12.8.14

Los libros sobre cine (I): Una introducción temporal

(Esta propuesta surge de los tuits cruzados con @lauramsolano, @cinemaadhoc, @HaganSitio, @malpaso79 y @visual404exp . A ellos mi cariño y mi agradecimiento, y esperando no defraudar demasiado)

#01 - Por qué escribiré estos posts en primera persona

Tarkovsky

    Del cine lo único que queda es una experiencia personal. Por eso fracasan tantos cineastas y por eso fracasamos también tantos analistas: por no asumir realmente las implicaciones subjetivas que tiene la visión, la escritura a propósito del cine. El truco de magia de la muerte del autor nos facilitó algo el camino, pero todavía no hemos llegado a ese punto de humildad necesario para entender que todo este juego es, en el fondo, un encuentro de subjetividades.

    Mi apuesta, en síntesis, puede ser: en algún momento el cine nos salvó la vida -si no fue así, este no es su blog y puede invertir su tiempo en cosas mejores que seguir leyendo-, y reconocemos en los escritores de libros de cine nuestro mismo amor. Amor por la Supervivencia y por el Cine.

     De ahí que, como todas las listas, los siguientes posts vayan a ser únicamente un montón de apuntes, recomendaciones y listas subjetivas que hablan de mi experiencia en el aprendizaje de un cierto desciframiento. No quiero ser especialmente riguroso, ni agotar lo que hay que decir, ni sentar ninguna cátedra. Lo pueden tomar como una propuesta bibliográfica a vuelapluma para los amigos, o simplemente, la confesión narcisista de un tipo pedante que ama este mundillo del que tiene la suerte de, mejor que peor, formar parte.

#02 - Por qué leo libros sobre cine

Ingmar Bergman

    Por Supervivencia y por Amor. Comencé a leer ensayos cinematográficos simplemente porque quería ver mejor las películas. Mis películas favoritas -sobre todo El séptimo sello- me hacían sentir estúpido. Tenía ante ellas la sensación de que eran gigantescas, inabarcables, que respondían definitivamente a las cuatro cosas que realmente me han importado en la vida -el amor, el sexo, la muerte, la identidad. Pensé que leyendo libros sobre cine aprendería a disfrutar más las películas y, a riesgo de sintetizar demasiado, me topé con la pregunta del millón de dólares: ¿Cómo funciona un texto fílmico dentro de mi cabeza?

    Casi todo lo que he leído y escrito en los últimos quince años intenta responder, con mayor o menor éxito, a esa pregunta.

     Supervivencia ante la muerte, necesidad de aprender a hablar cine por Amor al cine. Imposición, además, de estar y pensar entre los mejores, de hablar su lenguaje. Y así cuando entraba en la biblioteca de la Facultad y me iba directamente a la sección PN.1995 me construí una mitología personal de títulos y analistas que nunca me han abandonado.

    Ahora puedo confesarlo: nunca he entendido a los supuestos amantes del cine que no aman, a su vez, los libros sobre cine. Sobre todo los más complejos: los que se empeñan en apurar al máximo las distancias con la ontología de la imagen, los que suben las apuestas de la semiótica o del psicoanálisis, los ensayos de Deleuze. Volveré en otro momento sobre esta idea.

#03 - Análisis vs. Crítica (vs. Historia)

Kubrick


    Pensar sobre cine. En cierta mesa redonda, Zunzunegui lo dijo muy clarito: "Es de muy mala educación intentar explicarle a la gente lo que ya ha visto en la pantalla". Una mala crítica puede escribirla cualquiera. Una buena crítica es un buen puñetazo en el inconsciente en mil palabras, una pirueta/piruleta experimental, un espacio mínimo de pensamiento en el que uno puede proponer una, dos, tres ideas.

    Luego está el ensayo. En el ensayo uno tiene cien mil palabras para hablar de aquello que está a punto de enloquecerle. En el ensayo, como su propio nombre indica, el analista ensaya la solución a un problema capital de su existencia. No hay más que leer el Ingmar Bergman de Robin Wood, cualquiera de los libros de Donald Spoto o -sobre todo- el Cuerpo a cuerpo de Domènec Font para entender lo que quiero decir. En cien mil palabras caben varios meses de tu vida, y ahí estás tú, mañana tras mañana, noche tras noche, con el café y las películas intentando decir algo útil. De ahí que muchas veces el ensayo se abandone a medio escribir, porque exige un trabajo inconsciente brutal y las resistencias ganan la partida -yo mismo abandoné dos ensayos a medio escribir sobre Eyes Wide Shut y sobre Camino porque, simplemente, lo que ahí estaba escrito no podía (todavía) ser solucionado con mis herramientas.

     Y luego, finalmente, está la Historia. A grandes rasgos, hay dos tipos de historias del cine: las muertas -enumeraciones escolásticas y aburridas, anecdotarios imbéciles sobre quién se tiró a quién en los camerinos de nosequé rodaje- y las vivas. Las vivas no dejan de ser ensayos escalofriantes, portentosos, a veces simplemente paralizados ante un fragmento concreto de un periodo histórico, incluso cuando se equivocan de manera tan maravillosa como el Caligari de Kracauer. El alemán, por cierto, como en tantas otras cosas, acertó de pleno metiendo la pata hasta el corvejón: nos demostró que lo importante no es tanto la Historia del Cine como el Relato del Cine.

    La Historia, en sí, es un esqueleto aburrido de esperar en una estación de tren vacía. El Relato es todo lo que tiene que ver con el Amor y la Supervivencia - esto es, con el Cine.

#04 - Una taxonomía inútil

Bonello


    Por lo tanto, durante los próximos días voy a publicar algunas listas con varios títulos que surgen más del temblor personal y que, de alguna manera, han sido buenos compañeros en el camino. Para ello, y gracias a los cómplices de tuiter que dispararon este post, voy a dividirlo en varias entradas:

a. Las palabras y los films: Los libros iniciáticos, los más básicos, los que contienen las herramientas básicas para pensar la estética -y la Historia- cinematográfica.
b. Las Historias Vivas: Los ensayos sobre momentos de la Historia del Amor y la Supervivencia en el Cine. Los que colapsan un momento determinado del devenir fílmico y lo exprimen.
c. Los libros en llamas: Los ensayos que llevan el pensamiento cinematográfico a otro nivel. Libros que, en palabras de Mar Marcos, deben leerse con un café y un paquete de cigarrillos los domingos por la tarde.

    Va de suyo que ni estarán todos los que son, ni serán todos los que están. Sírvanse ustedes de los comentarios de este blog para señalar ausencias, renuncias, propuestas y agujeros. Una de las mejores cosas de los libros sobre cine es -no se lo van a creer-, simple y llanamente, poder compartir con otros cómplices nuestros traumas disfrazados tras las páginas de un libro sobre cine.

5 comentarios:

Lluís Bosch dijo...

Tengo una posición ambivalente respecto a la literatura sobre el cine. Por un lado, hay cintas y cineastas que me han hecho sentir tan ignorante que no he tenido más remedio que documentarme (o ilustrarme): es el caso de Tarkovsky, por ejemplo. Ver sus películas y luego leer sobre ellas me ha hecho mejor en algo, sin duda. O como mínimo menos zoquete.
Por otro lado me gusta crear mi propia lectura "virgen", asumiendo los errores y las ingenuidades. En el caso de Bergman o de Fellini, especialmente, por más necia que sea mi interpretación me conformo porqué de alguna forma son sus cintas las que me "salvaron" en algúnos momentos de la vida.
Espero tus listas...

Aaron Rodriguez dijo...

Lluís, has planteado una cantidad de cosas muy interesantes que me dan pie a tirar del hilo en las próximas entradas.
De entrada, yo siempre me voy a posicionar frontalmente en contra de la hermenéutica baratera de la explicación ("Ustedes no lo saben, pero este plano EN REALIDAD SIGNIFICA nosequé mierdas"). A la contra, me interesan los libros que establecen un diálogo abierto con las obras, o mejor aún, los que sirven para desarrollar posibilidades nuevas de lectura. La lectura "virgen" es una pasada -aunque no sea tan "virgen", que todos llegamos siempre con una educación visual y un maletín de ideas-, pero en los textos que realmente lo merecen siempre acaba por darse una profundización, una búsqueda.
A ver si entre mañana y pasado puedo ir publicando la segunda entrada de la serie.
¡Un abrazote!

Ignacio Cobo dijo...

Esperamos con ansias esas listas!

Una abrazo desde Chile

Lluís Bosch dijo...

Posiblemente la lectura "virgen" es imposible, ya que debería ser la de un extraterrestre. Me gustan los textos que me muestran conexiones y enlaces (la cultura es un fluido?) pero no los que (me) interpretan. Dicho de otro modo: si en "Sacrificio" hay una alusión al Angelus de Millet me encanta descubrirlo, pero lo que eso signifique debe ser resultado de un proceso mío, de cada espectador.

Aaron Rodriguez dijo...

Fíjate Lluís que se me escapa un poco qué quieres decir con lo de que no te gustan los textos que "te interpretan".
El placer de la cita lo tengo claro (y of course, lo comparto), pero lo otro se me escapa en qué contexto lo trabajas.