17.2.15

Análisis de la Declaración de Principios de Ciudadano Kane

    ¿Cómo se compone un plano?

    A veces, simplemente, basta con mirar.

Análisis

    Podría ser un tríptico laico. Tres secciones verticales (tres ventanas) seccionadas cada una en dos subsecciones horizontales. Sin embargo, el encuadre escapa de lo perfecto y la cámara está ligeramente escorada hacia la izquierda.

    En la tabla central del tríptico, dos secciones que son, a su vez, dos universos.

    En la parte inferior, un hombre fuma mirando hacia esa ciudad que intuimos en el contraplano y a la que, de alguna manera, sueña con conquistar.

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Jebediah  mira hacia el exterior presa del cansancio y el aburrimiento. Durante todo el día ha intentado lo imposible: congelar el tiempo, radiografíar el presente y ofrecer su interpretación y su pulso en una serie de páginas escritas. Este Jebediah coincide, además, con la cintura y los órganos genitales de Kane, órganos que, como ya sabemos, acabarán por destruir sus posibilidades políticas, su credibilidad, su universo entero. Y en la parte superior de la tabla central del tríptico...

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...tres elementos significantes. El rostro (que crea), el papel (en el que se escribe nada menos que una declaración de principios) y una luz que es, a la vez, la huella del nuevo mundo, pero también del genio y de la fuerza de su palabra. Luz que abrasa, y con la que el propio Kane, literalmente, se identifica.

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El Inquirer es la Palabra de Kane, y como tal, en él se encarna su deseo: ser amado. Se escribe de tantas maneras en la película que resulta imposible no darse cuenta. Kane quiere ser la Palabra/Fuego que, a base de manifestarse, coseche el amor de todos los que le rodean. Fracasa, por supuesto, cuando encarna ese amor concreto en un individuo (su mujer, su hijo, su amante) y el Otro, a la contra, no funciona como un espejo de su propio amor.

Pero Kane, en este tríptico inicial todavía cree que puede ser amado. Ahora bien, merece la pena observar detenidamente esa sección del tríptico inicial en el contraplano para ver lo que realmente esconde.

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El espacio en el que Kane escribe es una ventana (cerrada) que se proyecta a una ciudad. Pero también es, al mismo tiempo, un espejo.

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La llama/Palabra de Kane está literalmente atrapada en ese espacio en el que se juntan el rostro y su reflejo. Podríamos decir que la Declaración de Principios es, como se muestra en el plano, una trampa narcisista. Pero también podríamos decir que una Declaración de Principios es otra manera de intentar decir Yo soy

De ahí que cuando Kane quiera firmar eso que se promete a sí mismo -esa Verdad que jura defender, y por la cual será amado por todos los que le rodean-, su rostro, literalmente, desaparezca.

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El borrado del rostro de Kane es, sin duda, uno de los momentos más portentosos y sinceros de toda la carrera del director. Allí donde nos prometemos amor eterno bajo la excusa de un texto (o de unos principios) destruye, con toda precisión, lo que nos hace humanos. Levinas decía que el limite de la propia libertad no era la libertad del Otro: era su rostro. Ahora bien, ¿qué promete Kane? Nada menos que la Verdad.

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 ¿Y cómo puede prometer La Verdad un hombre que no tiene rostro? ¿Un hombre que no es, ya que no ha firmado todavía su Declaración, esto es, no ha inscrito su ser en el lenguaje? Jebediah y el Sr. Bernstein tienen rostro, y además, marcan con su luz una presencia que divide el encuadre con una portentosa diagonal descendente. Kane, el hombre/sombra que quiere ser Palabra/luz está, literalmente, en el filo mismo del abismo. Y cuando cambie la composición de plano...

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...Kane quedará todavía más abandonado a sí mismo, gélido, convertido en ese gigante con pies de barro que el leve contrapicado está sugiriendo. De hecho, si analizamos únicamente la mitad superior del encuadre...

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...todo lo que queda es esa cabeza seccionada, nostálgica, una cabeza/sombra remarcada por las dos diagonales del techo que la sitúan casi flotando en el espacio. La firma, por lo tanto...

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...es en primer lugar una firma fáustica. Una firma en la que sus manos, extrañamente iluminadas (¿de dónde viene esa luz que protege a Jebediah y a Bernstein, pero que niega al rostro de Kane cualquier esperanza? ¿es la luz que desvela la aperturidad del ser?) prometen esa Verdad. O mejor dicho, se-prometen-a-sí esa Verdad. Kane, en tanto se escribe, es.

Y sólo cuando Jebediah haga su petición...

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...volverá Kane a tener un rostro...

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Pero fíjense la manera terrible en la que Jebediah mira el contrato demoníaco recién firmado.

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¿Le repugna? ¿Le fascina? Sin duda, le atrae lo suficiente como para desearlo y para saber lo que el espectador, a su vez, ya sabe: que Kane se ha jugado el rostro y el alma en ese pedazo de papel. Y que, llegado a ese punto de vacío total en el que uno se ha atrevido a prometerse la más férrea y dolorosa de las verdades (la que pone en juego el amor, la que sustenta el amor que recibimos de los demás), sólo podemos hacer una cosa.

Imprimir, compartir, lanzar a los demás...

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 aquello que hemos arrancado de nuestro espejo...

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...y en lo que está en juego nuestra Verdad y nuestra Identidad.

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De lo contrario, ¿para qué escribir nada?

De lo contrario, ¿cómo es posible ser?

2 comentarios:

Matias Riv dijo...

Excelente análisis,nos muestra como cada escena y su respectivo enunciado y mensaje concuerda a la perfección con el mensaje del film completo. Excelente blog.

Alejo Pérez Parra dijo...

Gracias!!! algo intuía en esta escena, pero explicado así, mucho mejor