
Cinema Paradiso... el cine mismo
Agradecimiento personal a los "comentaristas"
Queridos amigos:
Durante los últimos días, gente de toda procedencia, tipo y opinión se ha acercado de una manera u otra al blog para dejarme unas palabras, para opinar sobre mis escritos, para animarme. Gente anónima que, en principio, no debería compartir lo que no es sino una particularísima visión del cine. "El séptimo sello" comenzó hace ya casi un año con la voluntad de crear un espacio cinematográfico para desmontar/montar mis mitos fílmicos y para acercarme, siempre con cuidado y pasión, a todas esas proyecciones que (¿para qué vamos a engañarnos?) me han salvado la vida.
Jose Luis Garci (del que ya hemos hablado en este espacio, para bien y para mal) dice una cosa maravillosa en la versión de "Volver a empezar" que comercializó cierto periódico hace ya algunos meses. Dice que "De pronto te topas con algunas películas que, simplemente, te animan a seguir vivo, te empujan". Y creo que ahí está la clave de la cinefilia, si me permitís usar la palabra. El cine, como toda la cultura en general, no tiene ningún valor en sí mismo, más allá del dinero que se desborda en las taquillas de las multisalas y las subvenciones que se cuelan en según qué despachos. Sin embargo, el cine tiene el valor directo y salvaje de empujarte hacia adelante, de no darte un respiro, de obligarte a vivir. Es algo meramente existencialista, porque también justifica la existencia a costa del vacío, a costa de saber que aquello que se proyecta sobre el lienzo en blanco no es más que un momento dado de cierto creador. Recuerdo una proyección de "El tiempo de los gitanos" (de Emir Kusturica, autor absolutamente recomendable y del que quizá hablemos otro día) en la que al terminar, la gente misma guardaba un silencio y se sonreía sin apenas conocerse, como si todos hubiéramos compartido aquel extraño shock que supone enfrentarse desnudo, en la oscuridad de la sala, a una vida distinta, a un mundo distinto.
Creo fervientemente que la gente que se ha acercado a este humilde blog para dejarme sus comentarios conoce también esa sensación, sabe que es la más hermosa de las psicopatologías que nos ha regalado la posmodernidad y no la esconde. Nosotros, los cinéfilos, somos también los freaks de Tod Browning, somos Rick Blaine perdido en Casablanca y somos el caballero que juega contra la muerte al ajedrez. No por ello mejores, ni peores, ni tampoco distintos. Pensémos un momento: Mucha gente nos acusa de estar locos por creer en las películas, nos acusa de locos porque vivimos en esos pequeños espacios que se proyectan. Yo creo que no. Yo creo que el loco de verdad es el tipo que se lee el "Expansión" o el "Cinco días" camino al trabajo pensando en qué va a invertir su dinero. Yo creo que el loco es el tipo que se toma en serio a los políticos cuando salen en la tele y sin embargo dice que "todas las películas de Woody Allen son iguales porque hablan de judíos, sexo y psicoanálisis". A la mierda.
Y por otra parte, si ser cinéfilo es una locura, es, sin duda alguna, una de las locuras más hermosas del mundo.
Vosotros, queridos amigos anónimos que me habéis dejado unas palabras en este espacio virtual tan alejado y a la vez tan cercano a mi pequeña sala de proyección de barrio, me habéis ayudado a sentirme un poco menos solitario en esta locura tan cinematográfica, y también me apoyáis definitivamente para que siga creando nuevas críticas/análisis/lo_que_demonios_sea_esto. Es más: Espero seguir escuchando vuestra voz, espero que me recomendéis más títulos a analizar (=más títulos sobre los que debatir), espero que me llevéis la contraria cuando me equivoque de medio a medio y que, después de todo, este humilde blog siga cobrando vida.
Gracias de todo corazón:
Aarón Rodríguez Serrano



