18.11.11

Carta abierta a Mariano Rajoy, dos días antes del 20N


"En la actualidad, en nuestro país (...) los liberales le tienen miedo a la libertad y los intelectuales no vacilan en mancillar la inteligencia"
(George Orwell)

    Estimado Sr. Rajoy:

    Son curiosos los motivos que llevan a una parte del electorado a no acudir a las urnas. Una vez que el político gana, una vez que comienzan los parabienes, las felicitaciones, los posados desde el balcón y la algarabía de la muchachada juvenil, los equipos de gobierno suelen olvidar quiénes y por qué se sintieron ninguneados, descartados, expulsados de los juegos de la política mayoritaria. Yo, por el contrario, recuerdo. Recuerdo perfectamente los motivos que me llevarán el próximo domingo a guardar un silencio reverencial y sincero ante el show impúdico de la Gran Democracia Española. El primero y más urgente, fue su descabellada y cobarde ausencia en las manifestaciones a favor de las Víctimas del Terrorismo, abriendo así la puerta a que su lugar fuera ocupado por pancartas e insignias de las más terroríficas y peligrosas formaciones ultraderechistas de nuestro país. El segundo, aunque a usted le parezca una estupidez, ha sido la nula capacidad retórica, la insuficiencia para presentarse a su electorado no como un ejecutor, sino como un pensador liberal -esto es, coherente. El colofón y la gracia final han sido sus declaraciones acusando de "tecnócratas" a los gobiernos europeos compuestos por economistas, profesores de universidad, pensadores y expertos concretos, anteponiendo en su lugar una cosa tan difusa y pueril como los "buenos gobernantes".

    Las palabras, Sr. Rajoy, encierran siempre realidades. Incluso para una persona que se ha empeñado en no discutir con nadie, en no pelear su futura presidencia a nadie, en no molestar ni enfrentar ni realizar ningún tipo de reflexión incómoda. Las palabras -los profesores universitarios lo sabemos- son el legado más maravilloso de nuestro pequeño sistema cultural, y cuando no se cuidan ni se pelean, acaban prostituídas y convertidas en Neolengua. Usted quizá no lo sabe -quizá no ha leído 1984, y si lo ha leído, me pregunto cómo demonios dijo públicamente que su libro favorito era La catedral del mar-, pero las palabras son el vínculo con el pasado y la herramienta de construcción del futuro. Y le digo esto porque me gustaría saber qué entiende usted por "buenos gobernantes", quiénes son, qué van a hacer, dónde están.

    Quizá por "buenos gobernantes" usted entienda a un tipo de director de partido que se presenta por tercera vez consecutiva a unas elecciones generales después de haber perdido bochornosamente la confianza de un electorado que ahora le votará por pura desesperación. Quizá también entienda por "buen gobernante" a no pelear la presencia de los miembros más valientes y coherentes de sus filas -pienso en Ortega Lara, pienso en María San Gil-, por decisiones de corrala interna, cenita al lado de Génova, collar de perlas y perfume barato. Quizá usted entienda por "buen gobernante" no pronunciar ni una sóla palabra sobre ideología, pensamiento, reflexión o inflexión en torno a eso que ustedes llaman liberalismo pero que yo sólo encuentro corrala de colegas, pelo Nino Bravo, polito de marca, cortijo, rubia maquillada y foto con Los del Río. Y eso, en fín, tiene poco que ver con esos malvados "tecnócratas" que quieren salvar a sus países.

     Usted ganará las elecciones, y al decir de las encuestas, con una mayoría apabullante. Pero no se engañe. Sus votos no son los votos de la buena política, ni de la inteligencia estratégica, ni del discurso afilado. Sus votos no son los votos de la emoción, la esperanza en el futuro, la pasión de la buena política. Sus votos huelen a pánico, a desesperación, a sálvese-quién-pueda, e incluso a lo peor, a revanchismo. Ojalá tenga la suerte, la fuerza y los recursos para hacer algo en esta inmesa fosa séptica de país en la que nos hemos convertido. Se lo digo con la mano en el corazón: ya que no hace ni ideología, ni pensamiento, ni lucha con furia, ni seduce a nadie, ni hace esas cosas que por lo visto no hacen los "buenos políticos", ojalá por lo menos genere algo, algún tipo de riqueza. Ojalá pase algo que me borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve.

     Felicidades, Presidente.  

2 comentarios:

redrum dijo...

Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado...

Carlos De Domingo dijo...

Me ha gustado! y eso que soy ese típico pepero de polito de marca...pero me rindo ante la obviedad! muchas cosas de las que has dicho son bastante ciertas, para bien o para mal, mal. Pero, por un lado, me parece que se cumple ese "cada país tiene los políticos que se merecen", porque cada vez son menos los que se preocupan por la coherencia ideológica, la calidad retórica en los discursos y la sinceridad política, siempre y cuando, claro está, la situación económica sea mala. Este será un gobierno más preocupado por lo económico que por la calidad de valores (educación, cultura, posicionamiento internacional...), más que nada porque es lo que más urge, y sobretodo porque es lo que muchos ciudadanos creen necesitar (y con razón) por encima de cualquier cosa. Grandes y muy parciales verdades, como son las que pueden defender UPyD, por ejemplo, y repito, soy pepero (para bien o para mal), se ven menospreciadas (independientemente de su calidad) porque, no sirven para reavivar la economía o porque lo principal es el dinero y luego pensaremos la calidad de la democracia española y su patio de juegos electoral.