5.6.11

Crítica: "El árbol"


Hace ya un tiempo, en este lugar donde hoy los bosques se visten de espino, hizo fortuna un alegre mensaje para copiar y pegar en los muros de facebook que decía tal que así:

Por favor, copia y pega esto en tu estado si conoces a alguien o has sido afectado por alguien que necesite una hostia en la cara. La gente que necesita una hostia en la cara afecta a muchas vidas. Aún no se conoce cura para la gente que necesita una hostia en la cara, ¡salvo una hostia en la cara! El 93% de la gente no pasará esto... ¿Por qué? Porque probablemente necesiten una hostia en la cara.


Más allá de la absoluta genialidad del anónimo creador del mensaje, un fantasma recorre Europa. El fantasma de los niños educados en la alegre tolerancia pacífica del hijo-haz-lo-que-te-de-la-gana-porque-eres-libre, los niños que gritan a su madre que le van a partir la cara, los niños que canibalizan y totalitarizan su espacio familiar porque las modernas técnicas de peda-bobo-gía se lo han permitido. Si vd. quiere que su hijo sea educado por la TDT, déjele delante de incontables horas de Little Enstein, escuche a Supernanny, jamás utilice el castigo sino la reflexión abierta y participativa sobre las normas familiares, y por supuesto, llame fachas a aquellos que defienden el bofetón pedagógico. Los resultados están garantizados.


"El árbol" es un ejercicio de pornografía emocional que utiliza la premisa del luto para intentar levantar una supuesta fabulita sensible, familiar, poética y predecible. En vez de aprovechar la naturaleza áspera de la muerte para organizar algún tipo de reflexión, lo que propone es un canto al animismo, al totemismo, al pensamiento mágico y otras memeces muy del gusto de los fans del pensamiento positivo y El secreto de Rhonda Byrne. Es la típica cinta que parece pensada exclusivamente para ser reseñada en Yo, Donna, en Mujer Hoy o si me apuran, en ese programa de Telemadrid que presenta una rubia-rayos uva con pendientes de perlas. Les regalo dos o tres frases que pueden utilizar, son creative commons:

1) "El árbol es un canto a la familia, a la esperanza, una lección de supervivencia que demuestra que el amor lo puede todo..."
2) "El árbol es un canto al amor, a la esperanza, una lección de supervivencia que demuestra que la familia lo puede todo..."
3) "El árbol es un canto de esperanza a la supervivencia, una lección familiar que demuestra que todavía se hacen buenas películas, no como las de ese europeo repugante que obligó a la Gainsbourg a cortarse sus partes delante de la cámara..."

Y así hasta el infinito.

Un fantasma recorre Europa. El fantasma del pensamiento mágico, de la profunda estupidez, del pensar que el universo conspira para que nuestros deseos se cumplan, el fantasma de delegar en otros nuestra responsabilidad: yo no soy un zote, es el universo, son mis chakras, es mi karma, es el Tío Boome, es la Pachamama, son las Terapias Alternativas, es Iker Jiménez, es la Homeopatía, la Acupuntura y el librito de Hessel.

Pero vayan a ver El árbol. Tiene un plano de una medusa que es estupendo, la verdad. Y, sobre todo, fomenta esa idea tan bonita y tan cómoda para los padres que afirma que la mejor manera de educar a un hijo es, simplemente, dejarle hacer lo que él quiera hasta que se canse.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

jojjojojo, que bueno!

Ethos dijo...

Si algún día escribes un libro probablemente se llame "Un fantasma recorre Europa...". Ese día llegará cuando termines de recoger los trocitos de Europa que caen de sus películas, de sus libros, de sus políticos... esos trocitos que atesoras celosamente como una prueba de nuestra condición de míseros seres humanos.

Sigue recogiendo trocitos.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Jajajaja, Ethos, pues casi casi das en el clavo... Tengo un libro pendiente de salir (ya hablaré por aquí) que se llama, no te lo pierdas "Un fantasma recorre la pantalla: Cine y sujeto postmoderno", así que si este blog tuviera fantásticos premios te llevarías la muñeca chochona y el perrito piloto.
Te mandaré copia cuando salga, prometido.

Ethos dijo...

Te tomo la palabra.