24.6.13

Passion/De Palma/El programa de las casas de la Sexta

De Palma

1.
    En uno de los momentos de En Passion, la película rodada por Ingmar Bergman en 1969, Max von Sydow descubre el cuerpo de un cachorrillo ahogándose horriblemente al ser colgado de la rama de un arbol cualquiera de la isla de Farö.

2.
    La fascinación de la empresa. La fascinación de la fotografía en clave alta con espacios gélidos -pero no demasiado- y cuerpos gélidos -pero no demasiado- y salas de reuniones y botellas y ordenadores Mac y gestos de maldad pura -pero no demasiada. Los parias de la tierra andan fascinados lamiendo las puertas de las grandes corporaciones, se enchufan los putos programas en los que familias convencionales con tres hijos enseñan sus tres plantas y sus habitaciones con espacios gélidos, y Macs, y gestos de maldad pura -pero no demasiada. La peli de De Palma a veces parece una versión sardónica de ¿Quién vive ahí? y otras una versión así como light y digerible de La cuestión humana.

    El problema de la empresa y el cine se repite sistemáticamente, con El capital, con El método, con Passion, pero a veces uno tiene la intuición de que algo no termina de cuadrar, de encajar, como si Costa-Gavras o De Palma no hubieran estado nunca once horas delante de un ordenador realizando una tarea mecánica, monótona y desesperante, y en su lugar filmaran la postalita empresarial de denuncia, la pancarta de la manifestación, en un falso encuadre de sabor publicitario que lo mismo podría vender perfumes que crímenes.

    Y no quiero decir que Passion no me parezca una cinta notable. De Palma parece uno de los pocos directores que se molesta en mirar por el combo mientras dirige para pensar y levantar un plano. También parece lo suficientemente lúcido como para autocitarse una y otra vez, sistemáticamente, haciendo de todo el metraje un apabullante espectáculo onanista en el que la cita y la construcción del encuadre están por encima de todo discurso.

    De Palma ha sublimado hasta lo genial el discurso fílmico del encefalograma plano, jugando con mujeres hermosísimas de anuncio de Lancôme, un guión erosionado, fláccido, tramposo y remotamente divertido -el mismo guión de siempre, con las trampas de siempre y los personajes de siempre-, en el que de pronto la intuición de un Acontecimiento destella y nos recuerda lo lejos que estamos de la TV Movie, y a su vez, lo lejos que puede llegar De Palma.

3.
    Passion debería haberse titulado, a la contra del programa de las casas, ¿Quién muere ahí?

    También ¿Quién folla ahí? o ¿Quién mata ahí?

4.
Passion


    Noomi Rapace.

    Creo que estoy enamorado de Noomi Rapace, o de la huella que Noomi Rapace deja en la pantalla. Hace años, escribiendo un artículo sobre la primera parte de la Trilogía Millenium, recuerdo estar horas deletreando las escenas, sin sentir ningún tipo de interés por ella. Ahora entiendo que su mímesis con Lisbeth Salander era tan brutal que ella estaba apenas agazapada tras el magma de costra, piercings, y postureo cybergótico aburrido.

    Cuando la Rapace emergió de la ducha, se dejó flequillo y se convirtió en la nínfula de un cuento empresarial perverso, allá por el minuto diez de metraje, comprendí que estaba enamorado de ella. O de la huella que deja en la pantalla.
   
5.

Ingmar Bergman

    No he olvidado al cachorro de Bergman agonizando en Farö. El gesto de von Sydow durante todo el metraje, que es un gesto de ternura en la desesperación, porque Bergman necesitaba aferrarse al corazón del Otro, suplicar el cuidado del Otro, y por eso murió en paz. Porque su cine necesita del amor, se alimenta del amor desquiciado en el límite de la autodestrucción. Por eso, además, su cine es inmortal.

Bergman


    En De Palma el amor resulta incomprensible -Blowout- o épico -Los intocables-, pero en general esquiva con paciencia esa peligrosa idea de que exista un Otro al que amar. Passion sabe algo de un amor caníbal y homicida, con esa bellísima excepción que encapsula en la media pantalla dividida del Preludio a la Siesta de un Fauno de Debussy. Sin embargo, esa delicada construcción sólo se mantiene por su superposición con el homicidio. Ese es el pánico. Cuando la imagen pretende acariciar, su mano se convierte en una cuchilla afilada.

6.
    Lo mejor de Passion, sin duda, es esa posibilidad de que una mujer -Rachel McAdams- pueda autofornicarse con un Otro plástico de máscara y dildo. Ahí es donde De Palma clava el dardo en el centro mismo de la diana y se lleva el Premio Gordo de la Puta Verdad Postmoderna. El cortocircuito del deseo del sujeto se convierte en algo hermético, algo que está incluso más allá del peor delirio que puede fantasear un aspirante a lacaniano: utilizar el cuerpo del otro para que sea un yo, que a su vez, me folle. Es, por lo demás, una cifra escandalosamente brillante de la reescritura de la máxima de la psicósis -Yo no soy Yo: Yo soy Otro-, que ahora se convierte en la máxima del ser postmoderno -Yo necesito ser Yo necesito ser Yo necesito ser Yo, ya que en mi universo no cabe nadie más.

    Sólo por ese gesto, por esa máscara, por esa sugerencia, Passion está por encima del noventa por ciento de lo que se estrena. Claro que igual Passion en España, ni se estrena. Se estrenará tarde. O mal. O en pocas salas. Y tampoco resulta extraño.

    La gente está viendo ¿Quién vive ahí? , pero nadie parece darse cuenta de que en todas esas casas maravillosas, en todos esos jardines maravillosos, en todas esas ramas maravillosas, hay una legión de cachorros asfixiándose siempre, a todas horas, sin límite, sin esperanza, en una agonía total que no terminará nunca.

    Nunca.

2 comentarios:

elzo dijo...

La vi anteayer y coincido en que los primerísimos planos de la Rapace valen oro puro.

sants dijo...

El analisis de Las lluvias de Castamere fue fabuloso, te recomiendo el film de Upstream Color, por si te interesa analizarlo de esa manera. tiene mucho de que hablar y mucho misterio en su hipnosis, un saludo de un nuevo seguidor.