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17.7.11

Sobre Scott Pilgrim y otras perversiones

Los arqueólogos, los historiadores, los detectives privados de la imágen audiovisual lo sabemos: las cosas están cambiando. Las audiencias, los espectadores, las voluntades y los discursos fílmicos se han convertido en extraños mutantes, híbridos, alienígenas ideológicos bastardos que hablan idiomas extrañísimos. André Bazin disparó en la sien de los estudios audiovisuales cuando, al final de su Ontología, señaló: "Por otra parte, el cine es un lenguaje". Su profecía sólo se cumplió realmente en el momento en el que nuestros alumnos comenzaron a grabar sus videos, a editarlos con sus smartphones y a colgarlos en youtube casi a tiempo real.

Frente a esto, uno intuye tres corrientes mayoritarias en la crítica. La primera es una vieja nostálgica horrorizada que piensa que el cine terminó en los cincuenta y que desde Billy Wilder apenas se ha rodado nada interesante. La segunda es una vieja revolucionada horrorizada que piensa que el cine terminó en la Nouvelle Vague y que desde Godard apenas se ha rodado nada interesante. La tercera pertenece a su tiempo y se parapeta tras blogs, Vlogs, revistas on-line y fanzines 2.0. Todavía balbucea, pero no tardará en reivindicar como textos mayores de la cultura popular la filmografía de Zack Snyder, los discos de Crystal Castles o la última entrega del Final Fantasy.

Scott Pilgrim pertence a una nueva generación de cinéfilos. Eso hará que muchos la desprecien, la infravaloren y la aparten como una gamberrada estúpida. Sin embargo, es un texto absolutamente postmoderno -en el sentido más estricto de la palabra- que saquea con total tranquilidad todos los cementerios culturales de la segunda mitad del XX: la cultura punk, el techno japonés, el folletín romántico, las máquinas de bailar y las tiras gráficas.

Antes hablaba de la crítica. Ahora hablo del mundo postadolescente postmoderno. Siempre hubo dos clases: los chicos/as guapos/as que visten camisas blancas y trajecitos elegantes en el MoMa-Madrid, exquisitamente bronceados y fascinados con la última náusea de Amaia Montero. Hacen botellón con alegría de viernes noche y sueñan con heredar la empresa de papá o el despachito en la Castellana, conducir un Mini y convertir sus vidas sexuales en una mezcla de Médico de Familia y Sexo en Nueva York.

Luego están los otros. Los que viven en el límite. Los que visitan 4chan, se descargan discos de grupos impronunciables, llevan jugando al Zelda o al WoW desde hace años y ya saben que los simulacros de la España postmo (la política, las metodologías activas, la comunicación, Amar en tiempos revueltos) son una puta mierda. Son los hijos aventajados de Juego de Tronos, los ideológos del futuro, la legión famélica que sabe que hay más verdad en su personaje del WoW que en la televisión o en los periódicos, francotiradores vestidos de negro adictos a Pokémon. Y no están solos. Son una legión silenciosa de autonombrados friquis que saben que llevar camisa blanca de marca es ser un hortera o parte del sistema. Su sistema es 2.0 y cuesta dos manás rojos y uno incoloro. Scott Pilgrim podía ser parte de su bandera, como podría serlo también Kick Ass o la Ultraviolencia de Noguera. Son hermosos, son jóvenes, están malditos -algunos son malkavian- y se ríen entre dientes de los hipotéticos líderes políticos y de opinión. ¿Por qué no habrían de tener su cine? ¿Por qué no habría que saludar cintas como Amanecer de los muertos, Watchmen, Orígen o Juno como sus nuevos evangelios? ¿No es la saga Silent Hill un profundo tratado de sociología virtual?

Larga vida a Scott Pilgrim y a sus acólitos. Hay que prenderle fuego a las catedrales de Andy & Lucas, recordar que Ricky Martin antes iba de hetero hasta que su cuenta bancaria se puso en números rojos, poner en letras bien grandes que Vale Music son sinónimo de analfabetismo y vulgaridad. Scott Pilgrim, jóvenes acólitos, nínfulas góticas, lectores de cómics, la Nueva Crítica os saluda y celebra, en fin, que tengáis un par de huevos.

19.5.11

Eh, imbécil (ejercicio punk para corear en botellones solidarios)


(Según Cayo Lara, los del 15m son sus hijos y los hijos de sus amigos. Punto. Nada que comentar)

"Confundes marginal con nunca me dan lo que yo quiero
y pienso, maldición, eres un corazón salvaje,
¿de qué vas?"
(Rosendo)

Eh, imbécil, menea el bullarengue mientras arden las ciudades. Destila el aceite de Hash de tus promesas y mira el escote de las niñas perrofláuticas con ácida sonrisa.
Eh, imbécil de izquierdas, cómele los morros a la estoica calavera agujereada de Katyn y vota socialista. Ph Neutro, conciencia impoluta, ahora vienen a por mí pero ya es tarde.
Eh, imbécil de derechas, la blackberry de papá en el reservado del MoMa y excelsas felaciones de melenas rubias oxigenadas, sin ira libertad.
Eh, imbécil de Intermon Oxfam, ¿dónde esta la pasta que se llevó vuestro director hace unos años? ¿Habéis calculado el número de cadáveres que empujan los bulldozers en África?
Eh, eh, eh, imbécil.
Eh, imbécil de Greenpeace, no tengo cinco minutos para el medio ambiente y siento de corazón que un coche atropellara a tu perrito cuando eras pequeño. Créeme: tu no tenías la culpa.
Eh, imbécil de Auschwitz, ¿qué tienes que decir sobre las masacres en Rwanda, Camboya y Argel después de tus títulos de crédito?
Eh, imbécil del Indie, ¿acaso no te aterra un poquito que todo el mundo escuche los grupos que supuestamente te gustan en sus discotecas?
Eh, imbécil antisistema, ¿vas a subir las fotos y los videos con tu Ipod?
Eh, eh, eh, imbécil.
Eh, imbécil de Hegel, ¿dónde demonios está tu bendito Espíritu ahora, después de las violaciones masivas en Grbavica?
Eh, imbécil bakala de la periferia que se compró una casa y un Audi cobrando ochocientos euros. Eres imbécil.

"Mi padre trabaja en el gremio de hostelería
y mi pintura no es ninguna porquería.
Oye nena, yo soy un artista"
(Siniestro total, Oye nena, yo soy un artista)

Eh, imbécil de Stalin, no veas que risas, tronco.
Eh, imbécil de Hitler, ya sabes lo que dice Penélope Cruz: "Si las cosas van mal, lo bueno es relajarse un par de horas".
Eh, imbécil de Obama: Ya me jodería.
Eh, imbécil de la Fabrik, ¿no te puedes hacer a tu pibita?
Eh, imbécil yonki de Callejeros: eres la última esperanza de Occidente. Te admiro, en serio.

"Ya cayó el telón de acero y derribamos el muro de berlín
y ahora todos juntos como hermanos vamos de la mano a comer a un Kutre King
Y si Lenin levantara la cabeza "¿Que habeis hecho?"; darle
un Burguer con queso"
(Boikot, Korsakov)

Arriba los pobres del mundo, en pie famélica legión.