1.1.12

Algunas notas sobre la crisis del cine en el 2011


   Llega a mi correo el magnífico artículo I´ll tell you why movie revenue is dropping del crítico Roger Ebert, publicado el 28 de Diciembre en el Chicago Suntimes. De manera sistemática, brutal y desmitificadora, Ebert acaba dando seis pistas básicas para el debate sobre una industria que este año ha vuelto a vender menos y menos entradas. Simplificando, el autor propone lo siguiente:

01. El 2011 no ha traído ningún blockbuster demoledor del tipo Avatar.
02 .Los precios en sala son excesivamente altos. Sólo de pensar lo que cuesta llevar a cuatro miembros de una familia a una sesión en 3D ya resulta intolerable.
03. Los nuevos -y viejos- públicos son cada vez más maleducados, impidiendo un correcto disfrute de la experiencia fílmica: desde el cani que no para de hablar con su parienta hasta la señora mayor que decide atender una llamada telefónica en mitad de la proyección.
04. La relación cantidad/precio de los snacks que se venden en la sala es desproporcionada.
05. Hay nuevas maneras de distribución para nuevos públicos que nada tienen que ver con la sala (netflix, filmin...)
06. La falta de variedad en la distribución mayoritaria, falta de variedad en los temas, las formas, las experiencias.

    A estos seis puntos de Ebert, yo añadiría algunos otros que se pueden acuñar desde la perspectiva nacional:

B1. El problema de la centralidad de la oferta. Más allá de Madrid, Valencia y Barcelona es absolutamente imposible comprender lo que ocurre en la esfera cinematográfica. O se tira de Internet -es decir, se renuncia a la sala- o se somete uno a una degradante experiencia intelectual. Digámoslo claro: lo que escupen las minisalas de las provincias menos favorecidas rara vez es cine.
B2. La falta de confianza en la cinematografía patria. 2011 ha resultado ser un annus horribilis donde apenas cinco películas pueden salvarse de una quema implacable. Y esas cinco películas han sido cinco milagros, de mucho premio y poca distribución.
B3. La polémica Isaki Lacuesta-Carlos Boyero ha puesto finalmente sobre la mesa el intolerable panorama casi borderline de una cierta crítica patria acostumbrada a vivir apesebrada en su propia ignorancia. Los que escribimos desde la otra orilla (los ShangriLas, los Detours, los Transits, los Blogs&Docs, los Cineuás, los Mecca XXI y, por supuesto, algunos Caimanes) trabajamos a salto de mata, palmando pasta y sin demasiadas posibilidades de futuro. No hay que engañarse: el enemigo de la Nueva Cinefilia es el carlosboyerismo, la guardarropía de la crítica postfranquista y el enchufismo rampante.
B4. Objetivamente hablando, la formación de nuevos cineastas no ha sido beneficiada por las últimas reformas del sistema universitario. Debido a la desconfianza general en las humanidades y en la reflexión de altura sobre el cine -¿para qué enseñar a pensar el frame cuando se puede enseñar un software que estará obsoleto en siete meses?-, uno se encuentra aberraciones como profesores titulares que se jactan de no haberse leído La imágen tiempo/movimiento "porque es muy complicado y además, a los chicos no les hace falta". Si a los futuros cineastas no se les enseña a pensar, ¿por qué luego nos llevamos las manos con cada Fuga de cerebros?
B5. Sin un buen sistema de distribución, un buen sistema de producción, un buen sistema crítico y un buen sistema académico, ¿es lícito pedirle al espectador que nos respete y nos escuche? ¿Acaso no es mucho más coherente llegar con el smartphone atronando y los nachos con queso al pase del sábado por la noche? ¿No es el espectador medio una consecuencia lógica del descrédito general del cine? Hemos premiado a directores que rodaban mierda, a exhibidores que se lucraban a lo grande a costa de las familias y los pequeños cinéfilos, a críticos que rebuznaban y se sentían orgullosos y, por supuesto, a profesores que sentían alergia hacia eso de complicarse la vida pensando.
    En un par de semanas, cuando las televisiones ofrezcan los datos oficiales del estado del cine español -o del cine en España- nos pondremos todos a llorar y a posicionarnos a favor/encontra de la Ley Sinde. Pero las cosas no se agotan en la Ley Sinde. Lo digo como espectador que paga sus entradas con convicción: tenemos que mirar más y más y más lejos.



3 comentarios:

Ventura dijo...

Hola Aaron. Me gustaría hacer un par de matizaciones a tus matizaciones a Ebert.

1. Aunque si bien es cierto que todo el “meollo” cinematográfico se cuece en las grandes ciudades (sobre todo Barcelona), no es menos cierto que en algunas ciudades de provincia como La Coruña o Santander se anima vivamente el panorama desde sus filmotecas. Sobre todo en la primera, que además de interesarse por los ciclos que se pasan en los grandes festivales, llevan a cabo iniciativas propias. Sin ir más lejos la retro a Matias Piñeiro. Por no hablar de esos pequeños y vetustos cineclubs de provincias que programan a su antojo y de manera totalmente independiente el cine que más les interesa. Desde luego su labor es menos (o nada) espectacular porque no gastan en publicidad y tampoco tienen la necesidad de hacerlo. Es decir, su trabajo es como si no contase. Por ejemplo, dentro de poco se hará una retro a Sokurov en el MACBA con sus famosas “Military Series”. Va a ser la hostia; todas las revistas hablaran de ello y se ensalzará (como siempre) la labor del museo catalán por encima, incluso, que las películas del ruso de hielo. Pues bien, ese mismo ciclo se pasó en Valladolid en el Patio Herreriano en el 2005.
2. Creo que este ha sido uno de los grandes años de la cinematografía patria. “Los pasos dobles”, “La piel que habito”, “La vida sublime” “Recuerdos de una mañana”, “Color perro que huye”, “Mercados de futuro”, o “Hollywood talkies” son la punta de lanza de un cine que ha mantenido un nivel medio muy aceptable; ahí están los ejemplos de “Blog” o “Iceberg”. No he visto “El mundo que fue y no es”, “Open 24H” y “El señor ha hecho en mí maravillas”, pero conociendo la trayectoria de sus directores, creo que no pueden ser decepcionantes.

Un saludo,
R.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Estimado Ventura:
Acepto humildemente ambas correcciones, aunque te devuelvo la pelota:
1. Cierto es que algunas provincias tienen la inmensa suerte de contar con potentísimas filmotecas -al final, potentisimos individuos que se dejan la piel, no nos engañemos- o puntuales festivales que pelean como gato panza arriba. Por eso mismo en mi texto matizaba al hablar de "minisalas" y de capitales de provincia "poco afortunadas". Este año ya hemos visto la catástrofe de Caja España en Valladolid, y podría ponerte algún otro ejemplo sobre auténticos eriales cinematográficos en los que este año no ha llegado ni "Melancolía", ni "Un dios salvaje", ni "Habemus papam". Es cierto que en algunas comunidades hay más fuerza, tradición y buen hacer. En otras, en las que no se tiene tanta suerte, la cosa es para no parar de llorar.
2. No comparto en absoluto tu visión de lo que ocurre en el cine español -para eso están los blogs, para intercambiar ideas. Claro que "Los pasos dobles" o "La vida sublime" son fabulosas, pero no comparto tu interés ni por la última de Almodóvar ni, desde luego, por "Blog" -por cierto, ¿se puede ver en algún lado "Recuerdos de una mañana"? Porque reconozco que esa sí que me muero de ganas por hincarle el diente... Es que Guerín es mucho Guerín... Pero seguimos en lo de siempre: estamos rastreando en las migajas de la industria, y todas las cintas que citas no han ocupado ni el 1% de la distribución oficial, ni por supuesto, de la pasta para las subvenciones. A ver el año que viene...

Ventura dijo...

Estimado Aaron,
Estoy encantado de seguir con el intercambio. Aquí van algunas opiniones más.

1. Yo también creo que hay que distinguir entre esas minisalas que muy bien indicas y las entidades cualificadas dedicadas al “estudio” del cine. Desde mi punto de vista, a las primeras no debe pedírselas nada; son negocios particulares y como tal son ellos mismos los que eligen como rentabilizar su negocio. Si a esto le sumamos que la mayoría de los empresarios que las dirigen son gente que poco o nada les interesa el cine, creo que, moralmente, no es necesario pedirles que nos salven los papeles. Otra cosa bien distinta son las salas de filmotecas y demás asociaciones especializadas. A ellas se las debe exigir que trabajen rellenando esos huecos que cierta mentalidad “de provincias” no se atreve a afrontar. En buena medida la filmoteca de Caja España ha desaparecido por ese motivo. La labor de los últimos años consistía en ofrecer un ciclo de películas mensual (desde mi punto de vista sin ningún criterio aparente), cine infantil los sábados (funcionaba muy bien) y de vez en cuando organizar el mismo curso de iniciación al cine y si había suerte lanzar una publicación (algo siempre heroico y estimable). Un formula que sobrevivía en el tiempo sin darse cuenta que los tiempos estaban cambiando. O la realidad que les circundaba, mejor dicho. El aperturismo de Internet abrió la mentalidad de mucha gente de por aquí (sobre Castilla León todavía hay que hablar en estos término) avivando el deseo de ver ese cine que difícilmente llega. Por eso creo que el paso lógico de la Filmoteca de Caja España hubiera sido el de intentar rellenar las carencias de una comunidad sumida en la precariedad cinematográfica. Con la red de salas de las que disponía (y dispone), creo sinceramente les hubiera ido muy bien si los fines de semana se hubieran dedicado a ir pasando algunas de esas películas como las que apuntas. Eso hubiera atraído más gente joven, hubiera generado más debate, intereses…
2. Aunque “Blog” no me parece una gran película, me interesa por ese punto distanciado de lo dogmático (o paternalista si lo prefieres) que se suele aplicar para retratar a la adolescencia de este país. (“Verbo” creo que es el gran ejemplo de ello) Me sorprendió la mirada sobre la que sustenta sus imágenes, aunque finalmente se acabe diluyendo. Pero algo es algo, y eso me parece que es reseñable en un película patria. “La piel que habito” es caso aparte. Ahora mismo estoy trabajando sobre ella y espero que, en breve, pueda satisfacer tu curiosidad de por qué me interesa.