3.9.12

Nouvelle Horror Vague o el cine extremo francés: Una introducción



    De los distintos descubrimientos que he realizado este verano, uno de los más exquisitos ha sido esa perversa y brillante colección de cintas que comenzaron a realizarse hace ya algunos años en el país vecino, en ese lapso comprendido entre el Trouble every day de Claire Denis hasta el L´apollonide de Bonello. Como en todas las escuelas, hay leyendas negras, clasificaciones, fanáticos, detractores, y por supuesto, críticos. Durante las próximas semanas me gustaría dedicarme casi en exclusiva a este tema por varias cuestiones: en primer lugar, porque siempre he sido amigo de alimentar las obsesiones. En segundo lugar, porque el estreno de L´apollonide en (dos) salas de España ha sido un milagro total que sólo está a la altura de los arrestos casi suicidas de Intermedio. En tercer lugar, porque hacía tiempo que no me topaba con algo tan fascinante sobre lo que me apeteciera a sentarme a pensar largo y tendido. Así que...

0. Todos tenemos frames que nos cambian la manera de mirar el mundo para siempre. Aquí está uno de los mios:



1. Terminologías, límites, frontiere(s)

    Para hablar de la Nouvelle Horror Vague (también New French Extremity, o Cine extremo francés) podemos trabajar desde dos corrientes. La primera y más concreta, un conjunto de cintas más o menos cercanas al Slasher tradicional que arrancan con Alta tensión y que desembocan, por el momento, en American Translation o en Livid. La segunda, más general y la que yo utilizaré para las siguientes entradas, engloba toda una serie de películas francesas que, durante la última década, se han planteado los límites de lo decible en el plano, las consecuencias éticas, políticas, y estéticas de la representación de la violencia, la manera en la que -por decirlo de un plumazo- Europa ha encarado la pérdida de lo sagrado mediante un exceso de lo visual y del ansia de ver. Así, por ejemplo, Irreversible, Demonlover, Tiresia o L´apollonide no son, de ninguna manera, cintas de terror convencional. Y sin embargo, en las cuatro se une el ansia de decir con el dolor y el asco que seduce la mirada, el poder de la verdad en el frame frente al rechazo de una posición espectatorial que puede (quiere, desea) verlo todo a toda costa. Aunque tenga que pagar un precio subjetivo que, en ocasiones, les acompañará toda la vida.

(Para los que piensen que estoy exagerando, ¿cuántos de ustedes han atravesado un túnel peatonal sin pensar automáticamente en Irreversible y, consecuentemente, sin acelerar el paso? Créanme: eso es algo que Noé ha metido en su cabeza para siempre)

    En realidad, aunque algunos de los habituales de mi línea teórica piensen que estoy acometiendo un territorio nuevo, me permito aclarar que simplemente estoy actualizando las herramientas de análisis que ya perfilé en mi análisis del cine del Holocausto. En el centro de la Nouvelle Horror Vague, lo que hay es también la lucha por la representación - por otro lado, y esto es algo que desarrollaré en otro lugar, la obra de algunos autores como Xavier Gens parecen un cita gore a pie de página sobre el concepto mismo de Auschwitz...

2. De algo ya dicho...

    La Nouvelle Horror Vague emerge como una heredera desquiciada del concepto de autor moderno. Desquiciada en tanto -Noé o el propio Gens son grandes ejemplos- la imagen quiere decir de un yo, y quiere decir de un nosotros político, basándose además en estilemas propios y reconocibles. El uso del plano secuencia en Irreversible es como una parodia desquiciada de Angelopoulos. La pequeña comunidad francesa de Frontiere(s) es una vuelta de tuerca intolerable sobre Chabrol. Los nuevos francotiradores franceses son desquiciadamente postmodernos -citan a Tobe Hooper, a Foucault, a los Moody Blues o a Guy Debord sin que les tiemble el pulso-, pero no han olvidado su herencia.

    Por otro lado, el acceso a sus obras es siempre un acceso arcano, prohibido, íntimo. No debemos olvidar que la gran revolución del cine de terror en la primera década de nuestro siglo llegó de manos de una cinta japonesa que no conocía ni Dios y que se distribuyó de aquella manera, generalmente acompañada de la frase: "He visto una puta película que me ha puesto los pelos de punta". Algo similar ocurre con el Cine Extremo Francés. Sus cintas pasan de mano en mano, se filtran por festivales, estallan como un viral entre dos sectores tan opuestos como los amantes del gore y los miembros de la Nueva Cinefilia. El milagro de Martyrs sólo se puede explicar como un efecto boca-oreja que está inserto en la propia dinámica de la cinta. Cualquiera que la haya visto, sabe que su visionado impone la necesidad de hablar. Uno no puede verla y, simplemente, pasear silbando por sus márgenes para dedicarse a otra cosa. Tiene que buscarse un cómplice, un amigo, un foro en internet, algo, tiene que exigir una respuesta, gritarle a alguien, sacudir al primero que se le pase y preguntarle: ¿Qué demonios me ha metido en la cabeza esa película? Y lo mismo podría decirse de Enter the void, una sacudida mental que agota todas las herramientas de análisis fílmico concebidas hasta la fecha.

3. ...a la necesidad de decir algo

    De ahí que mi punto de partida sea el siguiente: quiero decir, porque tengo un decir que me duele sobre estas cintas. No se trata de levantar una interpretación, sino de proponer una hoja de ruta tan confusa y terrorífica como esos mapas del Silent Hill que ser van descubriendo poco a poco. Me gustaría que cada post fuera una habitación tras la que se encontrara una película y una idea. Porque el problema es que para llegar al corazón de Martyrs o de Sobre la guerra se necesita un libro, una vida, una vivencia que pueda mirar al texto cara a cara. Y créanme, sé de lo que hablo porque he dedicado casi nueve años a estudiar compulsivamente Irreversible, escena por escena, plano por plano, y todavía hay miles de cosas que se me escapan entre los dedos.

    Dicho con otras palabras: la Nouvelle Horror Vague valoriza la imagen por la vía de lo extremo, del horror. Es Bataille en un mal viaje de LSD vomitando las palomitas en mal estado que le vendieron en el Kinépolis. ¿Cómo no se merece un tiempo, un espacio en este blog?

7 comentarios:

Roberto Amaba dijo...

Hola, qué tal,

Creo que salvo alguna cosa suelta, entre las que está la que citas de Bonello, he visto todo el nuevo cine de terror francés y no he encontrado ni una sola de la que se pueda decir que es una gran película. Alguna disfrutable, la mayoría intrascendente y unas cuantas directamente cargantes y pomposas. Y en el camino de estas últimas se advierte una confusión ideológica alarmante en según qué directores.

Digo confusión y con ello les libero de algo de culpa porque la confusión puede implicar incapacidad o inmadurez. Pero también se podría ir a los extremos entre los que se mueven y que sí conllevan conocimiento y por lo tanto responsabilidad: la simplificación y la manipulación. Es el caso de la última peli (debe ser producción canadiense) de Laugier, que resulta patética en su "planteamiento" moral y cinematográfico.

Un saludo.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Mr. Amaba, qué bueno siempre tenerle por estos lares. Sobre la última de Laugier, la tengo en la recámara pero no la he visto todavía. "Saint Ange" me pareció un poco mierder, pero "Martyrs" me parece, directamente, una obra maestra. Me interesa más lo que propones de la confusión ideológica, imagino que lo dirás por Xavier Gens, que tiene sus altos y sus bajos. A Noé le defenderé -estética e ideológicamente- a capa y espada.
De todos modos, la etiqueta "cine extremo francés" incorpora -o creo que incorpora, ya sabes que estas clasificaciones son de coña- también a gente no relacionada con el terror, como el propio Bonello, algo de Carax, algo de Dumont... no sé, es un poco cajón de sastre. Pero me interesa en lo que creo que al final es una búsqueda común, o al menos, un intento de revitalizar algo por el camino de la brutalidad...

Roberto Amaba dijo...

Sí, hay que separar dentro de lo "extremo". Me refería solo al "nuevo terror", Aja, Gens, Laugier, Bustillo, Moreau... Vamos que puestos a hacer terror con aires arty prefiero Trouble every day que cualquiera de estos piezas.

El problema de algunos es que piensan que no vale con hacer una peli de terror popular, que tienen que meter sus cositas para hacerse respetar y tal y o no saben o no les sale.

He pensado más de una vez que no se dan cuenta que los mecanismos convencionales del terror incorporan ideas que no hace falta volverlas a explicar, y menos poniéndose serios o trascendentes. La mayoría me parecen redundantes y terminan por joderme lo que debería ser un gran entretenimiento. Duele más porque en ocasiones ese entretenimiento está ahí y lo sabotean ellos mismos.

No sé, todos estos deberían aprender cosas básicas de Wan o de West, o ver Cabin on the woods, Hostel 2... que no pasa nada por ser menos serio y mucho más irónico.

Pero hoyga que es un tema fantástico este. Me encanta, se pueden soltar hostiejas a mano abierta y quedarse uno tranquilísimo.

Un abrazo.

Lluís Bosch dijo...

No tenía ninguna referencia de L'Apollonide, que está hora en un cine de Barcelona pero me había resultado imposible leer algo. De modo que, después de leerte, tengo alguna pista. Sobre Martyr y Irreversible no he llegado a una conclusión, porqué aparte de ver su valor como cine provocador (objetivo que me parece perfecto) y en cierto modo renovador no se si intentan decir algo más que sea nuevo -sin entrar en cuestiones técnicas de planificación, claro.

Aarón Rodríguez Serrano dijo...

Roberto, no te hacía yo tan adicto a estas perversiones del terror, pero me congratula ver que tenemos otra parafilia más -y van...- en común. No sé si son muy serios o si realmente quieren decir algo. "Frontiere(s)", por ejemplo, creo que dice cosas, y además, importantes. Luego hay otros discursos -el feminazismo de salón que pasea Ajá en "Alta tensión", por ejemplo- que se desinflan como un globo o que directamente, son directamente de coña.
Sobre si el terror es un entretenimiento, fíjate que yo para eso soy muy de Robin Wood y de su etapa post-salida del armario cuando se pone a analizar todo en términos de plusvalía y de represión y a hacer una especie de deconstrucción/construcción del horror en términos seriotes. En primer lugar, vaya por delante, el cine de terror me divierte de cojones y me trago las cosas más infectas que te puedas imaginar -hablando de perversiones, no sé si conoces la Vomit Gore Trilogy, es mi último descubrimiento, a ver si escribo algo sobre ella en el futuro-, pero sobre todo me parece que el terror siempre dice cosas interesantes sobre la sociedad que la genera. Más que otros géneros como la comedia romántica o, ya puestos, el western. Por cierto, Cabin in the woods me pareció absolutamente soberbia, estoy deseando que la estrenen "oficialmente" para volver a verla en pantalla grande.

Lluís, ante todo, mil gracias por irme dejando comentarios, macho, que soy un perrete y se me olvida contestar casi siempre -otras veces, la verdad, llevas razón y no tengo nada que añadir. Si puedes ver "L´apollonide", te la recomiendo encarecidísimamente, es una gozada, una de las grandes del 2012. Ni se te ocurra dejarla pasar. Y sobre el tándem "Irreversible/Martyrs", ufff... es que a mi me ganan las dos por la mano :D

Roberto A. O. dijo...

Ñam, ñam...ya estás tardando. Y no le haga mucho caso al Sr. Amaba, que ya está mayor para estas cosas, jejeje.

saludos

Roberto Amaba dijo...

La opinión de este de aquí arriba no cuenta. No puede hacerlo desde que defendió el caballo de Espilber.

No conozco esa trilogía no, ya tengo menú para el fin de semana.

Y con Frontiers lo siento pero soy muy crítico. Cada vez soy más intransigente con los directores que son incapaces de escribir personajes principales que no parezcan o sean deleznables o retrasados. Y no me refiero al nazi, que era el único que molaba. Le pasa lo mismo en The Divide, con esa demencia mal descrita y dosificada y con personajes a cada cual más retarded e incoherente.

Un saludo.