8.4.15

Apuntes en el envés de unos planos de Don Hertzfeldt

01.
    Es curioso cómo los pequeños problemas de nuestra comunidad cinéfila desbordan, con mucho, los límites que merecen nuestro tiempo y nuestra energía. Todo el ruido de las redes sociales, los aullidos desafinados y las acusaciones cruzadas demuestran -y yo soy el primero en la lista-, que quizá sabemos mirar películas, pero desde luego, no tenemos mucha idea de mirar hacia el mundo o hacia el Otro.




02.
    Hace dos noches tuve ocasión de ver por primera vez It´s such a beautiful day, de Don Hertzfeldt

    Ayer por la noche, a las dos cuarenta de la mañana, una vieja amiga me llamó llorando porque va a volver a necesitar medicación y me dijo cosas como "ya sabes lo que es esto" y "algunas mañanas, simplemente, no puedo levantarme de la cama" y "me duele todo el cuerpo" y "hace cinco años tu vivías en esta ciudad y no hubieras permitido que" y después, pasado un rato, colgó y yo me quedé en silencio mirando la pared blanca de mi habitación con los ojos bien abiertos.

    Creo que tuve miedo de la fragilidad con la que se puede romper un ser humano. Romperse por dentro.

    Una ruptura que, en el fondo, no es más que la suma de malas decisiones que se apilan mes tras mes, año tras año, hasta que simplemente tu cabeza no puede soportar más el peso de la realidad y cede.




03.
    Las noches en las que no consigo dormir, que gracias a Dios no son muchas, veo películas de Ingmar Bergman y escucho La pasión según San Mateo. Cada uno combate a la angustia como puede. En ocasiones miro a la gente que toma el sol en las terrazas, fumando alegremente un cigarrillo y hablando de la infidelidad que comete la prima lejana, del último libro de María Dueñas que es "muy bonito" y de lo listos que son sus hijos y me pregunto, simple y llanamente, cómo lo hacen.

    Por eso me golpeó con tanta fuerza la historia de Bill, ese pequeño personaje apenas esbozado gráficamente, apenas materia fílmica, en el que se inscribe con tanta fuerza una idea que llevo años manejando: hay gente que, simple y llanamente, no puede vivir en este mundo. No puede tener una experiencia del estar aquí. Es increíble, por ejemplo, la manera en la que Hertzfeldt utiliza la superficie del plano:


    Las acciones ocurren en pequeñas zonas de acción levemente iluminadas: globos de luz que seccionan el mundo de manera extrañamente fenomenológica: lo que miramos, lo que nos mira, el atravesamiento en la mirada. Pero fíjense también en las profundas zonas de negro que lo rodean todo. Podrían ser lo real lacaniano, pero también podrían ser esa materia tan difícil de dominar en nuestra experiencia de la realidad -y si ha llegado hasta aquí, creo que ya sabe de lo que hablo-: cadenas de televisión, el aspecto que tiene la comida en los restaurantes de comida rápida, el peso del propio deseo, la gente que no limpia las mierdas de sus perros o los que conducen a 140 en carreteras de un único carril sin importarles tu vida, la ausencia de piedad, Cadena Dial, la anti-intelectualidad y los Otros. Todo eso está en el espacio en negro de un encuadre de Hertzfeldt.

    Hay algo esencial en su cine. Algo que valoro más que cualquier otra pirueta formal a-lo-rodar-grandes-planos-secuencia. It´s such a beautiful day es la película más piadosa -esto es, implacable- con los que sufren trastornos del estado anímico que he visto en muchos años. 

04.
   De ahí que no debamos confundir piedad con compasión. La compasión, como bien señaló Nietzsche, es esa repugnante acción popular que, de cara a la galería, señala la bondad de su emisor y se diluye en una máscara aceitosa de aplausos tras la galería. La compasión rebaja al enfermo al convertirlo en objeto de una mirada concreta, parcial. En oposición, por supuesto, está la piedad, que es abrasiva y entraña un encuentro en el dolor que no admite exhibiciones ni especulaciones. Para saber hasta qué punto la piedad es abrasiva y desesperada y nos acerca en su dimensión concreta al dolor del Otro, les remito, por ejemplo, a estos planos que no se alejan tanto de Hertzfeldt como parecería.

Piedad

Piedad

Piedad

Piedad

    Y si ustedes no quieren aceptar mi escritura cristiana, quédense al menos con lo radicalmente material del cierre de la crucifixión que rodó Pasolini: es imposible hablar de compasión en estos cuatro planos. Es necesario, por el contrario, hablar de piedad.

    Y no hay otra cosa en el cine de Hertzfeldt.

05.
    La fragilidad del cuerpo de Bill -dos líneas, un círculo, un sombrero esbozado- es la fragilidad del cuerpo que cede ante la presencia de la angustia. Eso es algo que, hasta donde yo conozco, nunca se había planteado en el cine con semejante brutalidad. Bill es la quiebra anónima de todos los sujetos del primer mundo: su enfermedad no tiene nombre, su trabajo no tiene nombre, su curación no tiene nombre. Bill, en el fondo, no es. O mejor dicho, lo único que Bill es, al igual que nosotros, es el propio tiempo que se le escapa.







Y entonces, como por arte de magia, Hertzfeldt congela el plano y lo mantiene, terrible y casi estático, varios segundos.


Y ahí está todo. La oscuridad. El silencio. El extraño gesto de incredulidad. Estamos condenados a vivir en un mundo en el que existe Cadena Dial y, sin embargo, hay un pánico y una oscuridad brutal más allá de sus márgenes. 

¿Cómo podemos pedir a un simple ser humano que soporte esto? 

¿Cómo podemos aprender a mirar otra vez no ya un plano, sino el rostro del Otro?

[Sigo pensando en escribir, tarde o temprano, mi libro sobre Dios y el cine. Y si lo hiciera, si realmente pudiera llegar ahí donde quiero llegar, no podría esquivar la presencia de Hertzfeldt como ese gran místico de la enfermedad de nuestro tiempo. Sigo pensando que ciertos textos, pese a todo, deben y pueden escribirse, incluso entre el ruido, o contra el ruido, o a propósito del ruido]

4 comentarios:

Isabel Robleda dijo...

Me encanta como escribes, en serio. Me apunto la película para verla. Un saludo.

Aaron Rodriguez dijo...

Muchísimas gracias, Isabel. La peli merece la pena muchísimo, es una auténtica delicia. Eso sí, te vapulea que es un gusto.
Un abrazo fuerte.

Laura M Solano dijo...

Quizá ningún texto de los que he leído últimamente esté tan dentro de la peli como el tuyo y la continúe como una prolongación más. Texto y peli (que me abofeteó cuando la vi, al igual que tu texto) devastadores y muy explicativos del mundo que vivimos, o intentamos vivir. Gracias Aaron.

Aaron Rodriguez dijo...

Laura, mil gracias :D
La verdad es que la peli se presta mucho a este tipo de exploraciones. De todos modos, nos queda mucho por pensar ahí dentro. Lo de Hertzfeldt es de otro planeta. Hace un par de días tuve la ocasión de ver la última y todavía estoy dándole vueltas. Mucha tela.