
La vida es un milagro
La vida es un milagro (2004) - Kusturica, Emir
Este debe ser ya el tercer o cuarto artículo que publico en internet, en distintos lugares, sobre la última película de Kusturica. "Eso ya es vicio", me comentaréis algunos. Bueno, lo es. Pero lo cierto es que, cuando he vagado de redacción en redacción buscando un sitio en el que publicar alguna crítica, siempre que me preguntan: "¿Sobre que película reciente te gustaría escribir?", casi al punto se me escapa una sonrisa y afirmo: "La vida es un milagro".
Por muchos motivos. El más importante es que, bajo mi modesta opinión, "La vida es un milagro" es probablemente la mejor cinta del año pasado. Repasando mis apuntes, no soy capaz de recordar ninguna mejor. Ni siquiera el "2046" de Won Kar Wei me parece un producto tan obligatorio como este que nos ocupa hoy.
Con "La vida es un milagro" me atreví a hacer un experimento digno del mejor antropólogo inocente. Acompañé al cine a diversas personas de diversos niveles sociales y culturales para ver cómo reaccionaban frente a la película (lo que explica, ya de paso, el pastón en entradas que habrá volado de mi bolsillo al de los dueños del Renoir). Y, de manera absolutamente sorprendente, todavía no he recibido ni una sola crítica negativa. Absolutamente nadie se ha quejado de la duración de la cinta (¡más de dos horas, blasfemia, blasfemia!), ni de la falta de opinión política (¿quiénes son los buenos, quiénes los malos?), ni tampoco del remix de clichés romanticones que invaden la cinta (que los hay, como por ejemplo, los dos amantes rodando por el campo).
Y eso que analizar la primera secuencia ya es atreverse a dar un salto mortal en el vacío: un pastor bosnio, con un ataúd en la espalda, grita desesperado porque su burra Melissa parece estar deprimida. Toma ya. (Por cierto, amigos, hay que ser muy friki para saberse el nombre de la burra de la última película de Kusturica, lo reconozco). Acto seguido, música étnica de los balcanes a todo trapo. Este es el momento clave en el que la gran mayoría de mis acompañantes se han girado y me han dicho: "Aarón, querido, ¿qué demonios me has traido a ver?". Sin embargo, quince minutos después, ya no hay vuelta atrás. Quince minutos después el espectador ya está clavado en la butaca, con una sonrisa inocente, despreocupada, a veces hasta cruel. El universo de "La vida es un milagro" es un acantilado implacable lleno de bustos de Tito usados como ceniceros, canciones desesperadas, mujeres hermosas, vajillas rotas, cantantes de ópera...
Una de las grandes críticas que ha recibido "La vida es un milagro" en los medios ha sido que "Kusturica se ha encasillado". Ahora que estamos en confianza, aprovecho para mandarles a la mierda. Decir que "La vida es un milagro" es más de lo mismo en la filmografía de Kusturica es como decir que "Las meninas" es más de lo mismo en la sala de Velázquez. Y no creo que mi metáfora esté demasiado desencaminada. Te puede gustar (o no) el cine, puedes saber (o no) de sus entresijos formales o artísticos. Puedes incluso entrar en la sala de proyección aterrado frente a la posibilidad de ver esa cosa llamada "cine bosnio" (que asusta, no lo niego), o saberte el nombre de la burra que se va a deprimir en la primera escena. La película sigue funcionando exáctamente igual, seas un entendido, un amateur o (como es mi caso) un friki. Y resiste perfectamente uno, dos, tres visionados. Porque, ante todo "La vida es un milagro" (y aquí está la clave) es un cuento para niños grandes que ya no creen en cuentos. Es intelectual para los intelectuales, romántica para los enamorados, divertida para los que quieren evadirse, trágica para los que buscan la catársis europea. Lo tiene absolutamente todo. Por tener, tiene hasta números musicales, partidos de fútbol, escenas de guera... ¡maldita sea! ¡Esta película lo tiene todo, lo es todo, es la vida misma!
Y sobre todo, esta película tiene la cualidad más hermosa del mundo. La de que creamos, por una vez, que el título no nos miente.

