14.12.11

Urdangarín: Carta de ley y muerte

No hay aquí ningún proceso. Luis no es un acusado. Vosotros no sois jueces. No podéis ser más que hombres de Estado y representantes de la nación. No tenéis que ofrecer una sentencia a favor o en contra de un hombre, sino que debéis tomar una medida de salud pública, un acto de providencia nacional (...) Si Luis puede todavía someterse a un proceso, puede resultar inocente, Es más, lo sería hasta ser juzgado.
Pero si resultara absuelto, si puede ser presuntamente inocente, ¿qué sería de la revolución?
(Robespierre, sobre la ejecución de Luis XVI)

  

   Say, don´t you remember, I´m your pal... Brother, can you spare a dime?

   En los años dorados, el Sr. Urdangarín excitaba a las abuelas chochas del armario rancio español, que iban a verle casarse y a gritarle guapo, ay guapo, guapo guapísimo quién te pillara como nuero, ay Urdangarín. Formaba parte de esa corte decadente, estúpida, canina y reaccionaria que se frotaba eróticamente con los folclorismos de la España autodestructiva y zafia: el Rocío, el Bribón, Cayetano, niño sácale un fino a la concurrencia. De categoría, señor patrón, de categoría.

   En los años dorados, el Sr. Urdangarín fecundaba monarquías caducas, descompuestas y tóxicas. Las abuelas contenían una lágrima patriótica y apretaban con noble amor las agujas de tejer la Historia, ay, qué mona es la niña que ha salido a su padre, tan guapa y tan simpática, acuérdate del príncipe cuando era pequeño, ay, que España sigue viva. Sr. Urdangarín, en los años dorados su falo triunfal y fecundador era César Victorioso, garantía patria, taconazo, que en España está amaneciendo a todas las putas horas.

    Sr. Urdangarín, ¿dónde estaba su suegro el 11M?

    Sr. Urdangarín, ¿dónde estaba su mujer cuando usted metía mano en la caja? ¿Se hacía la manicura tomándose un válium de bajada suave tarareando un hit de Amaia Montero? ¿Soñaba con haber nacido perroflauta, feminista, así rollito Bebe, antiprincesita de sábanas gélidas y portadita de Lecturas? Pero usted, maestro, ole maestro, mojó sus gallumbitos Calvin Klein y se le erizaron los pezones bajo el polo Lacoste ante la posibilidad total de llevárselo crudo. En la fiesta de la democracia, brother, can you spare a dime?

     No pensaba escribir nada al respecto, Sr. Urdangarín, si no fuera por que usted se ha superado. Lo ha conseguido. Ha llegado al límite del hijoputismo pasando por la espiral descendente de la maldad en estado puro. Todos hemos sabido siempre que los borbones son una dinastía de caraduras, mujeriegos, simpáticos ladroncetes que viven del cuento, amigos de lo ajeno pero que salen guapos en la foto y, en fin, a lo peor son una parte de España.

    Pero utilizar a niños enfermos de cáncer para desviar fondos ya no es una alegre cabronada -de cabrón, de fornicio- histórica. No tiene nada que ver con irse de putas en la moto, o con tomarse dos copas de más, o con no mover un dedo contra el terrorismo. Sr. Urdangarín, usted nos ha demostrado de nuevo aquello de la banalidad del mal. Usted nos ha demostrado que, simple y llanamente, el nacimiento de ciertas personas es un error, en fín, un desliz divino, un problema derivado de la teoría del caos, un mono imbécil que evolucionó hasta convertirse en un monstruo, en una pesadilla.

    Pero verá, Sr. Urdangarín. La cosa es que usted nació en un país de imbéciles que no van a exigir su cabeza. Literalmente, quiero decir. Usted es el cáncer, y mientras usted espera un juicio (in)justo del que saldrá casi indemne -se me ocurren 192 nombres que, de seguir vivos, firmarían mi argumento-, esta sociedad que le jaleaba y suspiraba por sus huesos de nuerísimo se muere. Sr. Urdangarín, mi país se muere.

    Usted no lo sabe, pero mi país se muere. Niño, sácale al señor un orujito, que tiene mala cara.

   Váyase usted a la mierda, Sr. Urdangarín. No puedo confiar en mis contemporáneos para que (le) hagan justicia porque todavía no ha salido un app para el Iphone con forma de guillotina. No puedo confiar en la Historia, porque la Historia está muerta y agoniza en los prostíbulos de un marxismo que se empolva en su tocador Indignado. No puedo confiar en los intelectuales, porque los intelectuales están muriéndose de hambre o haciendo méritos para un plaza amañada de Contratado Doctor en la Universidad Arruinada de Turno. Sólo le digo -al menos, por el momento- una única cosa. Usted es culpable. Y no hay pena ni ley alguna sobre la tierra capaz de ceñir toda la miseria que se ha inyectado en las esquinas del alma. Usted es culpable, y con usted, todos los que le jalearon, jalearon a su descendencia y corrieron a celebrar su Triunfo de papel satinado.

    Y si han de callar, que callen aquellos/los que firmaron pactos de silencio.

9 comentarios:

Eulàlia Mesalles dijo...

Quizá algun día no muy lejano debamos erigir un monumento a este execrable personajillo. Yo, más optimista quizás, pienso que nadie ha hecho tanto por el advenimiento de la tercera república. Díme ilusa. Pero entiendo tu escepticismo.

Lluís Bosch dijo...

Me parece imposible discernir entre la estupidez y la hijoputez del personaje Urdangarín. Será por aquello de la banalidad del mal. ¡Es tan fácil...!

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Eulália: Yo soy más escéptico que republicano, pero cambiaría de buen grado todos mis peros por un proyecto político que realmente nos hiciera aplaudir de una puñetera vez. Igual el iluso soy yo :)
Lluís: Yo creo que es más hijoputa, fíjate lo que te digo. Hasta el estúpido puede llegar a entender que está traspasando ciertas barreras. El colega Urdanga yo creo que sabía que estaba actuando mal. Pero, por supuesto, no es más que una intuición.

Aris dijo...

bueno hombre bueno, que tire la primera piedra el que no haya metido mano a la caja...pues ya está, hombre y tan amigos
y por cierto, le acepto gustoso el orujito
P.D. Mirese a Chirac...p.e.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Hombre, Aris, lo de meter la mano en la caja es lo de menos, y a duras penas merecería un post. Pero lo de los niños con cáncer... hombre, eso ya le vincula casi más con los alegres muchachotes del Aktion T4 que con Chirac...
Y lo del orujo, eso sí que es fundamental. Champín y orujo para todos, que no decaiga

Ethos dijo...

Me quedo con: "No puedo confiar en los intelectuales, porque los intelectuales están muriéndose de hambre o haciendo méritos para un plaza amañada de Contratado Doctor en la Universidad Arruinada de Turno". Mandoble certero y exquisito.
A Aris: ¿dónde quieres que la tire?
Puta amoralidad...

Anónimo dijo...

Querido Aaron, bravo por tu artículo, lo has dicho muy claro: ese cabronazo nos ha ‘fornicado’ a todos, literalmente (aunque a muchos – ¿a todos? – les encanta conjugar ese verbo, ese acto, en la voz activa o la pasiva). Diría lo mismo que Aris pero sin ese tono remolón y condescendiente: todos, ciertamente, somos potencialmente capaces de meter mano en la caja… La codicia no se inventó ayer. Pero a pesar de la creciente hijoputez galopante, todavía hay que decir: “el que la hace la paga”. En todo ‘veredicto’ es también la propia institución de justicia la que se juzga: creo yo que ni esta (la justicia española) ni el ‘hijoputa’ (perdón, el presunto culpado Urdanga) se pueden ir de rositas en este caso.

Anónimo dijo...

Vale, de este tipo todo lo que se diga es poco, porque es lo más de lo mas, ahora lo que importa es que devuelva todo y con intereses, que aquí todo se nos va por la boca y parece que con eso nos conformamos, lo que interesa es la devolución de lo robado, p.e Roldán. ¿devolvió algo?, y Mario Esconde?, y Julián? y la funcionaria de la AEAT de Alicante, la Palomita del IVA?. O estamos todos sordos o somos todos tan tontos que no nos enteramos de cuando lo devuelven. Eso es al fin y al cabo lo que importa.

manipulador de alimentos dijo...

Homanaje al Robespierre vasco... uhm, no hay pan para tanto chorizo