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19.2.14
Las variaciones Teddy Danniels (Shutter Island) en Cine Divergente
Después del torbellino antinostálgico del lunes, os dejo un texto atípico por aquí a medio camino entre la escritura automática, el homenaje a Müller y la fascinación que siempre me ha provocado esa gran película de nuestro tiempo que es Shutter Island. Se puede leer tal que aquí.
25.3.12
Apuntes -amargos- al hilo de "La invención de Hugo"
1.
Durante un tiempo -casi me atrevería a decir que durante un cierto tiempo de militancia en según que foros-, me obsesionó el problema de la erosión del relato clásico. Digamos que hay un cierto talibanismo en eso de retornar, cueste lo que cueste, a la magia de ese relato seminal a medio camino entre John Ford y Clint Eastwood. No quiero decir -ustedes ya lo saben- que cintas como La diligencia o La fiera de mi niña sean menos oscuras, menos problemáticas o menos complejas que, pongamos por caso, Grupo salvaje o Terciopelo azul. Sólo un imbécil defendería tal cosa. Lo que quiero decir es que hay una cierta lectura del cine que opina que sociológicamente, Occidente se puede salvar mediante un relato sólido que ancle a los sujetos.
Lo que quiero decir es que uno tiene derecho a estar hasta los huevos del Hollywood clásico, del discurso de Jose Luis Garci, de los clásicos sobrevalorados y de la pose cinéfilo-rancia. De todas las poses, la cinéfilo-rancia y la cinéfilo-progresista.
La teoría es hermosa, sin duda. Pero como bien dijo el poeta, "las ilusiones son, por su propia naturaleza, dulces". Y la idea de que a estas alturas del partido el clasicismo puede ser resucitado simple y llanamente con un carretón de buenas intenciones me parece, en el mejor de los casos, ingenua. No. Propp es un anciano tartamudo en mitad de esta bendita rave totalitaria.
2.
Scorsese, claro, y el cuento para niños. Y la bondad. Y que Dios bendiga a los hombres de buen corazón.
La única razón por la que vi Hugo es porque la sala más cercana en la que proyectaban Shame estaba a unos trescientos kilómetros, aproximadamente. Y me dieron exáctamente lo que yo había pedido alegremente en la taquilla de la minisala: una tonelada de almíbar rancio, exquisitez francesa, oh la lá los felices años antes de Auschwitz, y la (buena) canción de los niños sin padre. Amén.
Scorsese ha rodado una cinta para que los teóricos la puedan desmenuzar con toda facilidad, irse a la reflexión de postalita, Walter Benjamin que estás en los cielos, la presencia del tren, la máquina de la modernidad, el autómata, la máquina de proyectar. Volver a decir lo mismo otra vez, porque la cinta vuelve a decir lo mismo otra vez, porque a lo peor la inmensa mayoría del cine está diciendo lo mismo a todas horas, ruido por la boca, corrala de patio intelectual. Qué bueno eres Scorsese, aunque quizá deberías explicarme cómo te ha dado por ponerte exquisito y torpemente afrancesado, o explicarte por qué no has tenido los huevos para seguir la línea que tú mismo dibujaste en Shutter Island. La línea del horror que atravesaba Dachau y acababa en el asesinato del hijo.
Te has cagado de miedo, Scorsese. Pero lo entiendo. Es lo que tiene la historia del siglo XX.
3.
El problema -ahí está la conexión Shame/Hugo- no está en la máquina, sino en el cuerpo.
El problema es que cuando teníamos doce años y no teníamos padre no apareció ninguna nínfula imbécil vestida de lolita pornobibliotecaria-nerd para enseñarnos, oh, el amor a cambio del cine. El problema es que cuando teníamos doce años y estábamos desesperados nos dieron golpes hasta en el carnet de identidad, los gitanos nos atracaban en el barrio, estuvimos completamente abandonados en un universo sin Dios por aquella broma pesada que los alemanes habían montado en Polonia, y cambiamos el humanismo por el cumshot. Decir lo contrario, Scorsese, es mentir y sublimar una realidad hija-de-la-gran-puta, una realidad que acaba en Brandon llorando frente al Hudson, no en Hugo siendo salvado -¡nada menos!- por Meliés.
El teórico de buen corazón toma la palabra al fondo de la sala y dice: "Hugo es una cinta que, bajo la apariencia del cuento, esconde en realidad una visión oscura de la preadolescencia".
Yo grito al teórico de buen corazón: "Es usted un puto mentiroso", y después prendo fuego a su crítica. Hugo no es amarga, es una inmensa tomadura de pelo, un truco de magia que quiere impedir que veamos lo que hay, que nos rompamos la cabeza contra lo real. ¿Qué pasa con los huérfanos que el policía condena al orfanato? ¿Qué ocurre cuando -apenas unos años después- la alegre chavalada francesa celebra la barbarie en el velódromo de invierno? ¿Qué ocurre cuando termina el film y se agota el relato?
Nada.
No ocurre nada.
"Es un cuento". "Es una fábula". Curiosa manera de esconder una frase mucho más sangrante. Es mentira.
Es mentira.
17.11.11
George Harrison: Living in the material world
Scorsese se acerca a la figura de Harrison siguiendo la misma clave que Corbijin utilizó para acercarse a la figura de Ian Curtis: la palabra, la pasta, y la mirada de la viuda. El resultado, ya se sabe, es una suerte de hagiografía laica con una pequeña gota de bromuro para que no se diga, diluída pacientemente durante tres horas y media de metraje que suponen un tour de force para el espectador no acostumbrado a estos menesteres. San Scorsese rueda al santón hindú Harrison abriendo con fuerza el obturador para que todo se sature de una luz que a ratos es de éxtasis místico, a ratos de éxtasis profano, a ratos de éxtasis cultural. Los mártires de la cultura pop -con Lennon a la cabeza- se abrazan y se besan entonando un Hare Krishna, Hare Hare.
Living in the material world no es, por sí misma, una buena película. Si acaso por momentos parece un documental más bien tirando a clasicote y a mediocre.
Pero.
Pero la explosión de la música y del testimonio es por momentos tan conmovedora, quiero decir, tú sabes todas las noches que has estado tirado por los parques cantando a voz en grito While my guitar gently weeps con dos copas de más o de menos y la pantalla se suceden los acordes, fotografías de los Beatles, mira, Ringo Star resucitando de su agonía en los tardosesenta, Paul, Yoko, el maldito Eric Clapton, el maldito Phil Spector, y entonces todo el amor y toda la fuerza de la cultura popular te golpea, el sueño imposible, el amor imposible, all you need is love, acuérdate de los años en los que éramos capaces de ver las películas de Lester cuatro, cinco veces al mes, ¿ese no es el principio de Love you to? Roy Orbison, los pelos de punta, tienes ganas de aplaudir y hay gente en la sala que baila en sus asientos, mueve la cabeza, hay un magma de recuerdos, en fin, tú mismo lo dices en tus clases, quizá los Beatles fueran más famosos que Jesucristo y quizá los Beatles sean más importantes que cualquier otro filósofo en el siglo XX, y ciertamente My Sweet Lord era un pequeña maravilla, Layla, la historia de la verdadera Layla, la verdadera Layla de Clapton hablando sobre sórdidas habitaciones de hotel, secretos, rabia, furia, noches sin dormir, ahí está Bob Dylan, y la gente sigue bailando en la sala y quizá sean tres horas o quizá sean tres minutos, y Ravi Shankar dice unas palabras maravillosas y brutales que se quedan flotando en la sala como una araña gigante -dice, creo recordar, algo sobre la música como una conexión directa con Dios, cosa que yo mismo he defendido con todas mis fuerzas en este blog y en otros lugares- y el concierto por Bangladesh, por supuesto que la película no deja de ser un documental clásico pero al mismo tiempo está sonando Blue Jay Way, que parece una manifestación de sabios esqueletos deslizándose por cañerías oxidadas, y en fín, Ringo Star deja escapar una lágrima y realmente tienes la impresión de que la lágrima es sincera, de que no hay ni trampa ni cartón, un secreto oculto y triste tras el más sonriente de los cuatro muchachos de Liverpool, y la cinta...
...y la cinta termina.
No es buena película. Pero es una fotografía de grupo tan brillante como la portada del Sgt. Pepper´s. Y es un trozo de mi autobiografía, un breve recorrido por las muchas cosas que me han mantenido de pie a este lado de la trinchera. Mi ejército, mi ideología -lo he dicho siempre- es la cultura popular. Y sólo desde la cultura popular tiene sentido reivindicar la belleza, el equilibrio, la verdad.
No es buena película. Pero es una película especial para un público especial. Y simplemente por eso, porque has llegado hasta aquí en el texto, te recomendaría que la vieras.
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