24.2.13

En defensa del consumidor de alta cultura

Chiste Gafapasta
   
(i)
    Decir que España es un territorio profundamente anti-intelectual. Allí donde en otros lados tener un doctorado, o escribir en ciertas páginas o seguir defendiendo las humanidades se entiende como sinónimo de autosuperación, de coherencia o de lucidez mental, por aquí se experimenta como una pérdida de tiempo, un marear la perdiz y un no querer trabajar de verdad.

Frase típica del español medio: Tú mucho estudiar, pero fíjate que hoy en día cualquiera se hace rico en la televisión sin estudios y sin nada.
Frase típica del español medio: Fíjate qué merito el sujeto X, que sin estudios y sin nada, lo lejos que ha llegado. [Nota: Un famoso "crítico musical" patrio se ufana sistemáticamente en todas sus entrevistas de no tener ningún tipo de formación, ni musical ni periodística].

    Los padres, en España, compran a sus hijos equipaciones de fútbol para jugar con ellos en el parque y Little Einsteins para poder aparcarles delante de la tele cuando no quieren ser molestados. Los padres, en España, quieren colegios bilingües y estudios en inglés, porque lo importante es el idioma -la forma- y no lo que se enseña -el fondo.

    Hasta aquí, no creo estar diciendo nada nuevo.



Chiste Gafapasta
 (ii)
    El consumidor de alta cultura en España, por norma general, forma parte de un arquetipo minoritario. Umbral lo dijo mejor que nadie en una de mis frases de cabecera: "Todas las ciudades tienen un 10% de gente y un 90% de materia adiposa". También lo dijo con otras palabras Fernández Porta, cuando pegó el puñetazo en la mesa de la reflexión artística y confesó estar ya cabreado de "tener que fingir que la anécdota de la pobre señora de la limpieza que confundió una obra con basura y la destruyó involuntariamente es muy divertida". No. No es divertida. De igual modo que no son divertidas todas las chanzas de trazo grueso que se vierten en redes sociales contra los que nos dejamos nuestros pocos euros en pagarnos una entrada de teatro independiente, una edición limitada de una pequeña editorial arriesgada o un cd de un tipo que trabaja en una sucursal de mierda del BBVA y hace esfuerzos titánicos para difundir su música.

Frase típica del español medio: ¿Para qué te lo vas a comprar si te lo puedes bajar de Internet?

    Y hay un gesto de estúpido orgullo, en eso de negarse a admitir que hay una incapacidad del receptor por disfrutar de ciertas obras, ciertas propuestas. La culpa es del Otro, del pedante o del gafapasta, que finge su propio disfrute por nosequé perverso mecanismo de aceptación social.

Frase típica del español medio: Esas películas, esos discos que te gustan, yo no me lo creo. Dices que te gustan para quedar bien, pero no pueden gustarte.

    Pero, sin embargo, y contra la pose, nos gustan. Ahí estaba el problema y la línea básica que intentaba mantener en la (felizmente) polémica introducción de Apocalipsis pop!: Ciertos textos generacionales han sido radicalmente importantes y, en cierta medida, nos han salvado la vida. Y entre esos textos, aunque joda al español medio, incorporo sin el menor rubor a Lars von Trier, a Jim Jarmusch, a Pedro Costa, a Béla Tarr, o ya puestos, a los Swans, a Sun O))), a Julia Holter o a Aviador Dro. Sin embargo, la exigencia inherente a los textos, la serie de problemas receptivos que disparan en un oyente no preparado, la idea de que un texto pueda exigirnos en lugar de darnos su significado sin esfuerzo... toda esta serie de problemas encerrados en el proceso hermenéutico, finalmente, muestran la otra cara de la moneda: la obra muestra que el receptor, simple y llanamente, no está a la altura. La señora de la limpieza del museo no tenía ni puta idea de arte. El lector asiduo de Fotogramas no sabe lo que es la modernidad ni se plantea jamás el estatuto de verdad del cine. Es decir: la obra muestra que somos imperfectos, que deberíamos ser más humildes y que todavía nos quedan cosas por aprender. Y eso de decirle a un español medio que no lleva razón, que quizá debería cerrar la boca, que la opinión y el gusto no son una bendición del Espiritu Santo que desciende por ciencia infusa cada vez que lee una novela de moda más o menos encosturada... En fin, eso de decirle al español que debería ser humilde y que leer mucho (oxímoron patrio) no es leer bien... eso es imperdonable.


Chiste Hipster
(iii)
    A la hora de pensar el título de la entrada he intentado hilar con cierto cuidado. Y he escogido, con toda intención, la palabra "consumidor" y la palabra "alta cultura". Consumidor, porque la cultura necesita de los mecanismos de la sociedad de consumo para sobrevivir. Por mucho que nos duela, yo creo en esa tesis afterpop que dice que todo es mercado, o lo que es lo mismo, que hay que pasar por caja y pagarle parte del sueldo (ojalá fuera todo el sueldo) al funambulista realmente valioso que se atreve a crear desde o hacia los límites. No es una cuestión de autenticidad (eso de "ser auténtico" pasó de moda hace ya unas cuantas décadas) sino una cuestión de reconocimiento al valor y al riesgo. Ustedes, sin duda, podrán encontrar otras motivaciones.

    Y he escogido también "alta cultura" porque, pese a los interminables y siempre productivos debates sobre los choques y fusiones antre alta y baja cultura, quizá no sería demasiado arriesgado a proponer no tanto una destrucción como una reformulación del término "alta cultura". Si bien es cierto que cualquier alto producto puede ser un híbrido, una mixtura postmoderna, un melting pot en el que puedan colisionar productivamente, pongamos por caso, Disney y Schopenhauer, no está de más pelear la línea que separa la banalidad del esfuerzo. Y propongo no hacerlo desde una perspectiva nostálgica e ideológica heredada de la Escuela de Frankfurt, sino desde la herencia de un cierto estructuralismo vitalista tomado al pie de la letra: porque el 10% no adiposo debe tomar posiciones intelectuales de combate y resistencia ante la banalización del mensaje, el insulto y la tontería general. Firmemos de una vez el finiquito de la señora de la limpieza. Y disfrutemos de nuestros placeres, completos hedonistas del texto, en el texto, anti-derrideanos, espectros de filmoteca y soundcloud, renegados del pensamiento Instagram, mitos de un futuro próximo.

    Nunca es pronto para empezar a emanciparse de la tontería rampante.

10 comentarios:

ManuFdezReinón dijo...

Bueno, sin estar de acuerdo con el credencialismo de "los estudios", que como sabrás no tienen como fin la cultura sino las necesidades técnicas del sistema, la formación y certificación de trabajadores para la megamáquina. Y sin estar tampoco de acuerdo con la dependencia del arte respecto al mercado y la sociedad de consumo (si quieres intuir el porqué te animo a leer estos párrafos: http://actividadessustitutorias.tumblr.com/post/43225098117/fragmentos-y-iii-credito-a-muerte-la), he de apoyar tu texto en lo fundamental del mismo, esto es, en la reivindicación crucial de que el arte no es de acceso directo. Es decir, que requiere de un esfuerzo, un sacrificio previo para ir apreciándolo en sus diversas manifestaciones (música, cine, literatura, etc.). No basta con mirar, no basta con oír y, desde luego, no tiene como fin el "entretenimiento" del gran público, o al menos cuando se considera arte a sí mismo. Otras, desgraciadamente las más de las veces, se considera un mero producto de evasión, de matatiempos, de tal modo que pierde tales cualidades para convertirse en otra cosa.

En cualquier caso, y como decían, tomémoslo con humor. Pidamos razones por las cuales Spielberg es mejor que Tarr pero no queremos reconocerlo por no sé qué complejo psicológico. Eso dará para bastantes risas.

Daira dijo...

Gracias por poner palabras a algo tan importante en este, el país en el que la cultura nunca ha sido un valor para el común de la gente. Así nos va.

Daira dijo...

Gracias por dar palabras a algo tan importante en este, el país en el que la cultura no es un valor para el gran común de la gente.

"Yo me descargo todo de internet, ¿para qué gastar dinero?" Así nos va.

"Vaya con Maribel Verdú, con lo rica que es y va de progre". Y me pregunto, ¿si alguien es rico porque ha trabajado y ha ganado su dinero honestamente, no puede hacer ya denuncia social? ¿Hay que vestir zarrapastrosamente para poder hacer críticas al sistema?

Las críticas al sistema son de perroflautas. Claro. Y la cultura, de "frikis" y pedantes. En fin.

Anónimo dijo...

Aplaudo su artículo pues defiende su gusto, y se ve que disfruta con lo que ve, oye y lee. Pero supongo que cuando se gasta esos pocos euros que tiene en comprar una entrada de teatro independiente es porque ya ha visto a los clásicos como Calderón, Lope, etc. De eso es de lo que me rio. Me rio del que habla de Lars Von Trier, pero no ha visto a Ftriz Lang o Lubitsch.
En cuanto al comentario de Diara sobre Maribel Verdú, lo que tenga o deje de tener esa señora no me importa, que de su imagen y cobre por ello para anunciar hipotecas del banco santander si, es incoherencia. ¿Alguien recuerda el nombre de algún actor de principios de siglo? o por el contrario recordamos a los autores de las obras que esos actores olvidados representaban. Los actores son medios, no son la cultura.
Por último que opinión les merece J.L.Garci, que desde luego no es consumo de masas. Creo que obras como canción de cuna entre otras son magníficas, pero lamentablemente gente como ustedes lo condenan al ostracismo.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Estimado amigo Anónimo:
Plantea cosas muy interesantes, y me voy a centrar brevemente en dos de ellas:
1) No entiendo por qué debería ser más importante para un consumidor cultural un Lang que un Von Trier. De hecho, son buscadores distintos que trabajan temas y voces distintas, para épocas distintas y con talentazos a prueba de bombas... Pero distintos. Y me atrevería a afirmar: el que realmente ama el cine acabará juzgando, disfrutando o construyendo su opinión sobre ambos. Desde luego, no se puede pensar el cine de ayer sin Lang. Pero tampoco se puede pensar el cine de hoy sin Von Trier.
2) Respecto a Garci, como mis lectores más usuales saben, es un tipo al que he defendido por activa y por pasiva en lo referente a sus películas de transición. "Asignatura pendiente" o "Las verdes praderas" son dos de las cintas españolas que más me han emocionado, y que más me emocionan. Dicho esto, su cine reciente me parece tristemente mediocre, y me apena porque es un director que ha impedido voluntariamente que se le reivindique. Y no es, que le veo venir, por cuestiones ideológicas, sino cinematográficas. Su Holmes es, simple y llanamente, una mala película. Pero el que critique al Garci de la transición por pose o por desconocimiento es, simplemente, un mal espectador de cine.

Enric H. March dijo...

¡Amén!

El imperio de la opinión: opino, luego tengo la verdad. Esfuerzo, espíritu crítico, qué soy (y no "qué tengo")... son valores que han ido desapareciendo en una sociedad que, como bien dices, nunca los ha tenido en alta estima. El exceso de información, la banalización, la prostitución de las emociones... sustituyen a la cultura.

Aunque entiendo el uso que haces de "alta cultura", estarás de acuerdo en que no hay ni alta ni baja cultura porque el término cultura presupone el proceso digestivo que permite a una idea o a un artefacto convertirse en y trascendente. Pero claro, los término se prostituyen a la misma velocidad que una opinión invade el terreno de lo inteligente desde las emociones. Y son precisamente las emociones las que se subastan en los mercados.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Estimado Enric:
Estoy de acuerdo con el primer párrafo, pero se me escapa un poco el segundo. ¿A qué te refieres con que no hay diferencia entre alta y baja cultura?
Sobre la subasta de las emociones en los mercados, ahí soy menos crítico. Creo que el artista utiliza sus emociones para realizar un trabajo -en el sentido materialista del término-, y que ese trabajo debe ser remunerado económicamente. El problema, lo que me preocupa más, es la mala simulación de la emoción. Por poner un ejemplo a salto de mata, me parece fantástico que Radiohead vendan muchos discos, ya que su apuesta estética es arriesgada y potente. Lo que ya no me parece bien es la mala simulación emocional -yo que sé, la manera en la que Paulina Rubio habla del amor o del desamor en las radiofórmulas- pero no sólo por ideología, sino por placer estético :D

Enric H. March dijo...

Aarón, me refiero a que quizás no deberíamos llamar cultura a cualquier producto "artístico" (otra palabra prostituida). Si ponemos al mismo nivel Radiohead y Paulina Rubio vamos a tener que defender nuestra "opinión". Si los ponemos en contextos diferentes, la comparación ya no será posible. La única etiqueta que los apareja es "música"; pero eso es una convención: ni el uno ni el otro se consumen sólo por ser música aunque el mercado se empeñe en ello. Si le quitamos la etiqueta el debate es imposible. Con lo cual, además, ya no es necesario fijarse si Paulina colma un placer estético (que seguro que no).

Eso sí, nos podrán acusar de elitistas; pero ya ves, qué pena.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Copón, Enric, es interesante eso que usted dice. Le tengo que dar un par de vueltas, pero me da el feeling de que voy a compartir punto por punto ese planteamiento.
Y más vale ser elitista que espectador de Operación Triunfo, ¿no?

Anónimo dijo...

¿Te da el "feeling"?
Si Lazaro Carreter levantara la cabeza...