23.11.11

Crítica: "El rey de la isla del diablo"



   Hace unos días compartí presentación de libro con mis colegas Faustino Sánchez, Israel Paredes y Jose Francisco Montero en la librería Ocho y medio de Madrid, aprovechando la ocasión para reflexionar en voz alta sobre los dimes, los diretes, los meandros y las posibilidades de la escritura cinematográfica. De entre las muchas cosas inteligentes que se dijeron -principalmente ellos- me quedé con una pincelada del tándem Paredes/Montero sobre la contradicción que se establece entre contenidos "revolucionarios" y formas "conservadoras". O dicho de otra manera: la impostación de una supuesta rebeldía utilizando cómodos márgenes institucionales y agradando voluntariamente al público. Revolución de guardarropía, quiebra de andar por casa, alcen el puño pero visiten nuestro bar.

    El rey de la isla del diablo, premio del público del reciente festival 4+1, cae estrepitosamente en la figura del agradaor, el clasicismo, el espacio conocido, la fabulita amable sobre el compañerismo, la rebelión de las minorías, el rebelde bueno que respeta la vida de sus verdugos y la autosuperación ante la adversidad. Cinta sin cinta, revolución sin revolución, café descafeinado y leche de soja para los chavales, bollería industrial nórdica sin novedad en el frente. Por extraño que parezca, El rey de la isla del diablo parece infinitamente más antigua que referentes inmediatos como La soledad del corredor de fondo o If... como si el Free Cinema no hubiera existido para Marius Holst o para su público.

    Si algo hemos aprendido de Gaspar Noé o de un cierto cine de vanguardia -en realidad, lo aprendimos en el plano original que abría A chien andalou- es que para hablar de ciertos temas el director tiene que ser lo suficientemente valiente como para mantener la cámara impertérrita allí donde ocurren las cosas. Para llegar a la víscera -y la revolución sólo tienen sentido a través de la víscera- es necesario dejar que las imágenes fluyan, no guardarse nada, no trampear al espectador. La elipsis es siempre sinónimo de injusticia, porque implica desconocimiento. Holst, por ejemplo, deja las humillaciones, las violaciones y los fusilamientos finales fuera de campo, quizá porque no sabe cómo rodarlas, quizá porque le aterra que su cinta no guste. El agradaor, de nuevo, el Modo de Representación Agradaor, para todos los públicos y para todas las pupilas gustativas.

     Es sintomático y un tanto terrorífico que el premio del público fuera ganado por la que sin duda es la cinta más impostadamente revolucionaria -esto es, falsa- de todo el 4+1. Compitiendo contra trabajos realmente arriesgados formalmente como Meek´s Cutoff de la Reichardt o el Outrage de Kitano, resulta incomprensible (¿pavoroso?) que Holst y su pequeña revolución burguesa de delincuentes juveniles se llevara el gato al agua gélida y congelada. Hay más violencia y más poesía en los últimos cinco minutos finales de Los cuatrocientos golpes que en todo ese discurso pedante de ballenas, arponeros, muchachotes, culpas protestantes y musiquillas folclóricas de pretendido aire dramático. Uno casi se imagina a Ingmar Bergman y a Lars von Trier riéndose a mandíbula batiente ante la pose supuestamente elevada de Holst, descubriendo -oh my luteran god- los milagros del plano/contraplano.

    No hay sorpresa, ni interés, ni carácter alguno en las casi dos horas de metraje. Si acaso, buenas intenciones con un sabor lejano a los perritos calientes del Ikea. Pero claro, ¿no se trata precisamente de una marca que propone la república independiente (contengan la risa) de tu casa? La casa de Holst es la república independiente de los delincuentes juveniles sensibles y coñazo, nobles y justos, malos pero buenos, culpables pero inocentes. Puedes redecorar tu vida. Redecorar tu cine ya es más complicado.

4 comentarios:

Adrián Rguez. dijo...

Oye, Aarón, hace como un mes que estoy esperando a que me avisen de la Ocho y medio, porque les "encargué" los otros 2 libros que tienes (el de la masculinidad de Bergman y el del fantasma), y todavía no dan señales de vida.
¿Es que están descatalogados, o qué?

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Adrián, te cuento:
El libro de Bergman está teniendo bastantes problemas. Se supone que tendría que haber salido en digital, pero entre unas cosas y otras, la editorial está hasta arriba y yo tampoco le he dedicado el tiempo que debería al proyecto. Salir, saldrá porque tenemos contrato firmado y ellos son muy cercanos y me consta que van a poner de su parte para que salga, pero ahora mismo está todo parado.
El fantasma, como tú bien dices, está a punto de tener salida "oficial". De hecho, hace dos semanas recibí mis ejemplares y te puedo confirmar que ha quedado de puta madre. Pedí a la editorial que lo separaran un poco para que no coincidiera con el de ShangriLa y separar los libros en el tiempo. En cuanto la cosa esté plenamente operativa, lo informaré vía blog.
Y ya te adelanto que para febrero/marzo, habrá una supersorpresa...

Adrián Rguez. dijo...

Ah, vale. Es que yo pensaba que eran libros que tú habías sacado hace unos añitos. :D

campanilla dijo...

Sigo esperando la crítica de Pina :-)