#08 - Libros de Historia para niños que no creen en la Historia
Parto de la base de que prácticamente todos vosotros, queridos lectores y amadas lectrices, tenéis bien aprendido el paradigma postmoderno y hace mucho que comprendisteis que aquello que nos vendían como Historia era una narración europeizada, falocrática, heteronormativa, sospechosa, manipulada y muchos otros argumentos que esgrime el Coco de los Estudios Culturales.
A mí me interesa el concepto de Historia como espejo roto, esto es, Historia quebrada cuyos fragmentos permiten siempre realizar una lectura subjetiva del Yo lejos de tics escolásticos, de escuelitas y de listas de autores imprescindibles. En una Historia del Cine con mayúscula probablemente nunca se hablará de un puñado de películas que yo sitúo en el centro de mi experiencia fílmica como El tiempo de los gitanos, El chico de oro o incluso The Ghost in the Shell. De ahí que -ustedes ya lo saben- la mejor Historia del Cine escrita hasta el momento sean las Historie(s) du Cinèma de Godard, a la espera de que la edición de vídeo se democratice lo suficiente como para hacer una Historia/Biblioteca de Babel on-line tan mastodóntica que lo arrase todo (¿el famoso mapa de Borges rediseñado por la gente de Visual404 o de Cineuá, por ejemplo?).
En España, la Historia Normativa la escribió Román Gubern, y por eso la hemos estudiado con gran reverencia, por mucho que nuestros profesores más críticos nos dijeran que estaba desfasada. A Gubern yo le tengo mucho cariño y mucho respeto porque en los congresos me escucha sin quedarse dormido y por el estoicismo con el que aguanta las geniales acometidas de Pérez Perucha -que es, con diferencia, el hombre que más sabe sobre Cine Español y uno de los teóricos más buenos, sabios, canallas y brillantes al que este puto país de mierda no le agradecerá nunca nada. En una cena de pizza, tarta y muchos copazos, Perucha me descubrió la Historia (sin paliativos y total) del Cine Español colapsada en un único título: la Antología Crítica del Cine Español que editó Cátedra.
Ahora bien, el problema es que tanto la obra principal de Gubern -según me dice Laura M Solano- como la obra principal coordinada por Perucha están absolutamente descatalogadas. Luego -hete aquí la estúpida paradoja- los mejores libros de nuestra Historia están siendo borrados de la Historia misma de los lectores que llegan.
#09 - En lugar de los libros de Historia, los libros de nuestra Historia
Luego, si no hay un saber totalizante histórico que nos permita comprender algo del mundo fílmico que nos precede (y si, para colmo, lo poco que hay resulta virtualmente invisible), tendremos que reescribir nuestra experiencia desde el fragmento. Recomendemos, en el alba, un único libro para entender, por ejemplo, la tensión que se establece entre el Modo de Representación Primitivo y el Modo de Representación Institucional. Un libro titulado El tragaluz del infinito, de Noel Burch.
Con Burch me pasó como con Mitry: su lectura sirvió para clarificar, dar cuerpo y conjurar la manera desde la que podía mirar el comienzo del cine. Una mirada que se proyecta no desde lo temático, sino desde la puesta en forma fílmica, sin listas interminables. Tiempos de surgimiento de lo visual que también están trazados desde el temblor vía En los orígenes del cine de Luis Martin Arias -libro que me acompañó durante mis meses de obsesión con las fantasmagorías de Robertson. En el otro lado del espectro, creo que nadie escribe en nuestro país sobre precine como Luis Alonso García (tienen muchos de sus trabajos en academia.edu , gratuitamente), que además es la única persona que conozco capaz de escribir sobre los orígenes del cine con sentido del humor y una fuerza estética intachable.
09b. Las mejores historias están equivocadas
Sugiero otro libro sobre obsesiones mudas del que ya he hablado algo por aquí: De Caligari a Hitler de Kracauer. Un libro odiado por los historiadores oficiales, que ya han demostrado por activa y por pasiva que sus tesis principales son simplemente erróneas. Y sin embargo... ¡Cómo escribía Kracauer! ¡Qué fuerza arrastrando al espectador a sus películas, diseñando estrategias visuales para embaucarnos en su delirio expresionista! ¡Qué manera de seguir siendo portentoso ahí donde ya no queda ni un ápice de verdad! Algún día tendremos que escribir la historia de Kracauer desde una perspectiva psicoanalítica de delirio: su propio delirio, construido con la forma nada sospechosa de la Historia del Cine - todo el mundo recomienda, en su lugar, La pantalla demoníaca de Lotte H. Eisner, pero yo a veces prefiero que me mientan. Y si, seguiré defendiendo el delirio de Kracauer en cada una de mis clases -advirtiendo, por supuesto, de que no es sino una maravillosa mentira.
(Al que no trago es al Bordwell de El cine clásico de Hollywood, que sería el que un tipo más serio que yo les recomendaría para entender esa cosa inclasificable que nos hemos empeñado en llamar "cine clásico". Pero como ustedes saben, a mí las propuestas me interesan precisamente en tanto se alejan del modelo normativo, esto es, en tanto están lejos de la pantomima palomitera bordwelliana)
09c. Modernidad y Postmodernidad
Una apuesta. Poca gente ha explicado la modernidad y la postmodernidad como Domènec Font. De hecho, su último libro (Cuerpo a cuerpo, del cual ya escribí largo y tendido por aquí) es una de las propuestas más portentosas y desesperadas que ha planteado la NoHistoria del cine que yo les propongo. Font era un genio y su escritura estaba atravesada por tensiones, síntomas, fantasmas, que a su vez se derramaban hacia el diálogo con las cintas y su geolocalización histórica. Cuerpo a cuerpo es una Historia del último cine que, en realidad, funciona como un libro/radiografía de su muerte misma, de su cáncer mismo. Van a encontrar pocas experiencias impresas -cerca o lejos del cinematógrafo- tan potentes como esas páginas de Font.
De momento, cierro aquí la entrada a la espera de poder entrar en categorías más extremas del ensayo en próximas entregas. Les recuerdo que pueden utilizar los comentarios del blog (o el twitter, o lo que ustedes quieran) para ayudarme a ampliar la lista de libros, sugerir monográficos que puedan caber en estos huecos y registrar ausencias que consideren notables.
En nada, más libros.




