13.6.12

La chica de la silla de ruedas

 
  En la gris mañana, mañana de una primavera travestida en Verano en la Administración de Hacienda justo al Barrio del Carmen, así voy yo, aferrado a la Declaración y con la brutal hostia económica en ciernes, maldiciendo en arameo. Voy a pagar un pastón en el barrio más hermoso de Levante mientras a mi alrededor los bohemios se mean en las tapias exquisitamente decoradas y, en fin, muchacho, así son los trucos de magia de la clase media: dónde está la bolita, dónde está la bolita. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó.

    En la puerta de la Administración, una Revolución de sindicalistas, indignados, y mucha mucha policía. No, no veo a perroflautas.

    Y entre ellos, en la mitad exacta del mediodía valenciano, la chica en la silla de ruedas.

     Con la mirada perdida en el vacío, no demasiado hermosa, con las articulaciones tensas y un temblor interminable en la pierna derecha. Enfurecida como una Dothraki paralítica y peleando con el lenguaje a través de su boca semitorcida, consigue insultar a un anciano que empuja la silla hacia ninguna parte, hacia el vacío, hacia el cállate niña y no montes el cuadro. Temblor parapléjico de la palabra. Feixista de merda... La chica en la silla de ruedas lleva una pancarta en el respaldo en el que se pregunta por las víctimas de los recortes a propósito de la Ley de Dependencia.

[Mariano Rajoy dijo: La Dependencia no es Viable - El país, 17 de Noviembre de 2011]

    La chica de la silla de ruedas me rompe algo por dentro, algo que tiene que ver con esa angustia que me atraviesa todas las noches cuando cierro El libro negro. En unos días publicaré un post al respecto, pero El libro negro ha conseguido romper algo dentro de mi mirada, algo como ver a esa mujer y pensar en la intolerable verdad que hay en su persona retorcida por la enfermedad y el dolor, la dificultad en pronunciar, por ejemplo, la palabra Capital, la palabra Dignidad o la palabra Bankia. Es como la niña triste que Martin Patino sacó en sus Queridísimos verdugos y que palmeaba al ritmo de una copla lolaila, asesina, copla española para cuerpos destrozados de estepa, mala suerte. Cuerpos como el cuerpo de Cristo crucificado, ay las que salen a celebrar el Corpus con mantilla y se olvidan del cuerpo de Cristo crucificado, ay de los que por mucho que lo escuchen cada domingo no entieden lo que quiere decir Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

      "La dependencia no es Viable", porque ya se sabe, el cuerpo dependiente no produce. Si acaso, consume recursos. El cuerpo dependiente se come tu chalet en Puerto Banús, tu palco en el partido de Polonia, la señorita privada que se paga la carrera fingiendo que le gusta eso que pides. El cuerpo dependiente siempre está a un paso de la muerte -se llamó Aktion T4-, y por eso es Crístico, y por eso es Sagrado, y por eso es un Templo en el que la política de los recortes no quiere arrodillarse. Qué miedo la Dependencia, Mariano, qué miedo pensar que te harás anciano y acabarás saturando con tus heces y tus olvidos la vida de tu desquiciada descendencia. Desquiciada, quizá, si los pecados de los padres descienden sobre los hijos.

    Avanza la primavera travestida en Verano y abandono la Administración, un poco más pobre, bastante más cansado. Pienso en la pasta que me han robado y pienso en la coca, en las putas, en los desfalcos, en quién será el malnacido que se gaste mi dinero en tomarse un daiquiri, y pienso en el temblor agónico y constante de la chica de la silla de ruedas, en la mano que ya es una garra, en la boca que ya es un sumidero, en el terrible error de llamar a esto que tenemos entre manos democracia.

    "Ahora que todo está arreglado, me voy al fútbol". Me pregunto si todo estará arreglado cuando la Dependencia se convierta definitivamente en una delegación de Bankia, me pregunto por qué nadie escucha la respiración entrecortada y rasposa de la chica de la silla de ruedas, me pregunto si Mariano sería capaz de pasar de la página treinta de El libro negro. Pero, como ustedes ya saben, los políticos que nos gobiernan están demasiado ocupados crucificándonos y no sacan tiempo para leer. Igual todos esos asientos vacíos en el Congreso esconden a horrorizados y responsables líderes que están leyendo a Dostoievsky con el corazón en un puño. Igual todos esos asientos vacíos en el Congreso son sillas de ruedas y sus ocupantes tienen una parálisis ética, una parálisis social e intelectual definitiva por la que han olvidado el concepto de lo humano.

    Cae la tarde sobre el Barrio del Carmen. De una ventana abierta emergen unos compases de -¡no se lo pierdan!- L´estaca de Lluís Llach. Putos ingenuos, putos ingenuos, putos ingenuos.

4 comentarios:

Aris dijo...

yo creo que el problema es que nos habíamos creido que esto era Suecia...nos parecemos más a Grecia de lo que se piensa la gente
más que intervenidos estamos sodomizados...

Anónimo dijo...

Que gran verdad, gracias por escribir al respecto.
Te lo dice una que algo sabe.

Lluís Bosch dijo...

Aunque puede parecer ingenuo, estoy convencido de que la vida le da a cada uno lo que se merece (lo que no significa que todo en nuestra vida sea merecido). Pero el que maltrata y degrada a sus semejantes un día se lo encuentra. ¿O acaso a don Mariano se le ve feliz? Él (ellos) sabe que un día deberá enfrentarse al dolor que provoca.

Lluís Bosch dijo...

Artur Mas (en campaña electoral): "La sanidad y la educación no se van a tocar". Y los ingenuos le votan.
http://mildimonis.blogspot.com.es/2012/06/busco-trabajo.html