá cómprame unas botas que las tengo rotas, papá papá papá papá. Los hijos tienen la maldita costumbre de estar vivos a todas horas, y corren de un lado a otro rompiendo las palabras y anidando una maldad enorme entre sus dedos.
Mis hijos, los hijos que todavía no han nacido, corren siempre al caer la noche por las esquinas de mi habitación, me tiran los seminarios de Lacan al suelo, se hacen de rabiar, cantan canciones que no me gustan sólo para ver mi cara de enfado, se tropiezan, juegan con un perro que tampoco ha nacido, recitan mal las tablas de multiplicar. Mis hijos tropezarán tarde o temprano con el libro que tengo escondido en la estantería más alta -el libro de fotografías de Auschwitz editado por Yad Vashem y Centro Sefarad Israel- y tendré que explicarles por qué su padre decidió traerles aquí, a este país que está a un paso del totalitarismo. Mis hijos quizá estudiarán en una Napola o en una Escuela Popular, mis hijos quizá sujetarán los fusiles de un nuevo Babi Yar, mis hijos quizá cantarán canciones patrióticas o canciones revolucionarias.
Algunas noches los hijos que todavía no he tenido me miran en silencio, se convierten en tarántulas peludas con miles de ojos y entonan:
Zum letzten Mal
Wird Sturmalarm geblasen!
Zum Kampfe steh’n
Wir alle schon bereit!
Wird Sturmalarm geblasen!
Zum Kampfe steh’n
Wir alle schon bereit!
O entonan:
Agrupémonos todos,
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
en la lucha final.
El género humano
es la internacional.
Afuera, el pueblo cree estar pidiendo libertad, pero está pidiendo a gritos un amo.
Y lo tendrán.
4. ZARABANDA
...y cuando las tarántulas se quedan dormidas siempre me planteo algunas cosas importantes. Quién será el comisario político que apunte mi nombre en su lista, qué escrito desatará su furia, en qué asamblea se me acusará de haberme mostrado contrario a la voluntad del pueblo, quién me acusará y con qué delito, si acaso tendré suerte y acudiré al gulag tísico de los intelectuales o, por el contrario, al proletario campo de los musulmanes, me pregunto qué trenes realizarán qué circuitos, a quién delataré cuando se me acuse de contrarrevolucionario, qué bandera saludaré en el aniversario de qué Partido, quién me besará en los labios en Katyn, quién me besará en los labios en Treblinka, quién me besará en los labios en Chelmo, me preguntó si me arrodillaré recordando el fusilamiento de Sabina Spielrein frente a la sinagoga de Rostov, quién trapicheará en el mercado negro, quién amamantará a las tarántulas cuando el sistema estalle, corazón, y con las tripas del último banquero se cuelgue al último político. Me pregunto quién será el enemigo y con qué excusa habrá que volver a matarle, y quién nos matará de miedo, y quién contará después la Historia y quién me besará en los labios en Lodz, quién me besará en los labios en Sandarmoj, quién ha vivido por encima de sus posibilidades y quién matará por encima de sus posibilidades.
Me pregunto si bailaremos aquella vieja canción en la Habitación 101 del Ministerio del Amor.
5. GIGA
...aquel pequeño fantasma que recorría Europa, aquel fantasma del capital inyectándose en vena los ahorros de la pequeñaburguesía, de mis hermanos, nosotros que sólo queríamos un Ipad, un Audi, un libro digital para leer Los juegos del hambre, un pisito con piscina, salir a cenar de vez en vez, tomar la caña con los amigos y ver a España ganar el Mundial, gritar Viva Cristo Rey y gritar Dónde están no se ven los muchachos del PP y gritar Ayer morían en Bosnia los que hoy mueren en Irak y gritar Esta noche follo y gritar El pueblo unido jamás será vencido y gritar Eta Presoak Cámara de gas y gritar Yo soy español, español, español y gritar No nos representan y gritar Libertad Libertad sin ira Libertad y gritar Con Franco se vivía mejor y gritar GOLGOLGOLGOLGOL y gritar que son todas unas putas, la culpa es de los padres, cómo puedes hacerme ésto, cómo puedes echarme en cara, cómo puedes pensar, cómo puedes decir, cómo puedes escribir, cómo puedes defender, cómo puedes llevarle la contraria al Pueblo, cómo puedes llevarle la contraria a los Bancos, acaso no has visto lo que hizo Zapatero, acaso no has visto lo que está haciendo el PP, acaso te crees mejor, y gritar y gritar y gritar y gritar y gritar
hasta que se escucha un disparo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





































































