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24.6.13
Passion/De Palma/El programa de las casas de la Sexta
1.
En uno de los momentos de En Passion, la película rodada por Ingmar Bergman en 1969, Max von Sydow descubre el cuerpo de un cachorrillo ahogándose horriblemente al ser colgado de la rama de un arbol cualquiera de la isla de Farö.
2.
La fascinación de la empresa. La fascinación de la fotografía en clave alta con espacios gélidos -pero no demasiado- y cuerpos gélidos -pero no demasiado- y salas de reuniones y botellas y ordenadores Mac y gestos de maldad pura -pero no demasiada. Los parias de la tierra andan fascinados lamiendo las puertas de las grandes corporaciones, se enchufan los putos programas en los que familias convencionales con tres hijos enseñan sus tres plantas y sus habitaciones con espacios gélidos, y Macs, y gestos de maldad pura -pero no demasiada. La peli de De Palma a veces parece una versión sardónica de ¿Quién vive ahí? y otras una versión así como light y digerible de La cuestión humana.
El problema de la empresa y el cine se repite sistemáticamente, con El capital, con El método, con Passion, pero a veces uno tiene la intuición de que algo no termina de cuadrar, de encajar, como si Costa-Gavras o De Palma no hubieran estado nunca once horas delante de un ordenador realizando una tarea mecánica, monótona y desesperante, y en su lugar filmaran la postalita empresarial de denuncia, la pancarta de la manifestación, en un falso encuadre de sabor publicitario que lo mismo podría vender perfumes que crímenes.
Y no quiero decir que Passion no me parezca una cinta notable. De Palma parece uno de los pocos directores que se molesta en mirar por el combo mientras dirige para pensar y levantar un plano. También parece lo suficientemente lúcido como para autocitarse una y otra vez, sistemáticamente, haciendo de todo el metraje un apabullante espectáculo onanista en el que la cita y la construcción del encuadre están por encima de todo discurso.
De Palma ha sublimado hasta lo genial el discurso fílmico del encefalograma plano, jugando con mujeres hermosísimas de anuncio de Lancôme, un guión erosionado, fláccido, tramposo y remotamente divertido -el mismo guión de siempre, con las trampas de siempre y los personajes de siempre-, en el que de pronto la intuición de un Acontecimiento destella y nos recuerda lo lejos que estamos de la TV Movie, y a su vez, lo lejos que puede llegar De Palma.
3.
Passion debería haberse titulado, a la contra del programa de las casas, ¿Quién muere ahí?
También ¿Quién folla ahí? o ¿Quién mata ahí?
4.
Noomi Rapace.
Creo que estoy enamorado de Noomi Rapace, o de la huella que Noomi Rapace deja en la pantalla. Hace años, escribiendo un artículo sobre la primera parte de la Trilogía Millenium, recuerdo estar horas deletreando las escenas, sin sentir ningún tipo de interés por ella. Ahora entiendo que su mímesis con Lisbeth Salander era tan brutal que ella estaba apenas agazapada tras el magma de costra, piercings, y postureo cybergótico aburrido.
Cuando la Rapace emergió de la ducha, se dejó flequillo y se convirtió en la nínfula de un cuento empresarial perverso, allá por el minuto diez de metraje, comprendí que estaba enamorado de ella. O de la huella que deja en la pantalla.
5.
No he olvidado al cachorro de Bergman agonizando en Farö. El gesto de von Sydow durante todo el metraje, que es un gesto de ternura en la desesperación, porque Bergman necesitaba aferrarse al corazón del Otro, suplicar el cuidado del Otro, y por eso murió en paz. Porque su cine necesita del amor, se alimenta del amor desquiciado en el límite de la autodestrucción. Por eso, además, su cine es inmortal.
En De Palma el amor resulta incomprensible -Blowout- o épico -Los intocables-, pero en general esquiva con paciencia esa peligrosa idea de que exista un Otro al que amar. Passion sabe algo de un amor caníbal y homicida, con esa bellísima excepción que encapsula en la media pantalla dividida del Preludio a la Siesta de un Fauno de Debussy. Sin embargo, esa delicada construcción sólo se mantiene por su superposición con el homicidio. Ese es el pánico. Cuando la imagen pretende acariciar, su mano se convierte en una cuchilla afilada.
6.
Lo mejor de Passion, sin duda, es esa posibilidad de que una mujer -Rachel McAdams- pueda autofornicarse con un Otro plástico de máscara y dildo. Ahí es donde De Palma clava el dardo en el centro mismo de la diana y se lleva el Premio Gordo de la Puta Verdad Postmoderna. El cortocircuito del deseo del sujeto se convierte en algo hermético, algo que está incluso más allá del peor delirio que puede fantasear un aspirante a lacaniano: utilizar el cuerpo del otro para que sea un yo, que a su vez, me folle. Es, por lo demás, una cifra escandalosamente brillante de la reescritura de la máxima de la psicósis -Yo no soy Yo: Yo soy Otro-, que ahora se convierte en la máxima del ser postmoderno -Yo necesito ser Yo necesito ser Yo necesito ser Yo, ya que en mi universo no cabe nadie más.
Sólo por ese gesto, por esa máscara, por esa sugerencia, Passion está por encima del noventa por ciento de lo que se estrena. Claro que igual Passion en España, ni se estrena. Se estrenará tarde. O mal. O en pocas salas. Y tampoco resulta extraño.
La gente está viendo ¿Quién vive ahí? , pero nadie parece darse cuenta de que en todas esas casas maravillosas, en todos esos jardines maravillosos, en todas esas ramas maravillosas, hay una legión de cachorros asfixiándose siempre, a todas horas, sin límite, sin esperanza, en una agonía total que no terminará nunca.
Nunca.
2.5.13
"Maniac" (2012) o la Academia
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| Académico sin beca tras los recortes posando junto a su marco teórico. |
Lo cierto es que Maniac es interesante en tanto lápida, broma macabra, enésima torsión de la enunciación después del pentecostés setentero de la Sacrosanta-Enunciación (Marca Registrada). La empatía ya no es una cuestión de moral, ni se espera gran cosa del texto fílmico más allá de su ser-Montaña Rusa. Y nos gusta. Nos ha liberado de la maldita costumbre de andar coleccionando estampitas de los setenta y, por el camino, ha prendido fuego a casi todo Robert Stam, a casi todo Calabrese, a Bordwell y a su secta, a todo Francesco Casetti. Los tomos azules de Cátedra han envejecido diez años, de golpe y porrazo, por no hablar de las teorías feministas del punto de vista con sabor a Laura Mulvey. ¿Quién teme al lobo feroz? podemos susurrar entre dientes, a punto de reventar de risa. Es lo que tienen los velatorios, sobre todo los cinematográficos. Cada vez cuesta más contener las carcajadas.
Cuando el mundo no espera ya nada del cine es, precisamente, cuando podemos disfrutar de una cinta como Maniac. Desde luego, pasarán muchos años antes de que alguien pueda llevar el trabajo de cámara en primera persona más lejos de lo que consiguió Gaspar Noé en Enter the void, pero el dispositivo de Khalfoun es probablemente la mejor continuación posible. Trabajar la primera persona del singular con una óptica ya no es un logro técnico, sino simplemente una posibilidad estética. ¿Cuándo llega Maniac a su cénit expresivo? No tanto en los planos secuencia ni en las escenas de feliz evisceración, sino precisamente cuando la cámara duda y se escinde levemente, dejándonos con la feliz duda de todo el aparataje fílmico: ¿Estamos dentro o fuera?
Estamos Escindidos (también Marca Registrada). Si antaño la mirada a cámara era el cúlmen de la violencia cinematográfica, ahora es un cómodo refugio, un pequeño hogar mohoso desde el que comprendemos nuestra inclusión en la farsa o en el relato. Maniac tiene todo los tics -autoasumidos, no faltaba más-, del thriller SerieB de los ochenta, se regodea en ellos y los utiliza casi como metarreferencias, como orgullosas cicatrices identitarias. ¿Qué es Maniac? ¿Un visionado en ácido de Marnie la ladrona en la trastienda de Dario Argento? ¿Carne para las industrias audiovisuales? ¿El enésimo zombie patriarcal que se construye sobre el pánico y el goce de la destrucción del cuerpo femenino?
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| Feminismo estructuralista de raíz lacaniana para Dummies. |
Indudablemente, Maniac hará entrar en pánico a una gran parte de los espectadores que accedan a su interior con el manual de instrucciones metodológico (a.k.a. La Biblia Teórica De Turno). Unos pocos, que no entenderán nada, se excitarán creyendo encontrar en su interior la confirmación en bloque de nuestros -ay- pequeños pero contundentes hallazgos intelectuales. Otros se llevarán las manos a la cabeza, ante la indecendia repudiable de airear con tanto descaro nuestra ropa interior teórica, convertir nuestras palabras en la sección de contactos de una fulana triste en un periódico local. Pero es necesario, en lo que tiene de demolición, y también es inútil en lo que tiene de banal, de pueril, de gesto displicente. Tras el pánico inicial, la comunidad académica podrá decir: "Bueno, después de todo, no es sino una peliculita de terror, una cosa como sin interés, no es un Bresson, no es un Kiarostami, no es un Godard, que NO CUNDA EL PÁNICO".
Pero ahí está la cinta de Khalfoun, que es algo así como los papeles de Bárcenas del posestructuralismo, y por eso yo ando como fascinado, como de buen humor, como liberado. Está bien que nos saquen la foto. De frente y de perfil, y a ser posible, sujetando el número de nuestro expediente -acreditado, no faltaba más- en la ANECA.
8.1.13
LISTAS 2012: Mejores canciones
Ahora que ya no es momento para andar con listas y que todos hemos vuelto al trabajo con cara de perro y una tristeza de lejanías, yo sigo empeñado en mis trece y aquí les propongo una recopilación con algunos de los mejores temazos, los pepinazos totales del 2012. No están todos los que son, pero son todos los que están. Esta misma semana, en cuanto se haga pública la lista oficial de los cómplices de Cineuá, les dejaré el TOP de cine, que no hacen más que pedírmelo masivamente en directo y por las redes sociales -creo, concretamente, que ya he tenido tres peticiones, ahí es nada.
Pero hablemos de música:
Ultravox - Satellite
Cada vez que escucho Satellite pienso en pantalones de cuero ajustados, menelones, cardados, falsetes, aire ochentero costroso y reivindicable de mechero en alto y subidón kalimotxero de barrio adolescente. Se supone que estos eran electro-pop, pero ya me dirán ustedes...
Azealia Banks - 212
Azealia huele a hype y a ostia que te metes. Su primer disco se retrasa irremisiblemente una y otra vez, los temas que suelta con cuentagotas son cada vez peores y su directo en el Día de la música fue un subidón más por el público que por su horrible coreografía de animadoras motivadas. Pero ay, amigos, ojalá me equivoque, porque 212 es un TEMAZO para escuchar a todo trapo, en bucle, con una de esas letras que, como bien me dijo el ínclito y sabio Manu Sánchez: "Si se la escucharas decir a tu hija, la dejarías sin salir un año entero". Ahí queda eso.
Django Django - Default
Todo el mundo sabe que Django Django se postulan al trono del grupo del momento. El caso es que si bien el disco es desigual, Default suena maravillosamente, con una percusión exquisita y un juego de voces que habla de lo mucho y lo muy bien que se puede cuidar una canción.
The new Raemon - Marathon Man
Canción sorpresa de la temporada, con una de esas letrazas para memorizar y colgar de la pared. Amarga pero decidida, tristona pero valiente, cuenta con un estribillo de esos que se te clavan en la cabeza y unos últimos cuarenta segundos que cierran con una traca apasionante. Puro hit del pop patrio, en el mejor sentido de todas las palabras.
The Ravonettes - Young and Cold
Como ya comenté en su momento, Young and cold es una canción para abrir disco: del guitarreo sucio inicial marca de la casa a la increíble mixtura de voces -el estribillo pone los pelos de punta-, la introducción del piano allá por la mitad del tema y la distorsión final es un ejercicio delicioso.
Rihanna - Diamonds
Me mola Rihanna. Me mola pensar la pasta que se tiene que dejar en la producción de cada tema, milimetrado y controlado para destrozar en un taladro total todas las radiofórmulas. Me mola su superficialidad, y a la vez, el tono épico y desgarrado. Ustedes pueden quejarse lo que les de la gana, pero les recuerdo que hace una década y media el single mainstream del año era, pongamos por caso, Sarandonga. Al lado de la basura patria, Rihanna me parece sensual, decidida, y lo suficientemente emocionante como para disfrutarla sin complejos.
Dominique A - Le convoi (ex aequo Rendez-nous la lumière)
Cada disco, Dominique A compone mejor y asume más riesgos. Cada disco tiene mejores letras, mejores armonías, mejores arreglos. Lo de Le convoi es una locura total de 9 minutos 38 segundos que, literalmente, no para de crecer hasta el tremendísimo duelo final entre la batería y el cuarteto de viento. Rendez-nous la lumière es la marca de la casa, el redoble épico arropado por una melodía hermosísima que avanza y avanza invadiéndolo todo. Sin duda, uno de los must del año.
Swans - Lunacy
Con una letra que pone los pelos de punta, un piano voluntariamente fuera de tono y una serie de coros que se superponen en una marea cacofónica entre el Apocalipsis y la psicofonía. Lunacy es un estado de ánimo, una atmósfera completa capaz de arrasarlo todo. Dentro de la categoría de odas al suicidio y a la esquizofrenia, este año los Swans se llevan el oro.
Bat for Lashes - Laura
La mejor balada del año tiene nombre de mujer y unos arreglos a medio camino entre Mahler y las cuerdas que Michael Kamen utilzó para los momentos íntimos del The wall de los Pink Floyd. La manera en la que se integran los detalles -atención a los graves de la segunda estrofa, ponen los pelos de punta- genera una suerte de polaroid nostálgica y melancólica, una canción que podía ser una nana o un recuerdo, una acusación o una añoranza. Para escuchar en días de lluvia, con cajetilla de cigarrillos y copazo al lado.
Twin Shadow - Five seconds
Pero no nos amohinemos. Realmente, Confess tiene un puñado de canciones que podrían estar en esta lista, pero Five seconds ha sido EL single, el pepinazo de venirse arriba y pisar el acelerador. Canción flexible y cuidadosamente diseñada para romper las pistas y las caderas de medio mundo, es increíblemente honesta en su sencillez, y a la vez, ñoñimolona en su letra de quinceañero que se pregunta cosas realmente importantes (ese grito I don’t believe in you/You don’t believe in me/So how could you make me cry? es tan ingenuo que resulta encantador). Llévenselo a su próxima fiesta, amigos. Éxito asegurado.
Crystal Castles - Violent youth
Asumámoslo: Los Crystal Castles probablemente no volverán a repetir la obra maestra que hilaron junto a Robert Smith (I´m not in love), pero eso no quita que (III) sea una barbaridad. Violent youth sigue teniendo el ritmazo y el encanto de sus temas más accesibles -es un decir-, y además, pese a su rollo marciano, la cosa encaja como una pieza de Lego en el primer ¿estribillo? alrededor del minuto treinta. Estos chicos hacen lo que les da la gana. Y lo que es mejor. Lo hacen muy bien.
Los evangelistas - En un sueño viniste (ex aequo Matt Elliott - Dust flesh and bone)
Para cerrar, dos de auténtica bajona. Allí donde Morente trenzó un tapiz moruno, Jota y sus cómplices han levantado un mausoleo de sombra pura donde en cada compás se subraya lo mismo: soledad, frustración, soledad, frustración. Arrebatado su aire flamígero y casi deseoso al poema de Al´mutamid, lo que queda es un pozo interminable por el que el oyente se desploma durante casi cinco minutos de canción. ¿Y qué decir de Dust flesh and bones, un tema que comienza afirmando Some things are so dark that woe betide the light that shines on them/I swear to god i thought it was a sign? Pues el resto de lo se pueden imaginar: ansiolítico en vena, paquete de cleenex, desesperación existencial y estas cosas que tanto nos gustan en este blog tan buenrrollero y optimista. Por si les parece poco, les adjunto un directo que es todavía más angustioso.
Nos dejamos muchas en el tintero, no nos crucifiquen. La divertidísima Captcha Cha-Cha de Hidrogenesse, la sosigraciosa Next year de Two Door Cinema Club, esa genial Quand´ero Giovane de Franco Battiato, la teenager almibarada Summertime sadness de Lana del Rey, la imbatible y desmelenada Gangnam Style del coreano del Gangnam Style... en fín, ya lo saben. Ha sido un buen año para la música.
Pero hablemos de música:
Ultravox - Satellite
Cada vez que escucho Satellite pienso en pantalones de cuero ajustados, menelones, cardados, falsetes, aire ochentero costroso y reivindicable de mechero en alto y subidón kalimotxero de barrio adolescente. Se supone que estos eran electro-pop, pero ya me dirán ustedes...
Azealia Banks - 212
Azealia huele a hype y a ostia que te metes. Su primer disco se retrasa irremisiblemente una y otra vez, los temas que suelta con cuentagotas son cada vez peores y su directo en el Día de la música fue un subidón más por el público que por su horrible coreografía de animadoras motivadas. Pero ay, amigos, ojalá me equivoque, porque 212 es un TEMAZO para escuchar a todo trapo, en bucle, con una de esas letras que, como bien me dijo el ínclito y sabio Manu Sánchez: "Si se la escucharas decir a tu hija, la dejarías sin salir un año entero". Ahí queda eso.
Django Django - Default
Todo el mundo sabe que Django Django se postulan al trono del grupo del momento. El caso es que si bien el disco es desigual, Default suena maravillosamente, con una percusión exquisita y un juego de voces que habla de lo mucho y lo muy bien que se puede cuidar una canción.
The new Raemon - Marathon Man
Canción sorpresa de la temporada, con una de esas letrazas para memorizar y colgar de la pared. Amarga pero decidida, tristona pero valiente, cuenta con un estribillo de esos que se te clavan en la cabeza y unos últimos cuarenta segundos que cierran con una traca apasionante. Puro hit del pop patrio, en el mejor sentido de todas las palabras.
The Ravonettes - Young and Cold
Como ya comenté en su momento, Young and cold es una canción para abrir disco: del guitarreo sucio inicial marca de la casa a la increíble mixtura de voces -el estribillo pone los pelos de punta-, la introducción del piano allá por la mitad del tema y la distorsión final es un ejercicio delicioso.
Rihanna - Diamonds
Me mola Rihanna. Me mola pensar la pasta que se tiene que dejar en la producción de cada tema, milimetrado y controlado para destrozar en un taladro total todas las radiofórmulas. Me mola su superficialidad, y a la vez, el tono épico y desgarrado. Ustedes pueden quejarse lo que les de la gana, pero les recuerdo que hace una década y media el single mainstream del año era, pongamos por caso, Sarandonga. Al lado de la basura patria, Rihanna me parece sensual, decidida, y lo suficientemente emocionante como para disfrutarla sin complejos.
Dominique A - Le convoi (ex aequo Rendez-nous la lumière)
Cada disco, Dominique A compone mejor y asume más riesgos. Cada disco tiene mejores letras, mejores armonías, mejores arreglos. Lo de Le convoi es una locura total de 9 minutos 38 segundos que, literalmente, no para de crecer hasta el tremendísimo duelo final entre la batería y el cuarteto de viento. Rendez-nous la lumière es la marca de la casa, el redoble épico arropado por una melodía hermosísima que avanza y avanza invadiéndolo todo. Sin duda, uno de los must del año.
Swans - Lunacy
Con una letra que pone los pelos de punta, un piano voluntariamente fuera de tono y una serie de coros que se superponen en una marea cacofónica entre el Apocalipsis y la psicofonía. Lunacy es un estado de ánimo, una atmósfera completa capaz de arrasarlo todo. Dentro de la categoría de odas al suicidio y a la esquizofrenia, este año los Swans se llevan el oro.
Bat for Lashes - Laura
La mejor balada del año tiene nombre de mujer y unos arreglos a medio camino entre Mahler y las cuerdas que Michael Kamen utilzó para los momentos íntimos del The wall de los Pink Floyd. La manera en la que se integran los detalles -atención a los graves de la segunda estrofa, ponen los pelos de punta- genera una suerte de polaroid nostálgica y melancólica, una canción que podía ser una nana o un recuerdo, una acusación o una añoranza. Para escuchar en días de lluvia, con cajetilla de cigarrillos y copazo al lado.
Twin Shadow - Five seconds
Pero no nos amohinemos. Realmente, Confess tiene un puñado de canciones que podrían estar en esta lista, pero Five seconds ha sido EL single, el pepinazo de venirse arriba y pisar el acelerador. Canción flexible y cuidadosamente diseñada para romper las pistas y las caderas de medio mundo, es increíblemente honesta en su sencillez, y a la vez, ñoñimolona en su letra de quinceañero que se pregunta cosas realmente importantes (ese grito I don’t believe in you/You don’t believe in me/So how could you make me cry? es tan ingenuo que resulta encantador). Llévenselo a su próxima fiesta, amigos. Éxito asegurado.
Crystal Castles - Violent youth
Asumámoslo: Los Crystal Castles probablemente no volverán a repetir la obra maestra que hilaron junto a Robert Smith (I´m not in love), pero eso no quita que (III) sea una barbaridad. Violent youth sigue teniendo el ritmazo y el encanto de sus temas más accesibles -es un decir-, y además, pese a su rollo marciano, la cosa encaja como una pieza de Lego en el primer ¿estribillo? alrededor del minuto treinta. Estos chicos hacen lo que les da la gana. Y lo que es mejor. Lo hacen muy bien.
Los evangelistas - En un sueño viniste (ex aequo Matt Elliott - Dust flesh and bone)
Para cerrar, dos de auténtica bajona. Allí donde Morente trenzó un tapiz moruno, Jota y sus cómplices han levantado un mausoleo de sombra pura donde en cada compás se subraya lo mismo: soledad, frustración, soledad, frustración. Arrebatado su aire flamígero y casi deseoso al poema de Al´mutamid, lo que queda es un pozo interminable por el que el oyente se desploma durante casi cinco minutos de canción. ¿Y qué decir de Dust flesh and bones, un tema que comienza afirmando Some things are so dark that woe betide the light that shines on them/I swear to god i thought it was a sign? Pues el resto de lo se pueden imaginar: ansiolítico en vena, paquete de cleenex, desesperación existencial y estas cosas que tanto nos gustan en este blog tan buenrrollero y optimista. Por si les parece poco, les adjunto un directo que es todavía más angustioso.
Nos dejamos muchas en el tintero, no nos crucifiquen. La divertidísima Captcha Cha-Cha de Hidrogenesse, la sosigraciosa Next year de Two Door Cinema Club, esa genial Quand´ero Giovane de Franco Battiato, la teenager almibarada Summertime sadness de Lana del Rey, la imbatible y desmelenada Gangnam Style del coreano del Gangnam Style... en fín, ya lo saben. Ha sido un buen año para la música.
22.12.12
LISTAS 2012: Mejores discos (y III)
(Viene de aquí y de aquí)
03. Bat for Lashes - The haunted man
Natasha Khan como el reverso preciso y casi doloroso de Lana del Rey. Egocéntrica, calculadora, minuciosa, a medio camino entre la artista insoportable y la musa que podría destrozar tu existencia entera en dos acordes. Natasha Khan como el límite mismo del sistema, más depurada en las letras que en Two Suns y con unos arreglos que podrían marcar historia, al mismo tiempo sutiles y deliciosos. The haunted man lo tiene casi todo: un uso inteligente de la orquestación, samplers que acompañan con precisión, momentos de calma y momentos de tenue y digerible experimentación. Puede escucharse a cualquier hora y casi con cualquier excusa. Su single de presentación, Laura, aparecerá con toda seguridad en la lista de las mejores canciones del año. En el otro lado del espejo, dos temazos de venirse arriba como All your gold y Rest your head que merecerían un análisis detallado en cualquier libro de historia pop del siglo XXI -véase, por ejemplo, la manera en la que se disponen los instrumentos en el crescendo de All your gold hasta desembocar en un portentoso y pegadizo estribillo. Grande Khan, siempre a sus pies.
02. Dominique A - Vers les lueurs
La serenidad de uno de los nombres más grandes. La calma del artesano que enhebra cada canción con una precisión y un cariño desarmante. El extraño truco de magia para hacer convivir la coherencia de veinte años encima de los escenarios con un cuarteto de viento que dialoga en cada tema con una banda de rock. No hace falta aspaviento alguno. Simplemente, cuidar las canciones, acariciar las armonías, defender cosas importantes en las letras. En la última página de la Moleskine que terminé en 2012 se puede ver la fotografía en blanco y negro de una mujer anónima semidesnuda muerta hace ya casi cinco o seis décadas y abajo, escrito en un trazo rápido, simplemente, Rendez-nous la lumière. Ahí está casi todo lo que me interesa. Es impresionante escuchar un disco que está literalmente vivo, que trepa por las paredes de la estancia y se impone en el espacio invadiéndolo todo, conquistándolo todo. La música como alternativa a lo inhabitable y como anclaje para una existencia imaginada, una existencia posible en cada surco del vinilo. Hay que ser un genio para levantar una canción tan enorme como Le convoi: 9 minutos y 37 segundos de estremecimiento puro que crece, emerge desde el interior de una batería sugerida, y de pronto, estalla en un clímax cataclísmico y emocionante, un torbellino de notas que se imponen, se clavan en la nada, extraños asideros. Lo de Dominique A siempre ha sido de otro planeta, pero este trabajo es sencillamente prodigioso.
01. Matt Elliott - The broken man
Los que me conocen saben que mi relación con Matt Elliott es casi enfermiza. Siempre he dicho que me gustaría escribir textos que funcionaran en el lector como siento que funcionan sus canciones. De hecho, reconozco que ha influído en mi manera comunicar y de pensar mucho más que otros grandes autores que suelo citar, casi obligatoriamente, en los artículos de investigación. La música de Elliott es todo lo que he llevado dentro en 2012, y The broken man, en más de un sentido, mi hoja de ruta. Su gira por España ha sido uno de los acontecimientos definitivos del año, aunque en el primer concierto al que asistí en Madrid apenas fuera consciente de su alcance. ¿Desde dónde crea, construye, sugiere, Matt Elliott? ¿Qué tipo de extraño ritual autodestructivo realiza para generar ese tipo de paisajes sonoros? ¿Es un personaje extremo inexistente que el tipo se ha montado o, por el contrario, podría ser el heredero sonoro de Eustache? ¿Es capaz Matt Elliott de gestionar realmente semejantes cantidades de dolor o, por el contrario, simplemente proyecta su intuición sobre la angustia hacia los demás? The broken man es un disco depurado, concreto, alejado de los fascinantes delirios fúnebres que habían punteado la trilogía de las Songs. Pero a su vez es un disco exigente, hermético. El nuevo paso estilístico de Elliott se construye en torno a un single portentoso y fácilmente asumible por sus seguidores -Dust, flesh and bones- que de pronto deriva hacia dos odiseas sonoras gélidas -impresionante ese temazo titulado nada menos que If Anyone Tells Me: It’s Better to Have Loved and Lost Than to Never Have Loved at All; I Will Stab Them in the Face- y un racimo de temas interesantísmos de menor duración. Concretamente, This is for tiene quizá la mejor letra del disco, y a su vez, es una suerte de compromiso tácito entre el oyente y el propio Elliott. The broken man debe escucharse con cuidado, en los momentos apropiados, sin forzar el alma. Debe acompañar las lecturas, los paseos por las ciudades, los cigarrillos, las confesiones. Debe escucharse varias veces, íntimamente, escucharse de verdad y en la verdad. Sentarse en el atardecer y escuchar. Y entonces, si la luz es la adecuada, si el alma está presta aunque la carne sea débil, si somos capaces de echarle un par de huevos y estar a la altura del texto, entonces, ya digo, la música puede arrasarlo todo.
03. Bat for Lashes - The haunted man
Natasha Khan como el reverso preciso y casi doloroso de Lana del Rey. Egocéntrica, calculadora, minuciosa, a medio camino entre la artista insoportable y la musa que podría destrozar tu existencia entera en dos acordes. Natasha Khan como el límite mismo del sistema, más depurada en las letras que en Two Suns y con unos arreglos que podrían marcar historia, al mismo tiempo sutiles y deliciosos. The haunted man lo tiene casi todo: un uso inteligente de la orquestación, samplers que acompañan con precisión, momentos de calma y momentos de tenue y digerible experimentación. Puede escucharse a cualquier hora y casi con cualquier excusa. Su single de presentación, Laura, aparecerá con toda seguridad en la lista de las mejores canciones del año. En el otro lado del espejo, dos temazos de venirse arriba como All your gold y Rest your head que merecerían un análisis detallado en cualquier libro de historia pop del siglo XXI -véase, por ejemplo, la manera en la que se disponen los instrumentos en el crescendo de All your gold hasta desembocar en un portentoso y pegadizo estribillo. Grande Khan, siempre a sus pies.
02. Dominique A - Vers les lueurs
La serenidad de uno de los nombres más grandes. La calma del artesano que enhebra cada canción con una precisión y un cariño desarmante. El extraño truco de magia para hacer convivir la coherencia de veinte años encima de los escenarios con un cuarteto de viento que dialoga en cada tema con una banda de rock. No hace falta aspaviento alguno. Simplemente, cuidar las canciones, acariciar las armonías, defender cosas importantes en las letras. En la última página de la Moleskine que terminé en 2012 se puede ver la fotografía en blanco y negro de una mujer anónima semidesnuda muerta hace ya casi cinco o seis décadas y abajo, escrito en un trazo rápido, simplemente, Rendez-nous la lumière. Ahí está casi todo lo que me interesa. Es impresionante escuchar un disco que está literalmente vivo, que trepa por las paredes de la estancia y se impone en el espacio invadiéndolo todo, conquistándolo todo. La música como alternativa a lo inhabitable y como anclaje para una existencia imaginada, una existencia posible en cada surco del vinilo. Hay que ser un genio para levantar una canción tan enorme como Le convoi: 9 minutos y 37 segundos de estremecimiento puro que crece, emerge desde el interior de una batería sugerida, y de pronto, estalla en un clímax cataclísmico y emocionante, un torbellino de notas que se imponen, se clavan en la nada, extraños asideros. Lo de Dominique A siempre ha sido de otro planeta, pero este trabajo es sencillamente prodigioso.
01. Matt Elliott - The broken man
Los que me conocen saben que mi relación con Matt Elliott es casi enfermiza. Siempre he dicho que me gustaría escribir textos que funcionaran en el lector como siento que funcionan sus canciones. De hecho, reconozco que ha influído en mi manera comunicar y de pensar mucho más que otros grandes autores que suelo citar, casi obligatoriamente, en los artículos de investigación. La música de Elliott es todo lo que he llevado dentro en 2012, y The broken man, en más de un sentido, mi hoja de ruta. Su gira por España ha sido uno de los acontecimientos definitivos del año, aunque en el primer concierto al que asistí en Madrid apenas fuera consciente de su alcance. ¿Desde dónde crea, construye, sugiere, Matt Elliott? ¿Qué tipo de extraño ritual autodestructivo realiza para generar ese tipo de paisajes sonoros? ¿Es un personaje extremo inexistente que el tipo se ha montado o, por el contrario, podría ser el heredero sonoro de Eustache? ¿Es capaz Matt Elliott de gestionar realmente semejantes cantidades de dolor o, por el contrario, simplemente proyecta su intuición sobre la angustia hacia los demás? The broken man es un disco depurado, concreto, alejado de los fascinantes delirios fúnebres que habían punteado la trilogía de las Songs. Pero a su vez es un disco exigente, hermético. El nuevo paso estilístico de Elliott se construye en torno a un single portentoso y fácilmente asumible por sus seguidores -Dust, flesh and bones- que de pronto deriva hacia dos odiseas sonoras gélidas -impresionante ese temazo titulado nada menos que If Anyone Tells Me: It’s Better to Have Loved and Lost Than to Never Have Loved at All; I Will Stab Them in the Face- y un racimo de temas interesantísmos de menor duración. Concretamente, This is for tiene quizá la mejor letra del disco, y a su vez, es una suerte de compromiso tácito entre el oyente y el propio Elliott. The broken man debe escucharse con cuidado, en los momentos apropiados, sin forzar el alma. Debe acompañar las lecturas, los paseos por las ciudades, los cigarrillos, las confesiones. Debe escucharse varias veces, íntimamente, escucharse de verdad y en la verdad. Sentarse en el atardecer y escuchar. Y entonces, si la luz es la adecuada, si el alma está presta aunque la carne sea débil, si somos capaces de echarle un par de huevos y estar a la altura del texto, entonces, ya digo, la música puede arrasarlo todo.
17.12.12
LISTAS 2012: Mejores discos (II)
(Viene de aquí)
10. Twin Shadow - Confess
Pese a la opinión general de la crítica, Confess es mucho más que el hit Five Seconds. Por encima incluso del prometedor Forget, el segundo disco de la formación capitaneada por el ínclito George Lewis Jr. es un gustazo de pop bien realizado, agradable desde la primera escucha, coherente y de melodías precisas y profesionalmente trazadas. Temas como el muy meritorio Run my heart, el potente Patient o el pegadizo When the movie´s over configuran un trabajo cerrado, con algún altibajo, una cierta tendencia a la llantina pop bien temperada y un puntazo de elegancia ocasional que te pilla moviendo las caderas.
09. The Raveonettes - Observator
Parecía imposible superar el Raven in the grave que los chicos de Dinamarca habían propuesto hace apenas un año, pero en nada aterrizó este Observator y nos dejó con la boca abierta. Fieles a un estilo que siguen depurando sin aburrir, eternos adolescentes entre el ruido y la ñoñipoesía más descarada, los Raveonettes fascinan por la contundencia que le otorgan a cada tema. El arranque de Young and cold, la primera canción del disco, marca una manera de entender la armonía vocal y un poder rítmico que mantienen, corte tras corte, sin despeinarse. El sugerente juego de She Owns the streets o ese subidón final titulado Till the end muestran las infinitas caras de esta formación bipolar, neurótica, deliciosa.
08. Frida Laponia - Pacas go Downtown
Pese a quien pese, Fernández Mallo se cuela en todos los saraos y prende fuego a todas las tracas. Su aproximación a la música -en un disco al alimón con Joan Feliu Sastre que se puede descargar gratuitamente aquí- debe entenderse como un paso más en su inmenso proyecto multidisciplinar, más cercano a su reciente postpoemario Antibiótico que a cualquier otro disco propuesto en 2012. Sin embargo, Pacas go Dowtown no es un eslabón más en el abismo-Nocilla, sino una valiente propuesta experimental que airea sus carencias y esconde toneladas de angustia y humor, además de un inmenso talento en las letras -véase la épica Let me drop everything o ese disparo a bocajarro viscoso titulado La línea azul.
07. Lana del Rey - Born to die
Ya defendí en su momento el disco debut de la alienígena Hype por antonomasia. También tengo pendiente un texto para una conocida revista del mundillo que saldrá en breve y del que daré cumplida cuenta en este espacio. Sin embargo, adelanto rápidamente: Lana del Rey me ha dado de qué escribir y de qué discutir apasionadamente con propios y extraños. Tiene tantas carencias que resulta casi descabellado amarla, pero también tiene una extraña cualidad misteriosa que hizo que nos fascinara en su nacimiento y que no la despreciáramos demasiado en los impresionantes batacazos que se ha metido últimamente -pienso, en concreto, en su desnudo en GQ y su vergonzante campaña para H&M, convertida en aburrida y gris lumpenpolilladelamoraleja. Born to die, en cualquier caso, es un discazo.
06. Bobby Womack - The bravest man in the universe
Recién emergido de un cáncer, Womack resucita por enésima vez con un disco intachable y emocionante de una exquisitez en la producción que quita el hipo. Superviviente de sí mismo, The bravest man in the universe arranca con un aullido soul que pone los pelos de punta y explora infinitos terrotorios en cada corte. Es posible saltar de los sesenta al siglo XXII sin desplomarse ni perder la compostura. Lo que en otros veteranos hubiera resultado ridículo, en Womack parece el proceso natural de un genio inagotable que puede convencer hasta a la muerte misma de que le deje grabar dos, tres, cuatro tomas más. Probablemente, ningún otro disco del 2012 tiene unos arreglos tan majestuosos, una conexión tan potente entre la verdad y la elegancia. Lo de Womack es de otro planeta.
05. Franco Battiato - Apriti Sesamo
Battiato dibujado por Battiato en unas cuerdas eléctricas jugando a ser la máscara de Battiato superándose a sí mismo con su brújula estropeada a medio camino entre el cosmos y el gesto desnudo de los buenos amantes. Battiato en el espejo de un Manlio Sgalambro que con 88 años ha escrito algunas de sus mejores letras, un fogonazo total que yo no sentía desde Dieci Stratagemmi y que retorna con todo lo aprendido en un puñado de temas que nada tiene que envidiar al Battiato Superestrella del Nómadas o del Fisiognomía. En cierto sentido, Battiato reconstruye al BattiatoPop con aires del BattiatoEterno y sin caer en el círculo de las repeticiones en las que Battiato nunca ha caído.
04. Silence - Musical Accompaniment for the End of the World (Songs for Two Pianos, Tactful Synths and Voice)
No lo busquen en el Spotify ni en el emule. Silence no aparecerá en ninguna lista del 2012. Sin embargo, si pulsan este enlace y escuchan el puñado de temas que encierra este discazo descubrirán la formación más conmovedora, hermosa, delicada y potente de Eslovenia. Y créanme, no se trata de la típica pose indie -oh, ¿no has escuchado nada de la escena eslovena?- sino de una pasión total que puede atraparles en lo íntimo, sorprenderles en el inteligentísimo uso de atmósferas, hablarles en susurro de un mundo que conocen, aunque casi nunca encuentren las palabras para hablar de él. Silence nos arrasó con Baroque de The passion of the cold -probablemente la mejor partitura específicamente compuesta para teatro en las últimas décadas- y su nuevo disco nos ha recordado una vez más lo que son: el milagro de una Europa inteligente, sofisticada, emocionalmente perfecta, el milagro de la Europa posible.
(y en nada, el TOP 3...)
10. Twin Shadow - Confess
Pese a la opinión general de la crítica, Confess es mucho más que el hit Five Seconds. Por encima incluso del prometedor Forget, el segundo disco de la formación capitaneada por el ínclito George Lewis Jr. es un gustazo de pop bien realizado, agradable desde la primera escucha, coherente y de melodías precisas y profesionalmente trazadas. Temas como el muy meritorio Run my heart, el potente Patient o el pegadizo When the movie´s over configuran un trabajo cerrado, con algún altibajo, una cierta tendencia a la llantina pop bien temperada y un puntazo de elegancia ocasional que te pilla moviendo las caderas.
09. The Raveonettes - Observator
Parecía imposible superar el Raven in the grave que los chicos de Dinamarca habían propuesto hace apenas un año, pero en nada aterrizó este Observator y nos dejó con la boca abierta. Fieles a un estilo que siguen depurando sin aburrir, eternos adolescentes entre el ruido y la ñoñipoesía más descarada, los Raveonettes fascinan por la contundencia que le otorgan a cada tema. El arranque de Young and cold, la primera canción del disco, marca una manera de entender la armonía vocal y un poder rítmico que mantienen, corte tras corte, sin despeinarse. El sugerente juego de She Owns the streets o ese subidón final titulado Till the end muestran las infinitas caras de esta formación bipolar, neurótica, deliciosa.
08. Frida Laponia - Pacas go Downtown
Pese a quien pese, Fernández Mallo se cuela en todos los saraos y prende fuego a todas las tracas. Su aproximación a la música -en un disco al alimón con Joan Feliu Sastre que se puede descargar gratuitamente aquí- debe entenderse como un paso más en su inmenso proyecto multidisciplinar, más cercano a su reciente postpoemario Antibiótico que a cualquier otro disco propuesto en 2012. Sin embargo, Pacas go Dowtown no es un eslabón más en el abismo-Nocilla, sino una valiente propuesta experimental que airea sus carencias y esconde toneladas de angustia y humor, además de un inmenso talento en las letras -véase la épica Let me drop everything o ese disparo a bocajarro viscoso titulado La línea azul.
07. Lana del Rey - Born to die
Ya defendí en su momento el disco debut de la alienígena Hype por antonomasia. También tengo pendiente un texto para una conocida revista del mundillo que saldrá en breve y del que daré cumplida cuenta en este espacio. Sin embargo, adelanto rápidamente: Lana del Rey me ha dado de qué escribir y de qué discutir apasionadamente con propios y extraños. Tiene tantas carencias que resulta casi descabellado amarla, pero también tiene una extraña cualidad misteriosa que hizo que nos fascinara en su nacimiento y que no la despreciáramos demasiado en los impresionantes batacazos que se ha metido últimamente -pienso, en concreto, en su desnudo en GQ y su vergonzante campaña para H&M, convertida en aburrida y gris lumpenpolilladelamoraleja. Born to die, en cualquier caso, es un discazo.
06. Bobby Womack - The bravest man in the universe
Recién emergido de un cáncer, Womack resucita por enésima vez con un disco intachable y emocionante de una exquisitez en la producción que quita el hipo. Superviviente de sí mismo, The bravest man in the universe arranca con un aullido soul que pone los pelos de punta y explora infinitos terrotorios en cada corte. Es posible saltar de los sesenta al siglo XXII sin desplomarse ni perder la compostura. Lo que en otros veteranos hubiera resultado ridículo, en Womack parece el proceso natural de un genio inagotable que puede convencer hasta a la muerte misma de que le deje grabar dos, tres, cuatro tomas más. Probablemente, ningún otro disco del 2012 tiene unos arreglos tan majestuosos, una conexión tan potente entre la verdad y la elegancia. Lo de Womack es de otro planeta.
05. Franco Battiato - Apriti Sesamo
Battiato dibujado por Battiato en unas cuerdas eléctricas jugando a ser la máscara de Battiato superándose a sí mismo con su brújula estropeada a medio camino entre el cosmos y el gesto desnudo de los buenos amantes. Battiato en el espejo de un Manlio Sgalambro que con 88 años ha escrito algunas de sus mejores letras, un fogonazo total que yo no sentía desde Dieci Stratagemmi y que retorna con todo lo aprendido en un puñado de temas que nada tiene que envidiar al Battiato Superestrella del Nómadas o del Fisiognomía. En cierto sentido, Battiato reconstruye al BattiatoPop con aires del BattiatoEterno y sin caer en el círculo de las repeticiones en las que Battiato nunca ha caído.
04. Silence - Musical Accompaniment for the End of the World (Songs for Two Pianos, Tactful Synths and Voice)
No lo busquen en el Spotify ni en el emule. Silence no aparecerá en ninguna lista del 2012. Sin embargo, si pulsan este enlace y escuchan el puñado de temas que encierra este discazo descubrirán la formación más conmovedora, hermosa, delicada y potente de Eslovenia. Y créanme, no se trata de la típica pose indie -oh, ¿no has escuchado nada de la escena eslovena?- sino de una pasión total que puede atraparles en lo íntimo, sorprenderles en el inteligentísimo uso de atmósferas, hablarles en susurro de un mundo que conocen, aunque casi nunca encuentren las palabras para hablar de él. Silence nos arrasó con Baroque de The passion of the cold -probablemente la mejor partitura específicamente compuesta para teatro en las últimas décadas- y su nuevo disco nos ha recordado una vez más lo que son: el milagro de una Europa inteligente, sofisticada, emocionalmente perfecta, el milagro de la Europa posible.
(y en nada, el TOP 3...)
15.12.12
LISTAS 2012: Mejores discos (I)
Va por delante: las listas que pienso ir desgranando de aquí a final de año NO SON EXHAUSTIVAS ni UNIVERSALES. Ustedes, lectores inteligentes, ya lo saben. Tampoco pretenden fardar de conocimiento musical/cinéfilo. Son un mal vicio, una fea costumbre, que ustedes pueden compartir o no. Hacer listas me divierte, de igual manera que a otros les divierte el patinaje artístico, la vida íntima de los coleópteros o seguir una ideología política. Todos tenemos -y merecemos- pequeños placeres de andar por casa. Así que... ¿por qué no empezar con un poco de música?
18. The XX - Coexist
Debo ser sincero. Durante las dos primeras semanas no soporté Coexist. Me sentí defraudado, dolido, traicionado, y publiqué algunos tuits al respecto. Aquello no era su XX (2009), ni el discazo que nos había prometido la Rockdelux. Ni siquiera había un temazo de esos que hacen temblar las paredes, del palo de Crystalised. Sin embargo, allá por Septiembre me encontré conduciendo de noche, realizando un viaje largo por carreteras apenas transitadas, y entonces descubrí Coexist. Me perdí en sus juegos, en esa suerte de ambiente brumoso que no se decide a despegar, comprendí que su fuerte era, precisamente, su indefinición, su ser-líquido. No tengo intención de abandonarlo.
17. Purity Ring - Shrines
La primera vez que escuché Belispeak, su single de presentación, supe que Purity Ring iban a colarse en mi vida. Guardaban en su interior un eco ochentero que no se quedaba en el pastiche al estilo Kavinsky, sino que se deslizaba hacia un estribillo portentoso. Quedaba la duda del millón de dólares: ¿Estaría el resto del disco a la altura? Se desplegó el misterio y nos llevamos una alegría: electro-pop inteligente sin demasiadas deudas, capaz de sugerir y jugar entre la ingenuidad y la disonancia (escúchese Saltkin, por ejemplo).
16. Swans - The seer
Todos los años, Angel María Garcia Martiartu me hace un regalo. El año pasado fue el descubrimiento de Alvarius B., y este año le han tocado los Swans. Si en 2012 se acaba el mundo, The seer sería su banda sonora. El material sonoro no puede apenas describirse: es una espiral hacia la oscuridad, una fuga total de sonido que repta hacia los pulmones y los encharca, la psicósis bien temperada, la nana siniestra del siglo XX. Las canciones son aliens rizomáticos que se hacen los dormidos o que sueñan con paisajes industriales abandonados. Más lyncheanos que Lynch, vomitan dos pedazo de discos que son a la vez un taladro y una Biblia en llamas. No se lo pierdan. Aunque quizá deban tomar aire primero.
15. St. Vincent + David Byrne - Love this giant
Una de las cosas que no termino de entender es cómo Love this giant apenas ha pasado de puntillas por las listas mayoritarias de los mejores discos del año. Mi teoría es que no se ha escuchado lo suficiente, con la atención que merece un tapiz de sonidos y sugerencias simplemente perfecto. A Love this giant hay que meterle horas, perderse entre los temas, disfrutar del complejo proceso de construcción que encierra. De entrada, mi amor incondicional por St. Vincent y mi admiración ciega por Byrne ya presagiaban que el disco me iba a atrapar: después llegaron esos trabajos vocales de ingeniería y detalle fino, el sentido del humor, el cariño que desprende cada tema. No le han perdonado su inteligencia, su falsa levedad, su ser auténticamente diferente a las modas de lo indie. Igual es eso.
14. Julia Holter - Ekstasis
Ver a la Holter en directo ha sido una de las experiencias más potentes de este 2012. A medio camino entre la mística iluminada y la muñeca rota, parapetada tras un teclado inmenso, frágil y divertida, canalla y exquisita, era imposible no enamorarse un poco. Es cierto que el disco no alcanza la potencia de su directo, pero temas como Four Gardens o Moni Mon Amie trazan siluetas en el espacio y sugieren interiores más deudores de la pintura romántica que del Instagram. Sólo por eso merece la pena sumergirse en un disco que es un pozo de agua helada en el que extrañas luces del atardecer acarician pieles desnudas.
13. Crystal Castles - III
Maestros del ruido electrónico en estado puro, disco tras disco, Crystal Castles se permiten el lujo de hacer lo que les viene en gana. Parecen adoptar un enfoque más cercano a la violencia dirigida hacia el interior que en anteriores trabajos, suenan menos lúdicos, menos festivaleros. Por momentos se detectan extraños ecos, como escrituras extremas del Halcyon and on and on de Orbital, o perversas autocitas. El mayor logro de III es crear una verdadera crítica del sujeto postmo con tintes electros. Se añora esa faceta un poco más asequible que se sugirió en el brutal Not in love que firmaron junto a Robert Smith, pero ya se sabe que el artista es escandalosamente libre y no se debe sino a su propia voluntad. Y Cristal Castles tienen auténtica voluntad de poder vestida de electro -véase la fabulosa Violent youth- que puede horrorizar o fascinar al personal a partes iguales. Pero son ellos, auténticos en su coqueteo con lo Hype, y por eso les amamos.
12. Antony & The Johnsons - Cut the world
En el otro extremo del discurso, Antony y ese pedazo de directo con orquesta que sacó allá por finales de verano. En paralelo a otro producto de corte similar que se me ha quedado fuera de la lista (el Live Blood de Peter Gabriel, notable pero algo menos logrado), Antony ha realizado un uso inteligente y coherente de la orquesta sinfónica de turno, sin caer en los delirios habituales en este tipo de propuestas. Brutales revisitas de Kiss my name y I fell in love with a dead boy, monólogos paganos descabellados y reivindicables, aullido y carcajada, lo cierto es que Hegarty es un crack total y un tipo auténtico con el que yo me iría de cañas sin dudarlo. Una pena que en el setlist se quede fuera Hope there´s someone. ¿Que está más vista que el tebeo y es poco indie, poco underground reivindicarla a estas alturas? ¿Y qué?
11. Los evangelistas - Homenaje a Enrique Morente
Mi deuda con el Omega. Mi deuda con Morente. Porque se puede aprender de los discos, y porque algunos discos están más allá de la Historia y se convierten en Escrituras Totales. Los evangelistas no han llegado hasta el Omega, pero han realizado una aproximación valiente, sólida y compleja al universo del difunto. Sus disparos no gustará a los puristas -¿de quién? ¿de cuál de todos los infinitos Morentes que hay en cada uno de sus discos?-, pero tengo la impresion de que Jota & Company ejercen como auténtica Voz del Pueblo al ponernos de rodillas ante el ídolo de Granada en una eucaristía laica y musical de comunión con un misticismo que no es ni español, ni andalúz, ni local, ni global. Morente era una hoguera y Los Evangelistas han convertido sus pavesas en epifanía planetaria. Lo que no es poco.
To be continued...
18. The XX - Coexist
Debo ser sincero. Durante las dos primeras semanas no soporté Coexist. Me sentí defraudado, dolido, traicionado, y publiqué algunos tuits al respecto. Aquello no era su XX (2009), ni el discazo que nos había prometido la Rockdelux. Ni siquiera había un temazo de esos que hacen temblar las paredes, del palo de Crystalised. Sin embargo, allá por Septiembre me encontré conduciendo de noche, realizando un viaje largo por carreteras apenas transitadas, y entonces descubrí Coexist. Me perdí en sus juegos, en esa suerte de ambiente brumoso que no se decide a despegar, comprendí que su fuerte era, precisamente, su indefinición, su ser-líquido. No tengo intención de abandonarlo.
17. Purity Ring - Shrines
La primera vez que escuché Belispeak, su single de presentación, supe que Purity Ring iban a colarse en mi vida. Guardaban en su interior un eco ochentero que no se quedaba en el pastiche al estilo Kavinsky, sino que se deslizaba hacia un estribillo portentoso. Quedaba la duda del millón de dólares: ¿Estaría el resto del disco a la altura? Se desplegó el misterio y nos llevamos una alegría: electro-pop inteligente sin demasiadas deudas, capaz de sugerir y jugar entre la ingenuidad y la disonancia (escúchese Saltkin, por ejemplo).
16. Swans - The seer
Todos los años, Angel María Garcia Martiartu me hace un regalo. El año pasado fue el descubrimiento de Alvarius B., y este año le han tocado los Swans. Si en 2012 se acaba el mundo, The seer sería su banda sonora. El material sonoro no puede apenas describirse: es una espiral hacia la oscuridad, una fuga total de sonido que repta hacia los pulmones y los encharca, la psicósis bien temperada, la nana siniestra del siglo XX. Las canciones son aliens rizomáticos que se hacen los dormidos o que sueñan con paisajes industriales abandonados. Más lyncheanos que Lynch, vomitan dos pedazo de discos que son a la vez un taladro y una Biblia en llamas. No se lo pierdan. Aunque quizá deban tomar aire primero.
15. St. Vincent + David Byrne - Love this giant
Una de las cosas que no termino de entender es cómo Love this giant apenas ha pasado de puntillas por las listas mayoritarias de los mejores discos del año. Mi teoría es que no se ha escuchado lo suficiente, con la atención que merece un tapiz de sonidos y sugerencias simplemente perfecto. A Love this giant hay que meterle horas, perderse entre los temas, disfrutar del complejo proceso de construcción que encierra. De entrada, mi amor incondicional por St. Vincent y mi admiración ciega por Byrne ya presagiaban que el disco me iba a atrapar: después llegaron esos trabajos vocales de ingeniería y detalle fino, el sentido del humor, el cariño que desprende cada tema. No le han perdonado su inteligencia, su falsa levedad, su ser auténticamente diferente a las modas de lo indie. Igual es eso.
14. Julia Holter - Ekstasis
Ver a la Holter en directo ha sido una de las experiencias más potentes de este 2012. A medio camino entre la mística iluminada y la muñeca rota, parapetada tras un teclado inmenso, frágil y divertida, canalla y exquisita, era imposible no enamorarse un poco. Es cierto que el disco no alcanza la potencia de su directo, pero temas como Four Gardens o Moni Mon Amie trazan siluetas en el espacio y sugieren interiores más deudores de la pintura romántica que del Instagram. Sólo por eso merece la pena sumergirse en un disco que es un pozo de agua helada en el que extrañas luces del atardecer acarician pieles desnudas.
13. Crystal Castles - III
Maestros del ruido electrónico en estado puro, disco tras disco, Crystal Castles se permiten el lujo de hacer lo que les viene en gana. Parecen adoptar un enfoque más cercano a la violencia dirigida hacia el interior que en anteriores trabajos, suenan menos lúdicos, menos festivaleros. Por momentos se detectan extraños ecos, como escrituras extremas del Halcyon and on and on de Orbital, o perversas autocitas. El mayor logro de III es crear una verdadera crítica del sujeto postmo con tintes electros. Se añora esa faceta un poco más asequible que se sugirió en el brutal Not in love que firmaron junto a Robert Smith, pero ya se sabe que el artista es escandalosamente libre y no se debe sino a su propia voluntad. Y Cristal Castles tienen auténtica voluntad de poder vestida de electro -véase la fabulosa Violent youth- que puede horrorizar o fascinar al personal a partes iguales. Pero son ellos, auténticos en su coqueteo con lo Hype, y por eso les amamos.
12. Antony & The Johnsons - Cut the world
En el otro extremo del discurso, Antony y ese pedazo de directo con orquesta que sacó allá por finales de verano. En paralelo a otro producto de corte similar que se me ha quedado fuera de la lista (el Live Blood de Peter Gabriel, notable pero algo menos logrado), Antony ha realizado un uso inteligente y coherente de la orquesta sinfónica de turno, sin caer en los delirios habituales en este tipo de propuestas. Brutales revisitas de Kiss my name y I fell in love with a dead boy, monólogos paganos descabellados y reivindicables, aullido y carcajada, lo cierto es que Hegarty es un crack total y un tipo auténtico con el que yo me iría de cañas sin dudarlo. Una pena que en el setlist se quede fuera Hope there´s someone. ¿Que está más vista que el tebeo y es poco indie, poco underground reivindicarla a estas alturas? ¿Y qué?
11. Los evangelistas - Homenaje a Enrique Morente
Mi deuda con el Omega. Mi deuda con Morente. Porque se puede aprender de los discos, y porque algunos discos están más allá de la Historia y se convierten en Escrituras Totales. Los evangelistas no han llegado hasta el Omega, pero han realizado una aproximación valiente, sólida y compleja al universo del difunto. Sus disparos no gustará a los puristas -¿de quién? ¿de cuál de todos los infinitos Morentes que hay en cada uno de sus discos?-, pero tengo la impresion de que Jota & Company ejercen como auténtica Voz del Pueblo al ponernos de rodillas ante el ídolo de Granada en una eucaristía laica y musical de comunión con un misticismo que no es ni español, ni andalúz, ni local, ni global. Morente era una hoguera y Los Evangelistas han convertido sus pavesas en epifanía planetaria. Lo que no es poco.
To be continued...
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