9.1.13

Madrid Arena/Mahagonny

La Fura dels Baus
 Madrid Arena

   Cuando Bertolt Brecht estrenó Auge y caída de la ciudad de Mahagonny, allá por marzo de 1930, la alegre chavalada del NSDAP irrumpió en el teatro para increpar a la asistencia y aullar su particular Deutschland über alles por encima de la partitura original de Kurt Weill. Según el autor que se consulte, la representación se concluyó con éxito o, por el contrario, las hordas de aguérridos muchachotes arios consiguieron asfixiar con sus patrióticos y sentidos himnos aquel extraño exponente de música degenerada. La pieza, por cierto, terminaba con un apoteósico y dolorosísimo Poema del hombre muerto, con un último y certero aullido: Können uns und euch und niemand helfen!

   La ciudad de Mahagonny acabó reconvertida en discoteca para la chavalada teenager y nos regaló cinco cadáveres por los que, volviendo a Brecht, ya no se podía hacer nada. Es lo malo que tienen los muertos: que en su finitiud, cierran cualquier posibilidad y ponen límite incluso hasta a la memoria. Nada hay más tozudo en el presente que un cuerpo muerto. La ciudad de Mahagonny, Madrid de arenas movedizas guardadas por un übermensch fiel heredero del NSDAP con vinculación con grupos de extrema derecha, linchamientos racistas y otros pequeños deslices de cachorro neonazi. La ciudad de Mahagonny en llamas, celebrando la nochevieja o el spá, cuidándose el cutis mientras el cadáver descompuesto mira al cielo en un gesto de extrema incredulidad. La derecha pública tiende a darse un masaje -esto también lo sabemos por la Historia, que no es tan desmemoriada como parece- mientras deja que se ensucien las manos sus huestes radicales. Nosotros, los democráticos, no queremos saber nada de esos pobres descontrolados, ni de sus consignas, de los hermanos pequeños hermanados por la sangre y la tierra, la raza y el noble espíritu de este país inmortal de noble pasado y gran poderío.

    Pero los lazos, al final, emergen. Pueden ser raciales, espirituales, comunitarios, o finalmente, económicos. ¿Qué conexiones orbitan en torno a Miguel Ángel Villanueva, Miguel Ángel Flores y los nuevos übermensch de los grupos futbolísticos? O formulada, finalmente, la pregunta clave: ¿qué conexiones existen entre los cargos políticos de una cierta derecha y de la ultraderecha? ¿Cuántos cadáveres más necesitamos para entender que hay una cierta simpatía, una conexión permisiva, una recuperación voluntaria de la Historia que comienza con la efigie de nuestro pretérito dictador gallego y termina en la sombra de los Sonderkommando? ¿Hacen falta más libros como el de Eduardo Martín de Pozuelo para despertar del letargo ideológico al que esta amnesia políticamente correcta y el café para todos de la Transición se despeje?

    Cuando Dios, en el tercer acto de Mahagonny, se aparece a sus habitantes y les amenaza con la condenación eterna, ellos muestran la mejor de sus sonrisas y se limitan a responder: "Ciertamente, no podremos ir... porque siempre hemos vivido en el infierno". Ni siquiera dicen: "Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir". No. Dicen siempre hemos vivido en el infierno. Lo mismo deberíamos responder nosotros, a la luz de la cantidad de ignominia y de profunda vergüenza que brota con cada nuevo paso de la investigación. Villanueva, el enésimo caído, balbucea frente a los micrófonos: "Nadie puede poner en duda mi honor, mi integridad, mi honestidad". En la tertulia de La Sexta, en paralelo, los opinaores se maravillan ante la aparición de un calamar gigante. En el Twitter, en paralelo, los retuiteos de IFilosofía y otros cánceres del pensamiento se multiplican. En las calles, en paralelo, nadie, nada, nunca. Y yo, en paralelo y exiliado de Madrid/Mahagonny con cinco cadáveres más en la nómina de la barbarie, respondo a coro con todos vosotros: "Siempre hemos vivido en el infierno".

    Bertolt Brecht, featuring Steve Aoki.

2 comentarios:

Lluís Bosch dijo...

Describes la pesadilla que se acerca, más o menos sigilosa pero imparable. Hace dos días pasé miedo de verdad en el metro de Barcelona, dentro del vagón con una quincena de rapados, gritando y alzando la mano "Nazi skin, nazi skin!" En sus camisetas había logotipos futbolísticos y patrióticos aparentemente contradictoria pero no, al fin descubrí que muy coherente.

Aristofeles dijo...

como siempre, la incoherencia de la democracia. Estos candidatos de derechas son elegidos por una mayoría, como fue en su día Hitler.